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El llamativo festejo del pueblo japonés en las calles de Tokio

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La gente salió a las calles a celebrar el triunfo sobre Alemania y se vió una llamativa costumbre en los mismos.

La Selección de Japón dió vuelta el partido y venció por 2-1 a Alemania en la apertura del Grupo E lo que generó una ola de festejos en las calles de la capital nipona de Tokio donde se vió a la gente respetar las disposiciones de los semáforos para invadir las calles.

Si algo se dice de la sociedad asiática es de sus «muestras de respeto» y, en la noche del miércoles nipón, se vieron estas en los festejos que se dieron en las calles de Japón tras la victoria de su selección sobre Alemania en el Mundial de Qatar.

Un video de las calles de Tokio muestra como hay cientos de civiles a punto de celebrar en las principales avenidas pero se observa como los hinchas esperan a que el semáforo se ponga en verde dándole paso a los peatones para poder ingresar a las calles.

Ni bien el semáforo vuelve al color rojo que prohíbe el paso al peatón, los nipones vuelven a la vereda a la espera de, nuevamente, la aparición de la luz verde.

La Selección de Japón venció 2-1 a Alemania en el inicio de la actividad del Grupo E, en una remontada histórica para los nipones que vencieron a un campeón del Mundo por primera vez en su historia mundialista.

Además, es la primera vez que Japón le gana a Alemania en Mundial -Primer cruce en esta competición-, que a Alemania le dan vuelta un resultado un equipo no europeo en Copa del Mundo y la primera ocasión en que Japón da vuelta un resultado en una Copa del Mundo.


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La camiseta más grande de la Selección es de la “República de Yrigoyen”

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La confección fue obra de un emprendimiento familiar textil que viene llevando adelante iniciativas de este tipo desde 2014.

“La primera que hice fue una locura mía que se me ocurrió con la familia”. Así cuenta José Castillo, del municipio de Hipólito Yrigoyen, en el departamento Orán, sobre la idea que en 2014 lo llevó a hacer la camiseta argentina más grande del mundo que fue presentada en un acto de la ciudad que se hizo el 29 de junio, mientras se desarrollaba aquel Mundial.Esa camiseta de seis metros de largo por cinco de ancho, “a manga abierta”, fue la primera.

“’Algún día voy a hacer una más grande’, dije después”, recordó Castillo.Pero en 2018 no fue posible. Este año, después de cuatro días de “intenso trabajo”, Castillo y su esposa, Silvia Méndez, junto a sus hijos, lograron terminar la camiseta más grande de la Selección, de 15 metros de largo, 15 de ancho de manga a manga, y con un peso de casi 45 kilogramos.

El sábado, cerca de las 18.30, con el himno nacional de fondo y con una temperatura que no bajó de los 38 grados, izaron la camiseta en el mástil de la Plaza Independencia, la principal de Hipólito Yrigoyen, ubicado a 260 kilómetros de la capital salteña. “Ni el partido pudimos ver. Solamente logramos fijarnos en los goles”, dijo Castillo al contar a Salta/12 sobre las jornadas de trabajo intenso que en algún momento Silvia pensó en abandonar porque “se enredaba con los recortes y con toda la tela”.

Los 150 mil pesos que costaron los siete rollos de tela para hacer la camiseta salieron de la venta de un auto. A diferencia de la confección de la primera camiseta, que tuvo métodos más artesanales, en esta segunda vuelta contaron con una impresora tipo plotter para trabajar en las letras, el número, y las ilustraciones.

Del lado izquierdo aparece la marca de la empresa familiar: “Silvia Confecciones”. En el derecho, al escudo de la AFA y las dos estrellas que representan los mundiales ganados, el de 1978 y el de 1986. “Ya tengo la idea de la tercera”, dijo José con un halo de esperanza.

Silvia y José

“Silvia Confecciones” es un taller textil que hace unos 20 años se instaló en Yrigoyen. Silvia llegó primero desde Buenos Aires, en donde ya vivían con José y sus hijos. Ella jujeña y él salteño, se conocieron cerca de los 20 años en aquella provincia donde siendo jóvenes, se fueron en pos de buscar un mejor futuro.Hoy ambos tienen 56 años.

“Nos conocimos en el hotel donde nos alojábamos. Ella trabajaba en una fábrica textil, y yo era decorador de interiores”, contó José. Se juntaron y tuvieron sus hijos. Pero el ritmo de trabajo y de la ciudad generaba que los “chicos estuvieran encerrados”. “Y yo soy más bien libre”, dijo José al relatar que ante ese panorama decidió que se volverían a Salta. Silvia lo hizo primero con unas máquinas textiles que había comprado para trabajar desde el domicilio para la misma empresa. Él fue y vino. por su trabajo, hasta que se radicó definitivamente con su familia en Yrigoyen. Antes hizo «un curso de serigrafía”, con el proyecto textil en mente.

Ambos comenzaron a trabajar en el emprendimiento y lo primero fue ofrecer la indumentaria para las promociones de egresados del secundario. Luego fueron los uniformes. Sus hijos crecieron y una de ellas es diseñadora gráfica. Ella es quien vuelca sus diseños en las prendas que confecciona su mamá.

“Yo corto la tela y ella cose”, contó José al comentar sobre la división del trabajo entre Silvia y él. Con el tiempo lograron adquirir la plotter, que le permite imprimir directamente con una plancha. Así se realizaron las impresiones en la última gran camiseta. En la anterior, contó, “tuvimos que hacerlo con un pincel”.

Cuando Argentina salió subcampeón en 2014, y con la primera camiseta confeccionada, José se fue con dos de sus hijos a los festejos en Buenos Aires. Aquel viaje fue una suerte de trueque de publicidad con su camiseta con una empresa dedicada a los tours de compras entre Buenos Aires y la frontera de Argentina. Así llegaron. Y así festejaron en la gran ciudad.

“Desde ese año decimos que somos de la República de Yrigoyen. Así nos quedó desde 2014, cuando hicimos la primera camiseta”. Siempre, mencionó, todo fue posible por el apoyo de Silvia, quien es la que “maneja el taller”. José destacó que ella lo sigue en sus ideas pese a que la primera vez que le mencionó de hacer la camiseta más grande le dijo “vos siempre con alguna locura”.

Mientras, las ideas son de familia: vecinos de la ciudad oranense contaron que no solo José, sino también sus hermanas, suelen colaborar con la comunidad para distintos eventos de manera solidaria. “Es una familia muy querida”, dijeron a Salta/12. 


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