Info. General

El peronismo mira a Bullrich, pero todavía debe resolver qué ofrecerle al país

La posibilidad de que Patricia Bullrich dispute la Presidencia abre cálculos dentro de la oposición. Sin embargo, anticipar un cambio de candidato en el oficialismo no reemplaza la necesidad de construir una propuesta propia y revisar las razones del rechazo que todavía genera el kirchnerismo.

En el peronismo comenzó a circular una pregunta que modifica los cálculos hacia 2027: ¿qué pasaría si el rival finalmente fuera Patricia Bullrich? La hipótesis, recogida por La Política Online, expone una preocupación concreta: que una parte del electorado se desencante con Javier Milei y encuentre otra opción antes de considerar un regreso del peronismo.

images (2)

Por ahora, se trata de un escenario eventual. No hay una renuncia de Milei a buscar la reelección ni una candidatura presidencial de Bullrich formalizada. Las diferencias políticas y los movimientos internos alimentan versiones, pero no alcanzan para presentar un relevo como un hecho consumado.

La discusión, de todos modos, revela un problema para la oposición. El desgaste de un gobierno no garantiza que sus votantes regresen a quienes gobernaron antes. Entre quienes puedan cuestionar el rumbo económico también existen ciudadanos que mantienen un rechazo al kirchnerismo. Suponer que esos votos están disponibles por el solo deterioro del oficialismo sería repetir un error de diagnóstico.

Bullrich podría intentar disputar ese espacio. Su trayectoria y su pertenencia al proyecto de Milei, sin embargo, también le imponen límites. Una eventual diferenciación exigiría explicar qué decisiones acompañó, cuáles cuestiona y qué cambiaría si tuviera la responsabilidad de conducir el país.

Los consultores citados por LPO coinciden en una distinción importante: tener una imagen más favorable no equivale a reunir más intención de voto. Tampoco sería lo mismo competir contra Milei en una interna, presentarse por otro espacio o convertirse en la candidata respaldada por el conjunto del oficialismo. Cada alternativa supone alianzas y costos diferentes.

Además, si un reemplazo surgiera como consecuencia de una fuerte pérdida de competitividad del Presidente, sería razonable preguntarse cuánto de ese desgaste alcanzaría también a Bullrich. Su participación en el Gobierno dificultaría una separación completa de sus resultados. Cambiar la candidatura podría renovar una oferta electoral, pero no borraría automáticamente la responsabilidad política compartida.

Para el peronismo, concentrarse exclusivamente en esa posibilidad entraña otro riesgo: postergar su propia discusión. Antes de calcular qué adversario le conviene, necesita resolver con qué liderazgo, qué programa y qué credibilidad pretende volver a pedir el voto.

En Santa Cruz y en la Cuenca Carbonífera, esa discusión puede traducirse en preguntas concretas: qué propone cada espacio para el empleo, la producción, los servicios y el futuro de las comunidades. Las respuestas requieren más contenido que una estrategia para enfrentar a determinado apellido.

La eventual candidatura de Bullrich merece atención. Pero el desafío del peronismo sigue siendo construir una alternativa capaz de convencer por sus propuestas. Apostar a que el rival llegue debilitado puede servir para ordenar una campaña; difícilmente alcance para recuperar la confianza.

Relacionados