
José Cándido “Cano” Pérez: recuerdos de infancia, fútbol y la historia de una vida ligada a Río Turbio
Patagonia Nexo
Hay recuerdos que permanecen intactos con el paso del tiempo. Los lugares donde uno creció, los amigos de la infancia, los primeros partidos de fútbol y aquellas costumbres familiares que hoy parecen lejanas forman parte de una historia que merece ser contada.
Ese fue el espíritu del encuentro con José Cándido “Cano” Pérez, invitado al estudio de Patagonia Nexo Streaming para compartir una conversación cargada de anécdotas y vivencias en el programa Trazos y Vivencias.
A lo largo de la entrevista, Cano recorrió distintos momentos de su vida, desde los años en Julio A. Roca hasta su relación con el deporte, el ferrocarril y las personas que dejaron una marca en su camino. Su relato permitió reconstruir parte de una época en la que los vínculos entre vecinos, el trabajo y la vida cotidiana tenían un lugar central en la comunidad.
Julio A. Roca, una infancia que permanece en la memoria
Uno de los momentos más significativos de la charla llegó cuando Cano recordó los años de su infancia en Julio A. Roca, un lugar que todavía ocupa un espacio especial en su historia personal.
El entrevistado describió una comunidad donde las familias compartían mucho más que un barrio. Las visitas entre vecinos, los juegos al aire libre y las actividades durante el invierno construían una forma de convivencia que, según recordó, convirtió aquella etapa en una de las más felices de su vida.
Al mencionar a las familias Gramajo, Oyarzún, Garzún, Vera, Aguilar, Bazán, Alvarado, Flores y Ulloa, Cano fue recuperando nombres y escenas que forman parte de la memoria colectiva de quienes vivieron en aquel sector de la Cuenca Carbonífera.
“Yo creo que tuve una infancia, no la cambio por nada”, expresó al recordar aquellos años.
La frase sintetizó el sentimiento que atravesó buena parte de la entrevista. No se trató solamente de recordar un lugar, sino de volver a encontrarse con una etapa en la que la amistad, el juego y la vida familiar ocupaban un lugar fundamental.
Cano también contó que, cuando tuvo a sus propios hijos, acostumbraba llevarlos a Julio A. Roca para mostrarles los sitios donde había crecido y explicarles cómo era la vida en aquella época.
En esas visitas buscaba transmitirles algo más que una serie de anécdotas: quería compartir con ellos una parte de su propia historia.
El potrero, la radio y el nacimiento de una pasión por el fútbol
El fútbol fue otro de los grandes protagonistas de la conversación. Para Cano, el deporte comenzó a formar parte de su vida desde muy chico, en una época en la que las canchas se armaban en los espacios disponibles y los partidos se organizaban entre amigos.
Lejos de las instalaciones deportivas actuales, los chicos aprovechaban los terrenos abiertos para jugar y aprender. Las reglas, los movimientos y las figuras del fútbol llegaban muchas veces a través de la radio, las revistas deportivas y las conversaciones entre compañeros.
“Antes nosotros hacíamos las canchitas, porque las hacíamos, ¿no? Y bueno, por ahí, hoy en día tenés todo al alcance de la mano”, recordó.
En aquellos años, seguir a los equipos y conocer a los jugadores requería otras costumbres. Cano mencionó publicaciones como El Gráfico y El Gol, que permitían acercarse a las novedades del deporte, mientras que los relatos radiales acompañaban las tardes de partidos.
Su historia futbolística comenzó en los campeonatos infantiles, cuando participaba en los equipos vinculados con la Escuela 30 y los encuentros de minifútbol. En la entrevista también recordó los enfrentamientos contra otros conjuntos de la zona, las finales disputadas y las rivalidades que, con el paso del tiempo, quedaron convertidas en anécdotas.
Uno de esos recuerdos fue un campeonato en el que su equipo terminó en el segundo puesto, luego de perder por 1 a 0 frente a Administración. Años después, la derrota todavía aparecía en su memoria con la intensidad propia de aquellas primeras competencias.
Pero más allá de los resultados, lo importante era el aprendizaje, el compañerismo y la posibilidad de formar parte de una comunidad que encontraba en el fútbol un punto de encuentro.
