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Organizaciones sociales anuncian cortes para este viernes y el Gobierno ya amenaza con reprimir

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Una veintena de organizaciones sociales que despliegan una amplia red de comedores comunitarios en todas las provincias iniciará mañana un plan de lucha que incluirá protestas en más de 500 puntos de todo el país. Ante este anuncio, la respuesta del Gobierno de Javier Milei fue que reprimirá cualquier corte de calle.

El lanzamiento de los reclamos tuvo lugar este mediodía frente al Obelisco durante una conferencia en la que se denunció que el Ministerio de Capital Humano a cargo de Sandra Pettovello “agotó todas las instancias posibles de diálogo” para revertir la entrega de alimentos a los comedores que funcionan en los barrios más postergados.

“Somos 140 mil trabajadoras socio-comunitarias que todos los días y sin un salario cocinamos en 44 mil comedores populares a los que van más de 10 millones de personas” de bajos recursos, fue la presentación que hicieron ante la prensa.

Ante “la falta de respuestas del ministerio inhumano, decidimos dar batalla porque el hambre no espera”, enfatizaron y anunciaron para mañana viernes “500 puntos” en reclamo de ayuda social.

Las acciones tendrán lugar “a los largo de todo el país, en rutas, accesos y avenidas más importantes de las ciudades”, indicaron.

La amenaza del Gobierno: «Si cortan la calle, la Policía va a actuar»

La respuesta del Gobierno frente a este anuncio fue una advertencia de represión. En su clásica conferencia, el vocero Manuel Adorni fue irónico y enfático en la amenaza: «Ante la manifestación de mañana de organizaciones piqueteras a Plaza de Mayo, queríamos recordarles algunos consejos: si cortan la calle, la Policía va a actuar; si cometen ilegalidades, la Policía va a actuar; quienes marchan perderán, el plan, y quienes traigan niños, serán reportados al Ministerio de Capital Humano», dijo.

Los y las representantes de los comedores y merenderos a cargo de organizaciones sociales y políticas dieron una larga lista de razones por las cuales iniciarán el plan de lucha, que se extenderá hasta que el Gobierno de Milei “comprenda la gravedad de la situación de emergencia alimentaria en que vivimos”.

“No les molesta la intermediación, les molesta la organización popular y el de la clase obrera. Les molesta la justicia social”, dice el documento consensuado y leído frente al Obelisco.

El texto critica que la administración de La Libertad Avanza y de Juntos por el Cambio “favorecen a los grandes grupos empresariales que son los ganadores de este modelo”, mientras que “no les tiembla el pulso para quitarles la comida del plato a millones de familias”.

“En esta coyuntura, el Gobierno decide eliminar la última barrera de contención que tienen las familias más empobrecidas, que es la asistencia alimentaria”, subrayaron.

Por eso, agregaron, “no vamos a tolerar la falta de respeto, el maltrato y la crueldad a la que este Gobierno, a través de su ministra Sandra Pettovelo, pretende someternos”, puntualizaron.

Denunciaron, además, que “no hemos recibido ni un kilo de alimentos desde que asumió este gobierno y vemos con impotencia, dolor y bronca las alacenas vacías que están dejando sin comer a la gente en todos los barrios populares del país.”

De las protestas de mañana participarán integrantes de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), la Unidad Piquetera (UP), el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), el Bloque Piquetero Nacional, Libres del Sur, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Frente Nacional Territorial (FeNat CTA-A) y la Organización Barrial Tupac Amaru, entre varias más.


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Israel, Irán y la dinámica de lo imprevisible

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Daniel Kersffeld

Por Daniel Kersffeld

Después del ataque terrorista de Hamas el pasado 7 de octubre y de la posterior ofensiva bélica en el territorio de Gaza, la actual confrontación entre Israel e Irán amenaza con convertirse en un hito decisivo en la historia de Medio Oriente, con preocupantes ramificaciones a nivel global.  

Aunque una gran parte de los países europeos y americanos respaldaron a Israel de la reciente agresión con drones y misiles por parte del régimen chiita, eso no oculta ni encubre el aislamiento cada vez mayor en el que se encuentra el gobierno de Benjamin Netanyahu.

Si para las naciones tradicionalmente aliadas, Estados Unidos y Reino Unido, la avanzada israelí en contra de la población palestina resultaba difícil de admitir, la reciente muerte de siete trabajadores humanitarios de la ONG World Central Kitchen por misiles israelíes se convirtió en un llamado de atención directo respecto a los límites que el gobierno de Netanyahu estaba cruzando en medio del fragor de la guerra.

En las actuales circunstancias, el firme respaldo a Israel se convierte en un factor decisivo para los intereses de las principales potencias occidentales.

