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JAVIER PÁEZ RECUPERÓ RECUERDOS DE SU INFANCIA, EL DEPORTE Y LA MÚSICA EN RÍO TURBIO

Hay historias que permiten reconstruir una época desde la experiencia de quienes la vivieron. Los recuerdos de la infancia, los nombres de antiguos vecinos, los lugares de encuentro y las costumbres de otros años forman parte de una memoria colectiva que permanece en quienes crecieron en Río Turbio.
Con ese propósito, Javier Páez, vecino de la localidad, participó de una entrevista en Patagonia Nexo Streaming, donde compartió distintas vivencias de su recorrido personal y recordó cómo era la vida en la Cuenca Carbonífera durante su niñez y juventud.
A lo largo de la charla, aparecieron nombres, anécdotas y escenarios que marcaron a varias generaciones. Desde los primeros años en los monoblocks del barrio Don Bosco hasta las tardes en el gimnasio, los encuentros deportivos, las salidas con amigos y la música, Páez reconstruyó una parte de la historia cotidiana de Río Turbio.
Al comenzar la entrevista, expresó su satisfacción por participar de un espacio dedicado a recuperar las experiencias de los vecinos: “Es muy, muy lindo esto que hacés, de mostrar la gente de acá, de Turbio. Y que recuerda toda nuestra infancia, lo que era este pueblo antes”.
De los primeros años en el barrio Don Bosco al traslado a Esuco
La historia familiar de Javier Páez comenzó con sus padres, quienes llegaron a la Cuenca desde otras provincias. Su padre era oriundo de La Rioja y su madre había nacido en Santiago del Estero. Ambos se conocieron en Río Turbio, formaron su familia y tuvieron primero a su hermano Gustavo. Tres años después nació Javier.
Según recordó, durante sus primeros años vivieron en el sector de Wonce y, cuando tenía alrededor de cuatro o cinco años, ya estaban instalados en el barrio Don Bosco, conocido entonces como el barrio Los Monobloc.
Allí transcurrió buena parte de su infancia, en un entorno donde las familias compartían espacios, actividades y una relación cotidiana que iba más allá de la cercanía entre departamentos.
Páez recordó especialmente su vivienda en el Monoblock 3, departamento 7, y a los vecinos con quienes compartió juegos y años de crecimiento. Entre ellos mencionó a integrantes de la familia Sosa, Tati, Jorge, Víctor y Ale; Nicolás Vega, conocido como Master; Cachito Maldonado y su familia; además de José González, a quien recordó con afecto.
También nombró a los hermanos Luján, entre otros chicos del barrio con quienes compartía una edad similar.
“Muy linda infancia. Y gracias a Dios sigo manteniendo el contacto todos los días, pero siempre que nos vemos es como si nunca hubiéramos salido de allá”, contó al referirse a las amistades que conserva desde aquellos años.
Cuando tenía aproximadamente 12 años, su familia se trasladó al barrio Esuco, actualmente conocido como Los Tres Volcanes. Allí comenzó otra etapa, con nuevas relaciones y experiencias que también quedaron incorporadas a sus recuerdos.
La escuela, los compañeros y una etapa difícil de su vida
Durante la entrevista, Páez repasó su paso por la educación primaria y secundaria. Recordó que asistió al colegio que en aquella época era conocido como el Colegio del Cura, una institución que inicialmente funcionaba exclusivamente para varones y que posteriormente se identificó como Santa Bárbara.
Entre sus docentes mencionó a Teresita Montesino, a quien tuvo en cuarto grado, y a otras maestras que formaron parte de su recorrido escolar.
También recordó a compañeros con quienes compartió gran parte de su formación, entre ellos Tito Yarzún, Guaja, el Alemán y Distingo Weykifil. Después de completar la primaria y avanzar hasta tercer año de la secundaria técnica, pasó a la Escuela N.º 4.
Ese cambio estuvo relacionado con una etapa personal compleja. Páez contó que su madre atravesó una enfermedad durante aproximadamente dos años y falleció en 1983, cuando él todavía era adolescente.
Al recordar aquel período, reconoció que atravesó momentos de rebeldía y dificultades para procesar lo que estaba viviendo.
