
Marcos Inclán repasó su historia en Río Turbio: infancia, amistades y recuerdos de una comunidad que cambió con los años
Patagonia Nexo
La memoria de una comunidad también se construye a partir de las experiencias de quienes la habitaron, de los vínculos que permanecen con el paso del tiempo y de aquellas costumbres que acompañaron el crecimiento de varias generaciones. En una nueva edición de “Trazos y Vivencias”, por Patagonia Nexo Streaming, Marcos Inclán compartió un recorrido por su vida, desde los primeros años de su infancia en Río Turbio hasta el inicio de una nueva etapa tras recibir la notificación de su jubilación docente.
A lo largo de la conversación, acompañado por Nano López, el entrevistado reconstruyó una parte de la historia cotidiana de la localidad. Sus palabras permitieron volver a una época en la que las calles se convertían en canchas de fútbol, las casas de los vecinos funcionaban como una extensión de la propia familia y las celebraciones populares reunían a buena parte de la comunidad.
La charla también tuvo un componente familiar. A través de fotografías, anécdotas y nombres propios, Inclán recuperó momentos que forman parte de su historia y de la de muchos habitantes de la Cuenca Carbonífera.
De Jujuy a Río Turbio: los primeros años de una historia familiar
El vínculo de Marcos Inclán con Río Turbio comenzó cuando todavía era muy pequeño. Su padre, formado como técnico minero en El Aguilar, Jujuy, se había inscripto en Buenos Aires para acceder a una oportunidad laboral y fue convocado por la entonces empresa Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF).
La llegada de su padre a Río Turbio se produjo en 1969, mientras que Marcos permaneció inicialmente en Jujuy junto a su madre. Durante ese primer período, su padre se instaló en el pabellón 7, ubicado en las inmediaciones de lo que hoy es la librería Grisú y la Plaza de los Inmigrantes.
Allí compartió alojamiento con otros trabajadores y pobladores de aquellos primeros años. Tiempo después, cuando la empresa comenzó a asignar viviendas a sus empleados, la familia recibió una casa en el barrio Los Pinos, donde finalmente se reunieron.
Marcos tenía apenas un año cuando llegó a la localidad. Su infancia transcurrió en un Río Turbio muy diferente del actual, con menos infraestructura, escasas alternativas de entretenimiento y una vida social que giraba principalmente alrededor de los barrios, las familias y los espacios compartidos.
“Era muy poco lo que había acá en Río Turbio, pero uno se acostumbraba, uno se adaptó rápido”, recordó durante la entrevista.
La ausencia de internet y de la televisión como parte de la vida cotidiana hacía que los chicos encontraran sus propias formas de diversión. La radio era una de las pocas ventanas hacia lo que sucedía afuera, mientras que el juego ocupaba buena parte de las jornadas.
“Uno se divertía jugando al fútbol todo el día en la calle, poníamos dos piedras de arco y a jugar al fútbol ahí con todos los muchachos”, relató.
El barrio Los Pinos y una infancia marcada por las amistades
Uno de los momentos más extensos de la entrevista estuvo dedicado a los recuerdos de la infancia. Inclán mencionó a las familias que formaron parte de su vida en el barrio y reconstruyó, junto a Nano López, una lista de amigos y vecinos que compartieron juegos, travesuras y tardes enteras en la calle.
Entre ellos recordó a la familia Gómez, con Tito, Pato, Silvia y la querida tía Lucy; a la familia Jara, con Jorge, Chela, Alicia y doña Clementina; y a otros vecinos como Cristian Cardeza, Kiki Rossi, Ramón Pérez, Mario Fernández, Ariel Peralta, Diego, Sergio y Mariano Flores.
También tuvo palabras especiales para Cati Flores, a quien definió como “un hermano que me dio la vida”, una expresión que refleja la importancia que tuvieron aquellos vínculos durante su crecimiento.
La vida del barrio estaba atravesada por una cercanía que permitía que los chicos circularan de una casa a otra con absoluta naturalidad. En ese contexto, las familias no solo acompañaban a sus propios hijos, sino que también recibían y cuidaban a los amigos que pasaban buena parte del día junto a ellos.
Al recordar a la familia Gómez, Marcos describió una escena que quedó grabada en su memoria: las visitas frecuentes a la casa de sus vecinos, donde era recibido con confianza y afecto.
“Yo vivía prácticamente en su casa, como vivía enfrente, yo me cruzaba, abría la puerta sin golpear, la tía me decía: ‘Pase, pase, mijo’. Entraba ahí, tomaba el té, me hacía tortafita”, contó.
Otra de las anécdotas compartidas estuvo relacionada con las tortas que preparaba la tía Lucy. Los chicos se acercaban a la ventana para recibir los recortes y compartir ese pequeño momento que, con los años, se transformó en uno de los recuerdos más reconocibles de aquella infancia.