Los nombres que marcaron una época en el deporte local
Durante el diálogo, Cano fue recordando a distintos jugadores que dejaron su huella en las canchas de la Cuenca Carbonífera. Entre ellos aparecieron nombres como Tito Gómez, Tito Facho, el Nano, el Rata, Chori Molina, Quique Rossi, Ratón Pérez, los hermanos Mozas, Ángel Torres y Hormiga, entre otros.
También evocó a varios arqueros que admiraba durante su infancia, figuras que para los más chicos representaban un modelo a seguir.
En aquellos tiempos, los clubes tenían sus propios espacios de juego y la actividad deportiva estaba profundamente vinculada con la vida cotidiana de los barrios. Las canchas de tierra, los partidos durante el fin de semana y las tribunas improvisadas formaban parte de una postal habitual.
Cano recordó que Julio Fútbol, Ferro y otros equipos de la zona contaban con sus propios terrenos, mientras que los encuentros de la liga reunían a jugadores, familias y vecinos.
“En ese tiempo, todos los clubes tenían su cancha”, señaló durante la charla.
Esos recuerdos permitieron dimensionar el lugar que ocupaba el deporte en la comunidad. No era solamente una actividad recreativa: también representaba una forma de integración, de construcción de amistades y de transmisión de valores entre generaciones.
La entrevista dejó en claro que, para Cano, muchas de esas experiencias continúan presentes en la memoria, incluso cuando los años y las transformaciones de la localidad modificaron aquellos escenarios.
El ferrocarril carbonero y el recuerdo de su padre
Otro tramo especialmente significativo de la entrevista estuvo dedicado al ferrocarril, una actividad que formó parte de la historia laboral y social de la Cuenca Carbonífera.
Cano recordó los talleres mecánicos donde se reparaban las locomotoras, los espacios de carga de carbón y los recorridos que conectaban distintos sectores vinculados con la actividad minera.
Su vínculo con ese mundo fue también familiar. Su padre trabajaba como chofer de una autovía y, durante su infancia, él tuvo la oportunidad de acompañarlo en algunos recorridos.
Aquellas salidas le permitieron conocer lugares y personas que, con el tiempo, se transformaron en parte de sus recuerdos más importantes.
“Mi padre manejaba la autovía [...] y vos sabés que yo por ahí salía a la línea con mi padre. Me llevaba y bueno, me conocía a todo el mundo”, contó.
Cano recordó que, cuando era chico, soñaba con conducir una autovía. Era una aspiración ligada a la admiración que sentía por su padre y a la importancia que tenía el ferrocarril en la vida de quienes crecían en esos sectores.
Con el paso de los años, aquel sueño tomó otra forma, pero la conexión con esa historia nunca desapareció.
Una maqueta para recuperar la memoria
Esa relación con el ferrocarril también se expresa a través de una de sus aficiones: la construcción de maquetas.
Durante la entrevista, Cano contó una experiencia que lo llevó a reconstruir en miniatura una autovía similar a la que conducía su padre.
La idea surgió durante una visita al museo de Los Amigos del Tren, en Río Gallegos. Allí buscó fotografías de aquel vehículo ferroviario, pero al no encontrar una representación que considerara adecuada, decidió construirla por su cuenta.
El trabajo le demandó aproximadamente dos años y medio, durante los cuales reunió fotografías, consultó referencias y recuperó detalles que conservaba en su memoria.
La maqueta incluyó distintos elementos del vehículo, las vías y otros detalles que buscaban reproducirlo con la mayor fidelidad posible.
Pero había algo que la convertía en una pieza especial: Cano incorporó el número 22, el mismo que identificaba a la autovía conducida por su padre.
“Le puse el número de la autovía que manejaba mi viejo, o sea, eso siempre me lo voy a recordar”, explicó.
Finalmente, llevó la obra al museo, donde pudo compartirla con quienes trabajan en la preservación de la historia ferroviaria.
El relato fue uno de los pasajes más personales de la entrevista, porque mostró cómo una afición puede transformarse en una manera de conservar los recuerdos familiares y transmitirlos a otras generaciones.
El traslado de Julio A. Roca y una etapa de cambios
La conversación también abordó las transformaciones que atravesó Julio A. Roca y el traslado de familias hacia otros sectores de la Cuenca Carbonífera.
Cano recordó que su familia se mudó al barrio Santa Cruz en 1978, en un período en el que muchos habitantes dejaron el lugar donde habían construido su vida cotidiana.