“Estás enojado con el mundo a esa edad, preguntarte por qué”, expresó al describir cómo enfrentó la pérdida de su madre.
En ese contexto, destacó la importancia que tuvieron su familia y las amistades que lo acompañaron durante aquellos años. También puso en valor una característica de la comunidad de entonces: la cercanía entre las familias y el compromiso de los adultos con la educación de los chicos.
Los vecinos que también cumplían el rol de una familia
Uno de los momentos más significativos de la conversación apareció cuando Páez recordó la relación que existía entre los padres de sus amigos y los chicos del barrio.
Según explicó, los adultos no se limitaban a cuidar a sus propios hijos. También intervenían cuando alguno de los jóvenes tenía un problema o cometía una travesura, y no dudaban en corregirlo como si se tratara de alguien de su propia familia.
“Los papás de los amigos eran como tus papás también. Te veían en algún error y te retaban a vos como si fueran tus papás”, recordó.
Entre las personas que formaron parte de ese entorno mencionó a distintas familias de la localidad, como los Salazar, Austin y Pérez.
También evocó a su padre, quien llegó a Río Turbio después de realizar el servicio militar obligatorio. Había nacido en 1925 y, tras permanecer un tiempo en Buenos Aires, se trasladó a la Cuenca en 1957, donde comenzó a trabajar en la empresa minera.
Primero se desempeñó en Mina y posteriormente pasó a cumplir funciones como chofer y en el sector de superficie, hasta su jubilación en 1992.
Páez recordó a varios compañeros de trabajo de su padre, entre ellos Loreto Belforte, Manzanita Yumaster y el Chancho Cabrera. Aquellas relaciones laborales también se extendían a la vida familiar y social, en una comunidad donde los vínculos se construían en distintos ámbitos.
El gimnasio, el fútbol y las actividades que reunían a toda una generación
El deporte ocupó un lugar central durante la infancia y juventud de Páez. En la entrevista recordó que, durante aquellos años, buena parte de su tiempo libre transcurría en las instalaciones deportivas de la localidad.
Contó que después de salir de la escuela al mediodía, almorzaba y cerca de las 14 horas ya estaba nuevamente en la cancha.
En ese período también destacó la llegada de Gerardo Mena y César Zeta, quienes, según recordó, impulsaron una intensa actividad deportiva y generaron un espacio de participación para numerosos chicos.
“Vivíamos en el club”, resumió al describir aquella etapa.
Entre sus recuerdos deportivos mencionó las Olimpiadas de 1979 y las competencias que reunían a distintos equipos. Recordó especialmente una final disputada entre los conjuntos de Administración y Abastecimiento, además de las carreras y otras actividades que convocaban a las familias.
Las jornadas comenzaban alrededor de las seis de la tarde y, según describió, el gimnasio se llenaba de vecinos. Para muchos chicos, esos encuentros eran parte de una rutina que se esperaba durante toda la semana.
También recordó la expectativa que generaban las celebraciones vinculadas con el cierre del ciclo escolar y la elección de la reina, acontecimientos que formaban parte de la vida social de aquellos años.
Las canchitas, los juegos y los paisajes de una infancia diferente
La charla también permitió recuperar algunos espacios que funcionaban como puntos de encuentro para los chicos de Río Turbio.
Páez recordó la canchita de Santa Flavia, conocida también como la canchita del Casino, donde se reunían para jugar al fútbol. Eran lugares que, en aquella época, estaban rodeados por sectores todavía poco poblados.
En sus relatos aparecieron también las salidas para recolectar frutos silvestres, como el calafate, la murtilla y las frutillas, que encontraban en distintos sectores de la zona.
Al comparar aquellos paisajes con el presente, señaló que hoy le cuesta encontrar algunos de esos lugares con la misma abundancia que recordaba de su niñez.
“Antes, ¿te acordás lo que era? No, una locura”, comentó durante el intercambio sobre la presencia de frutos silvestres en los alrededores.
Otro de los recuerdos estuvo relacionado con los viajes hacia Puerto Natales y los sectores cercanos a la frontera, donde solían detenerse para buscar frutillas silvestres.