No se trataba de grandes acontecimientos, sino de situaciones sencillas que daban forma a la vida cotidiana y fortalecían los vínculos entre vecinos.
Las travesuras de chicos y los juegos que hoy forman parte de la memoria
Entre las historias que surgieron durante la charla, una de las más particulares fue la de las antiguas galerías por donde circulaba el agua caliente que alimentaba los sistemas de calefacción de las viviendas.
Según recordó Inclán, los chicos se metían por esos conductos y recorrían largos tramos entre los barrios, aprovechando la curiosidad propia de la infancia.
“Nos metíamos en las cañerías que iba el agua caliente para los radiadores, en función de serpentina, y perseguíamos por toda esa galería que, claro, eran interminables”, relató.
El recorrido podía comenzar en el barrio Las Lengas y continuar hasta el sector de Los Pinos. Al salir, los chicos terminaban cubiertos de polvo y yeso, una imagen que ambos recordaron entre risas durante el encuentro.
También evocaron los circuitos improvisados para correr autitos de plástico sobre la arena. En la casa de Tiki Villalba, los chicos armaban pistas, colocaban banderines y organizaban pequeñas competencias.
Como las ruedas de los vehículos se trababan en la arena, encontraron una solución casera: quitarles las ruedas, abrirles el baúl y colocarles piedritas para darles peso. Después, los largaban uno por uno hasta alcanzar la meta.
Aquellos juegos reflejaban una infancia en la que la imaginación y la compañía de los amigos eran fundamentales para construir espacios de diversión, incluso cuando no existían las opciones de entretenimiento que hoy forman parte de la vida de los chicos.
El fútbol, el club Los Pinos y los años de formación deportiva
El deporte ocupó un lugar central en la vida de Marcos. Durante su infancia y adolescencia, el fútbol fue una de las actividades que más compartió con sus amigos, tanto en las calles como en los equipos organizados del barrio.
Recordó su participación en el club Los Pinos, donde jugaban chicos de distintas edades que encontraban en el fútbol una forma de reunirse y fortalecer sus amistades.
“Siempre usé la camiseta número 8 con el color de Chacarita”, señaló al recordar aquella etapa.
En la conversación también apareció la figura de Carito Fernández y la de otros compañeros que formaban parte de los encuentros deportivos. El club representaba mucho más que un lugar para jugar: era un punto de encuentro donde se mezclaban la competencia, la amistad y la vida comunitaria.
Más adelante, Inclán continuó ligado al fútbol en el Club Mina 3, donde jugó en quinta división. Allí compartió equipo con jóvenes que, con el paso del tiempo, también construyeron sus propios recorridos personales y profesionales.
Entre los nombres que recordó estuvieron Tiki Gersi, Manuel Tapia, Teddy Chanampa, Ángel Torres, el Chato Mansilla, Ale Macklem, Moya y Ariel Peralta, entre otros compañeros.
Al hablar de aquella formación, destacó el aprendizaje que significaba compartir el campo de juego con otros futbolistas. Para él, aquellos años dejaron experiencias que trascendieron los resultados deportivos y permanecieron asociadas a las amistades de juventud.
El deporte tampoco se limitó al fútbol. Marcos contó que practicaba natación, básquet y vóley, además de participar en actividades que se desarrollaban en el gimnasio y en el ICFE.
La primera Olimpiada y el recuerdo de encender la antorcha
Entre los momentos deportivos que más atesora, Inclán destacó su participación en la primera edición de las Olimpiadas locales. Según relató, César Zeta y Gerardo, junto con otros colaboradores de la organización, lo convocaron para cumplir una función especial durante la ceremonia inaugural.
Marcos tuvo el honor de ingresar al gimnasio con la antorcha y encender la llama olímpica ante un recinto colmado de público.
“Me acuerdo que estaba lleno ese gimnasio, explotaba de gente. Entré con la antorcha, prendía fuego, di una vuelta al gimnasio y prendí la llama olímpica”, recordó.
El valor de aquella experiencia se mantiene intacto hasta hoy. El entrevistado contó que conserva una filmación de ese momento, registrada con una cámara de la época y que le fue enviada años después por Claudio Perejéchul.
El video constituye un registro personal de una celebración deportiva que quedó vinculada a su historia y a la de quienes participaron de las primeras ediciones.
La anécdota también permitió dimensionar la importancia que tenían las actividades deportivas en la vida de Río Turbio, donde los gimnasios y los espacios de encuentro reunían a familias, jóvenes y deportistas.
Los amigos, los bailes y las salidas de la adolescencia
La conversación avanzó hacia los años de adolescencia, cuando las actividades y los encuentros comenzaron a cambiar. A los partidos de fútbol y las reuniones en el barrio se sumaron las salidas al cine y a los lugares de reunión de la época.