Según relató, algunas viviendas fueron desarmadas y parte de la población se trasladó a sectores de Río Turbio, incluidos los pabellones y otros espacios habitacionales.
La experiencia implicó un cambio profundo para quienes habían desarrollado allí sus vínculos familiares, sus amistades y sus rutinas.
“Te imaginás esa desolación, ¿no? Porque vos cuando se venía una familia ahí al toque entraban a desarmar la casa”, recordó.
Sus palabras reflejaron el impacto que tuvo aquel proceso en la vida de los vecinos. El traslado no significó únicamente cambiar de vivienda, sino también dejar atrás un entorno que concentraba recuerdos, costumbres y relaciones construidas durante años.
Cano mencionó, además, los antiguos espacios comunitarios, las reuniones familiares, los bailes organizados entre vecinos y las funciones de cine que se realizaban en el Club Ferro.
Aquellos lugares cumplían una función social importante: eran puntos de encuentro donde las familias compartían actividades y los más chicos encontraban espacios para jugar y relacionarse.
Con el tiempo, muchos de esos escenarios desaparecieron o cambiaron de función, pero permanecen en la memoria de quienes los conocieron.
Los vecinos, las reuniones y la vida compartida
Entre las anécdotas que surgieron durante la entrevista, Cano recordó las reuniones que organizaba la familia Gramajo durante las fiestas de Navidad.
Según contó, colocaban tablones en el patio y compartían música con vecinos y amigos. La convocatoria era espontánea y reunía a buena parte de la comunidad.
“La familia Gramajo era el epicentro, ¿no?, de ahí para el baile”, comentó.
También recordó el cine que funcionaba en el Club Ferro y los espacios vinculados con el trabajo ferroviario, que formaban parte del paisaje cotidiano de Julio A. Roca.
A través de esos relatos apareció una forma de vida en la que la convivencia entre vecinos tenía una presencia constante. Las actividades no dependían necesariamente de grandes instalaciones ni de una organización compleja: muchas veces bastaba con la iniciativa de una familia para reunir a los demás.
La entrevista permitió recuperar esos detalles cotidianos que, aunque pueden parecer pequeños, ayudan a comprender cómo se construyeron los vínculos comunitarios en la historia de la Cuenca Carbonífera.
La amistad y los recuerdos que permanecen
A medida que avanzó la charla, también surgieron recuerdos de amigos y conocidos que formaron parte de distintas etapas de la vida de Cano.
Entre ellos apareció Tito Barbieri, a quien recordó con afecto y con quien compartió momentos de conversación a lo largo de los años.
Cano evocó las visitas entre sus familias y los encuentros posteriores, cuando la amistad continuó a pesar de los cambios que atravesaron sus vidas.
“Siempre lo llevo en el corazón”, expresó al recordar a su amigo.
Ese momento se sumó a una serie de anécdotas que demostraron cómo las historias personales están ligadas a las personas que acompañaron cada etapa del camino.
La infancia, el barrio, el deporte y el trabajo aparecen en el relato como partes de una misma historia, construida a partir de vínculos que se mantienen vivos a través de la memoria.
Una conversación que abrió la puerta a nuevos recuerdos
Hacia el final del encuentro, los conductores de Trazos y Vivencias destacaron el valor de escuchar a quienes pueden reconstruir, desde su propia experiencia, distintas etapas de la historia local.
Cano, que al comienzo había reconocido que no estaba acostumbrado a hablar frente a un micrófono, se mostró cómodo a medida que avanzó la conversación y fueron apareciendo los recuerdos.
“Me sentí bien, me sentí como en mi casa”, afirmó al despedirse.
La entrevista concluyó con el compromiso de volver a compartir otro encuentro para continuar repasando historias vinculadas con el fútbol, los amigos y las vivencias que quedaron pendientes por falta de tiempo.
El paso de José Cándido “Cano” Pérez por Patagonia Nexo Streaming dejó un recorrido por distintos capítulos de la vida en la Cuenca Carbonífera: la infancia en Julio A. Roca, las canchas de tierra, los clubes, el ferrocarril y los vínculos familiares que acompañaron su crecimiento.
Su testimonio permitió recuperar una parte de la memoria de Río Turbio y de sus comunidades, a través de las experiencias de alguien que no solo vivió esos cambios, sino que conserva en sus recuerdos los nombres, los lugares y las historias que ayudaron a construir la identidad de la región.


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