También surgieron referencias a la antigua cancha de fútbol que funcionaba en el lugar donde posteriormente se construyó la Escuela N.º 4. Páez explicó que conserva recuerdos de aquel espacio, aunque era muy pequeño cuando todavía se utilizaba como escenario deportivo.
Talleres, los primeros equipos y las experiencias fuera de la localidad
En el plano deportivo, Páez contó que su vínculo con el fútbol estuvo muy relacionado con su padre, quien era simpatizante de Talleres y lo acercó a ese club desde pequeño.
Recordó que comenzó a jugar aproximadamente a los nueve o diez años y que permaneció en el equipo hasta los 15, participando en encuentros y viajes a distintas localidades.
Durante esa etapa compartió planteles con otros jóvenes de la Cuenca y tuvo la posibilidad de integrar equipos que representaban a Río Turbio en competencias fuera de la localidad.
Además del fútbol, también practicó básquet y recordó un viaje a Ushuaia junto a una delegación deportiva.
En la entrevista mencionó a distintos jugadores y referentes que formaron parte de la historia deportiva local. Entre ellos aparecieron Perico Maldonado, Cabezón Giovanni, Gorila Flores y otros nombres que quedaron asociados a los equipos de aquellas décadas.
Más allá de los resultados deportivos, destacó especialmente el compromiso de vecinos que colaboraban de manera desinteresada para que los chicos pudieran participar.
Recordó, por ejemplo, a Angelito Macren, quien los buscaba en su vehículo y los trasladaba hasta Mina o 28 de Noviembre para disputar partidos.
También mencionó a padres de compañeros que ponían sus vehículos a disposición y organizaban los viajes para que los jóvenes pudieran jugar.
“Mucha gente lo ha hecho por el fútbol, anónimamente”, señaló al recordar esos aportes.
Y agregó que, en muchos casos, el objetivo era que los chicos tuvieran un espacio de contención y pudieran continuar vinculados con el deporte.
Los viajes en tren para asistir a recitales durante los años ochenta
Otro de los capítulos destacados de la entrevista estuvo relacionado con la música y las experiencias culturales que marcaron su adolescencia.
Páez recordó que, durante la década de 1980, tuvo la oportunidad de asistir a distintos recitales en Río Gallegos junto a otros jóvenes de la Cuenca. Para llegar hasta la capital provincial utilizaban el tren de la empresa, al que se incorporaban pequeños vagones de pasajeros.
Según relató, los viajes se organizaban con la colaboración de personas vinculadas a la empresa, que facilitaban el traslado de los grupos.
“Tomábamos el tren y hacíamos dos, chicos y chicas. Nos íbamos a Gallegos a ver los recitales esos en el Salesiano”, recordó.
Los viajes se realizaban durante la noche y llegaban a Río Gallegos al mediodía. Después asistían a los espectáculos y regresaban al día siguiente en el servicio ferroviario.
En aquella época, recordó la presentación de artistas y bandas como Spinetta Jade, Riff, Pedro y Pablo, Piero y Víctor Heredia, entre otros.
Páez vinculó aquella etapa con el contexto cultural que atravesaba el país después de la Guerra de Malvinas, cuando se restringió la difusión de música en inglés y comenzó a tener mayor presencia el rock nacional.
Para él, aquellos viajes no eran solamente una oportunidad para disfrutar de la música, sino también una experiencia compartida con amigos que quedó grabada en la memoria de toda una generación.
La guitarra, el rock nacional y una pasión que continúa vigente
La música no quedó limitada a los recuerdos de adolescencia. Páez explicó que continuó vinculado con ella durante distintas etapas de su vida y que tuvo la oportunidad de compartir proyectos con músicos de la localidad.
Sus primeros acercamientos estuvieron relacionados con el folclore. A los 11 años estudió durante aproximadamente un año, aunque posteriormente comenzó a interesarse por el rock nacional y por instrumentos como la guitarra acústica y la eléctrica.
Durante su paso por la Escuela N.º 4 tuvo clases con Cucusa Castiello, experiencia que, según contó, influyó en su acercamiento a la guitarra eléctrica.