Inclán recordó las funciones de matiné y vermú, las visitas al cine y los encuentros posteriores en espacios como Macao, Paloma y Talleres.
Las salidas tenían sus horarios y sus reglas familiares. En su caso, recordó que, por ser uno de los más chicos del grupo, debía regresar a su casa a las dos de la mañana.
Durante la entrevista, esa anécdota dio lugar a una comparación con las costumbres actuales y a una reflexión sobre cómo fueron cambiando los hábitos de los jóvenes a lo largo de las décadas.
Sin embargo, más allá de las diferencias entre épocas, el entrevistado puso el acento en algo que considera permanente: la amistad que sobrevive al paso del tiempo, aun cuando cada persona toma un camino diferente.
En ese recorrido mencionó a Jorge Sosa, Topito Barros, Juancito Soria, el Tuca, Sopapa Bravo, Cachito Castro, el Pollo y otros compañeros que fueron parte de su vida.
Al recordar a Jorge Sosa, evocó las salidas al campo para cazar liebres, las enseñanzas sobre cómo colocar trampas y las ocurrencias que provocaban las risas del grupo.
Con el tiempo, cada uno siguió su propio rumbo. Algunos se quedaron en Río Turbio, mientras que otros se radicaron en diferentes provincias. Sin embargo, para Marcos, esos cambios no borraron el vínculo construido durante la infancia.
“Cada vez que nos veíamos, un abrazo, un saludo. No se olvida esa amistad, no se termina”, expresó.
El 4 de diciembre: una celebración que reunía a toda la comunidad
Otro de los recuerdos compartidos estuvo relacionado con las celebraciones del 4 de diciembre, una fecha muy esperada por las familias vinculadas a la actividad minera.
Durante la entrevista, Nano López y Marcos coincidieron al recordar la elección de la reina, los artistas que llegaban a la Cuenca Carbonífera y las reuniones populares que se realizaban en el sector conocido como el faldeo del rulo.
Después de las actividades de la noche anterior, muchas familias se trasladaban hasta ese lugar para compartir el tradicional cordero al palo.
Según evocaron, cada sector de la empresa o de la comunidad tenía su espacio, donde se reunían trabajadores, esposas e hijos. Las fotografías de aquellos encuentros muestran la dimensión que alcanzaban las celebraciones y el protagonismo que tenían en la vida social de la localidad.
“Qué cosa más linda el 4 de diciembre, uno esperaba el 4 de diciembre con unas ansias tremendas”, recordó Inclán.
La fecha representaba una oportunidad para encontrarse con conocidos, compartir una comida y disfrutar de una jornada que trascendía el ámbito laboral.
Durante la charla también señalaron que esa tradición fue cambiando con el tiempo y que las celebraciones actuales ya no tienen las mismas características que aquellas reuniones multitudinarias.
Para quienes las vivieron, sin embargo, siguen siendo parte de una memoria compartida que permite reconstruir cómo se relacionaban las familias y de qué manera se celebraba la identidad minera.
Las fotografías familiares y el recuerdo de sus padres
La entrevista también tuvo un espacio dedicado a las fotografías que Marcos llevó al estudio. Las imágenes permitieron recorrer distintos momentos de su historia familiar y presentar a las personas que lo acompañaron a lo largo de su vida.
Entre ellas aparecieron fotografías de su madre, su padre, sus hermanos, sus hijos y su nieto, además de registros de su etapa escolar y de encuentros con amigos.
Al referirse a su madre, recordó que se había formado como enfermera en Jujuy y que, tras llegar a Río Turbio, desarrolló su actividad profesional en el ámbito de la salud.
Según contó, trabajó en distintas áreas, entre ellas instrumentación quirúrgica, rayos X y enfermería general. También recordó que, cuando era pequeño, en algunas ocasiones debía acompañarla al hospital porque no tenían con quién dejarlo.
Esa circunstancia le permitió conservar imágenes de su infancia vinculadas al trabajo cotidiano de su madre, incluso en espacios hospitalarios.
Su padre, por su parte, fue una figura central en la llegada de la familia a la Cuenca y en su acercamiento al deporte. Marcos recordó con afecto su historia laboral y el lugar que ocupó en su vida.
Durante la presentación de las fotografías, también habló de su madre, que cumplió 83 años, de sus hermanos y de sus hijos. Una de sus hijas se encuentra estudiando en Córdoba, mientras que su hermana se radicó en Comodoro Rivadavia después de recibirse de psicóloga.
La presencia de las imágenes le permitió volver sobre momentos que, en la rutina diaria, no siempre encuentra la oportunidad de relatar.
En ese sentido, la conversación dejó una reflexión sobre la importancia de transmitir las historias familiares a las nuevas generaciones, para que los hijos y los nietos conozcan no solo los acontecimientos, sino también las personas y las circunstancias que dieron forma a sus vidas.