Pero son cada vez más evidentes las críticas, tanto internas como externas, contra un gobierno que por medio de su accionar bélico demuestra más capacidad para regular los tiempos y administrar su permanencia en el poder que efectividad en el rescate de los más de cien secuestrados que todavía están en manos de Hamas.

En Estados Unidos, demócratas y republicanos lamentan que este conflicto se presente en medio de una campaña electoral extremadamente compleja y, sobre todo, impredecible. Ambos partidos han tratado de capitalizar la crisis en Medio Oriente con suerte dispar pero temiendo una escalada de consecuencias desconocidas.

Joe Biden ha debido hacer malabares, no siempre de manera exitosa, para sostener su postura en contra de Netanyahu y del sesgo adquirido por la ofensiva militar en Gaza. Con una campaña cuesta arriba, intenta hacer equilibrio tratando de no provocar el alejamiento de buena parte de su electorado judío y progresista que, si bien todavía se mantiene leal al Partido Demócrata, suele reaccionar vivamente cuando las críticas apuntan a la política defensiva encarada por Israel.

Por otra parte, y si bien en un principio se podrían señalar las afinidades y coincidencias ideológicas entre Netanyahu y Donald Trump, lo cierto es que su relación está construida en base a resquemores y a la desconfianza mutua. Para el candidato republicano, Netanyahu es un factor de perturbación en Medio Oriente, a quien seguramente preferiría fuera del gobierno si es que vuelve a asumir la primera magistratura en Estados Unidos en enero del 2025.

Más allá del impacto político que la crisis podría provocar en los Estados Unidos, tampoco parecería beneficiar a Rusia. Si desde Washington pudieron mantener una tibia satisfacción al notar los esfuerzos que Moscú deberá llevar adelante para pacificar su tradicional área de influencia, la acción en solitario de Teherán podría en cambio descolocar toda labor posterior para encausar el conflicto en carriles más previsibles.

Es cierto que el conflicto con Ucrania ha sido útil para que Rusia e Irán reforzaran una añeja alianza militar, pero la inevitable respuesta israelí podría desequilibrar a Siria, una de las principales bases despliegue del gobierno de Vladimir Putin en Oriente Medio.

Con todo, desde Occidente esperan no sin cierta expectativa la labor diplomática que pueda ser encarada desde Moscú, ya que Rusia es tal vez el único país con un nivel de influencia apreciable capaz de entablar un diálogo convincente con el régimen chiita pero también con la administración israelí, dadas la histórica relación establecida entre Putin y Netanyahu a partir de determinadas miradas y diagnósticos coincidentes en torno a la política internacional y a la geopolítica regional.

La otra nación sobre la que existe cierto optimismo por las negociaciones que pueda llevar adelante es China, cuyo gobierno mantiene una influencia importante sobre Irán, especialmente, desde que el año pasado favoreció el establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado persa y Arabia Saudita, los principales rivales en el espacio de religioso y político del islam.

En las últimas horas, varios gobiernos occidentales (incluso los de Estados Unidos y Reino Unido) se comunicaron con Beijing, aprovechando la dependencia del petróleo y el gas proveniente de Irán, y el hecho de que el régimen de los ayatolas ha devenido una pieza fundamental en la expansión económica y comercial de China hacia los mercados europeos.

Pese al aislamiento en que se encuentra y a las presiones de los gobiernos occidentales, Netanyahu todavía se mantiene en el poder gracias a su indudable capacidad para mantener unida a su coalición de gobierno.

Sostenido por 64 de los 120 escaños de la Knesset, el gobierno está construido a partir de una alianza centralizada en el Likud y que además incluye a partidos ultraortodoxos y las vertientes ultranacionalistas lideradas por el ministro de seguridad nacional Itamar Ben-Gvir y por el ministro de finanzas Bezalel Smotrich.

Lo fundamental hoy para Netanyahu es que la coalición se mantenga unida hasta que su mandato oficialmente concluya en 2026. Si la prioridad es la atención económica a los judíos ortodoxos, su principal base electoral, también es consciente de que cualquier concesión a los palestinos podría detonar el alejamiento de la extrema derecha y la pérdida de la mayoría parlamentaria que lo sustenta en el poder.

Más allá de la fortaleza exhibida hasta ahora, Netanyahu sabe que podría ser destituido sin elecciones, mediante un voto de censura en la Knesset. Pero para eso requeriría que al menos cinco legisladores dentro de su coalición votaran en su contra, y que junto al resto de los parlamentarios de la oposición se pusieran de acuerdo sobre un candidato para asumir el cargo de Primer Ministro.

Se trata de una eventualidad que, al menos hasta la actual crisis con Irán, era observada como una posibilidad remota en Israel. En todo caso, habrá que ver si el desencadenamiento de los hechos y la imprevisibilidad de un conflicto que mantiene en vilo a todo el mundo finalmente no acelera los tiempos en contra de la permanencia en el poder de Netanyahu.


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