También recordó la influencia de bandas y artistas que marcaron sus gustos musicales, entre ellos Sumo, Divididos y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
A lo largo de los años compartió escenarios y ensayos con distintos músicos, como Coco Gómez, Pelito Blanco, Corios y Fuentes, además de otros integrantes de grupos locales.
También mencionó a su primo Robi Páez, con quien comenzó a compartir experiencias musicales, y recordó presentaciones en diferentes espacios, incluso fuera de la provincia y en Chile.
Su recorrido también estuvo relacionado con el folclore y con la trayectoria de agrupaciones como Raíces Nuevas, cuyo desarrollo fue parte de la conversación.
Al respecto, explicó que la incorporación de músicos con distintas influencias permitió renovar el género y sumar nuevas perspectivas sin perder su identidad.
Río Turbio y una identidad que permanece incluso a la distancia
Uno de los momentos más reflexivos de la entrevista llegó cuando Páez recordó las experiencias que tuvo durante los períodos en que vivió fuera de Santa Cruz, incluso en Madrid.
Contó que, mientras estaba lejos, comenzó a seguir una página vinculada con Río Turbio que le permitía mantenerse informado y conservar el contacto con la localidad.
A partir de esa experiencia, descubrió la cantidad de personas que habían vivido en la Cuenca durante períodos relativamente cortos y que, a pesar del paso de los años, seguían conservando recuerdos muy fuertes de la comunidad.
Recordó especialmente los mensajes de antiguos vecinos que compartían sus experiencias y nombraban a quienes habían formado parte de sus vidas durante su estadía en Río Turbio.
“Con uno o dos años que te quede tan marcado, siempre deja un sellito”, reflexionó.
Para Páez, esa permanencia de los recuerdos demuestra que el vínculo con una localidad no depende exclusivamente del tiempo que una persona haya vivido en ella.
También compartió una anécdota sobre un antiguo conocido que volvió a contactarse con él después de muchos años y que le manifestó la emoción que había sentido al escuchar que alguien recordaba a su padre.
La historia permitió poner en palabras una característica que atravesó buena parte de la conversación: la importancia de los vínculos que se construyeron en Río Turbio y que, aun cuando las personas toman otros caminos, continúan presentes.
Una comunidad que se construía a través de la colaboración
Hacia el cierre, Páez volvió sobre una cuestión que apareció en diferentes momentos de la entrevista: el compromiso de los vecinos con las actividades sociales y deportivas.
Recordó que muchas iniciativas dependían del esfuerzo de personas que colaboraban sin buscar reconocimiento, desde los traslados de los equipos hasta la organización de encuentros y la participación en los clubes.
Para él, esas acciones fueron fundamentales para que muchos chicos pudieran practicar deportes, compartir con sus compañeros y encontrar espacios de pertenencia.
La conversación también dejó una reflexión sobre el sentido de pertenencia y la posibilidad de expresar críticas sobre el lugar donde uno nació y se crió.
Páez sostuvo que quienes tienen una historia personal en Río Turbio mantienen un vínculo particular con la localidad y que ese sentimiento no impide reconocer sus problemas o señalar aspectos que necesitan mejorar.
En ese sentido, coincidió en la importancia de preservar la memoria sin convertirla en una mirada idealizada del pasado.
Una conversación para recuperar las historias de Río Turbio
La entrevista con Javier Páez permitió recorrer distintas décadas de la vida local a través de recuerdos personales que también forman parte de la historia colectiva de la Cuenca Carbonífera.
Los antiguos barrios, las escuelas, los clubes, los viajes en tren, los recitales, las familias y las amistades fueron algunos de los ejes de una charla en la que cada anécdota recuperó nombres y experiencias de una época.
Más allá de los cambios que atravesó la localidad, Páez dejó en claro que muchos de los vínculos construidos durante su infancia y juventud continúan vigentes.
Su testimonio se suma a los espacios de Patagonia Nexo Streaming destinados a reunir las voces de vecinos que, desde sus propias vivencias, ayudan a reconstruir la historia social, cultural y deportiva de Río Turbio.
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