Treinta años en la docencia y el comienzo de una nueva etapa
Hacia el tramo final de la entrevista, Marcos compartió una noticia personal: después de tres décadas de trabajo en la docencia, recibió la notificación que le permite iniciar los trámites de jubilación.
Su recorrido profesional incluyó una etapa de formación en Córdoba, donde estudió Analista de Sistemas en Computación. Al regresar a Río Turbio, trabajaba junto a su padre y su familia en una tienda, hasta que surgió la posibilidad de incorporarse al Colegio Secundario N.º 2.
La propuesta inicial terminó convirtiéndose en una trayectoria de 30 años dentro de la institución educativa. Según contó, la experiencia le gustó y, con el tiempo, decidió dedicarse plenamente a la docencia.
Durante la charla, explicó que la notificación recibida recientemente marcaba el inicio de una transición importante en su vida. En el diálogo se mencionó el 1 de marzo como la fecha prevista para el comienzo de esta nueva etapa.
La jubilación, señaló, representa una oportunidad para disponer de más tiempo, pero también implica reorganizar las actividades cotidianas y prestar mayor atención al cuidado personal.
“Uno va quemando etapas”, expresó al reflexionar sobre el paso del tiempo.
La conversación permitió abordar la jubilación no solo como el cierre de una trayectoria laboral, sino también como el comienzo de un período en el que aparecen nuevas posibilidades, responsabilidades y formas de organizar la vida.
Un vínculo con Río Turbio que permanece
Aunque nació en Jujuy, Marcos Inclán dejó en claro durante la entrevista el profundo vínculo que construyó con Río Turbio. Reconoció el cariño que mantiene por su lugar de origen y por sus familiares, pero sostuvo que su vida está arraigada en la localidad donde creció, formó su familia y desarrolló su carrera profesional.
Incluso al imaginar la posibilidad de pasar una temporada fuera del pueblo, señaló que no se ve abandonando definitivamente el lugar donde construyó su historia.
“Uno tiene tanto cariño por este pueblo, tanto cariño, que dice: cómo hubiese gustado haber nacido acá”, manifestó.
La relación con la comunidad aparece en los gestos cotidianos: encontrarse con conocidos en el supermercado, detenerse a conversar en la calle y mantener vínculos con personas que forman parte de distintas etapas de su vida.
Para Inclán, esa cercanía es una de las características que distinguen a Río Turbio y que hacen que, después de viajar, siempre exista el deseo de regresar.
También destacó la importancia de conservar las amistades de juventud. A pesar de los cambios de residencia, los trabajos y las obligaciones familiares, considera que los vínculos genuinos permanecen disponibles cuando alguien necesita ayuda.
Durante el intercambio, la palabra amistad apareció como una constante. No desde la necesidad de mantener encuentros permanentes, sino desde la confianza de saber que los afectos construidos durante años siguen presentes.
“Trazos y Vivencias”: recuperar las historias de quienes construyeron la comunidad
El encuentro con Marcos Inclán se enmarca en la propuesta de “Trazos y Vivencias”, el espacio de Patagonia Nexo Streaming dedicado a recuperar experiencias personales, recuerdos familiares y relatos de los pobladores de Río Turbio y la Cuenca Carbonífera.
A lo largo de la entrevista, el conductor y el invitado coincidieron en que muchas de estas historias pueden aportar información valiosa para quienes, en el futuro, busquen investigar o escribir sobre el pasado de la localidad.
No se trata necesariamente de grandes acontecimientos históricos, sino también de las experiencias que permiten comprender cómo se vivía, cómo se organizaban los barrios, cuáles eran las formas de entretenimiento y qué papel tenían las familias y las instituciones en la vida cotidiana.
En ese sentido, Inclán destacó la importancia de recordar a los primeros pobladores y a quienes atravesaron etapas en las que las condiciones de vida eran muy diferentes de las actuales.
La charla también dejó abierta la posibilidad de futuros encuentros con otros protagonistas de esas historias, especialmente aquellos amigos y vecinos que compartieron con él la infancia, la adolescencia y los años de actividad deportiva.
La entrevista a Marcos Inclán recuperó una parte de la memoria cotidiana de Río Turbio: la de los barrios, las amistades, el deporte, las tradiciones mineras y las familias que acompañaron el crecimiento de la localidad. A través de sus recuerdos, quedó reflejada una etapa que continúa presente en quienes la vivieron y que merece ser transmitida a las nuevas generaciones.
La conversación completa forma parte de los contenidos de Patagonia Nexo Streaming y de la propuesta de “Trazos y Vivencias”, un espacio que busca mantener vivas las historias personales que también forman parte de la historia colectiva de la Cuenca Carbonífera.


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