La crisis del despilfarro: Grasso declara la emergencia pero se endeuda para la fiesta de cumpleaños

Mientras el intendente Pablo Grasso proclama austeridad y emergencia económica en Río Gallegos, el municipio contrata espectáculos y compromete pagos hasta 2026. El contraste entre el discurso y la gestión reaviva el debate sobre las prioridades del gobierno local.

Provinciales10 de noviembre de 2025Patagonia NexoPatagonia Nexo
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En una jugada que genera indignación entre vecinos y sectores opositores, el intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, declaró la emergencia económica y financiera municipal alegando falta de recursos y la necesidad de “ordenar las cuentas públicas”. Sin embargo, a pocos días de ese anuncio, su administración decidió endeudarse para costear los festejos del aniversario de la ciudad, en una decisión que expone fuertes contradicciones dentro de su discurso de austeridad.

Según confirmó el jefe de Gabinete, Diego Robles, el municipio acordó con proveedores un esquema de pago en cuotas para cubrir los elevados costos del evento —que incluyeron escenario, sonido, pantallas y cachets artísticos— comprometiendo recursos públicos hasta 2026. En otras palabras, el mismo gobierno que declara no tener fondos suficientes para afrontar gastos básicos, toma deuda para financiar una fiesta.

El episodio se suma a una serie de cuestionamientos recientes sobre el manejo económico de la intendencia. Apenas días atrás, trascendieron viáticos por más de nueve millones de pesos utilizados por Grasso en un viaje a Córdoba, sumados a otras erogaciones vinculadas a eventos y traslados oficiales.

Mientras tanto, los vecinos de Río Gallegos enfrentan problemas persistentes: calles deterioradas, servicios públicos con fallas, falta de obras de infraestructura y una economía local cada vez más golpeada por la inflación y la caída del consumo. En ese contexto, la decisión de priorizar el gasto en festivales, viajes y espectáculos en lugar de en servicios esenciales genera malestar y desconfianza.

La contradicción entre la declaración de emergencia económica —que debería implicar recortes, control del gasto y transparencia— y el endeudamiento para eventos de carácter político o simbólico, refleja lo que muchos definen como un modelo de gestión más cercano al marketing que a la administración eficiente de los recursos públicos.

Así, la “crisis del despilfarro” de la gestión Grasso vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta que los vecinos repiten en las calles y redes sociales: ¿de qué sirve declarar la emergencia si el ajuste nunca alcanza a los gastos del poder?

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