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Qué son los parches anti-Covid, cómo funcionan y en qué se diferencian de la vacuna

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En el corto plazo comenzarán los ensayos de los parches anti-Covid: cómo funcionan y cuál es la diferencia con las vacunas ya conocidas

Una empresa británica informó que comienza la primera fase de los ensayos clínicos para los parches anti-Covid. En qué consisten y cuál es la diferencia con las vacunas.
A medida que pasa el tiempo, se van aprendiendo nuevas cosas sobre el coronavirus y aparecen nuevas formas de tratarlo y neutralizarlo. En las últimas horas, se conoció que comenzarán los ensayos para un nuevo método: los parches anti-Covid.

El parche cutáneo que ofrece la empresa de biotecnología Emergex elimina las células infectadas con células T. En la presentación que realizaron, se presenta como una futura vacuna de efecto duradero.

“Nuestras vacunas de cebado de células T pueden ofrecer beneficios significativos sobre las vacunas Covid-19 actuales, incluida una inmunidad más duradera y una protección más amplia contra nuevas variantes. Estamos orgullosos de anunciar el inicio de este ensayo y esperamos recopilar datos para respaldar el desarrollo de esta importante vacuna de próxima generación”, expresó el director comercial de la empresa, Robin Cohen, en diálogo con The Guardian.


Esta nueva vacuna se aplica mediante microagujas que se administran en la piel a través de los parches anti-Covid. La gran ventaja de este proyecto es que resisten durante un tiempo considerable a temperatura ambiente e incluso a altas temperaturas, por lo que se facilita la distribución y el almacenamiento.


Las células T del fármaco eliminan a las células infectadas del cuerpo de forma rápida luego de la infección, por lo que se evita la replicación viral y la enfermedad, según la explicación científica. Por ese motivo, no se necesitaría refuerzo de la vacuna.


La empresa recibió la aprobación para comenzar con la fase 1 de los ensayos y se espera que pueda estar disponible aproximadamente a partir de 2025.


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¿Quién pagará los platos rotos de Milei?

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Atilio A. Boron

Por Atilio A. Boron

Javier Milei acaba de insultar groseramente, una vez más, al presidente colombiano Gustavo Petro. Desencajado, el presidente argentino persiste en sus ataques a propios y ajenos. Días atrás calificó a los miembros del Congreso de la Argentina como un “nido de ratas” (elegidas por la ciudadanía, conste); o a uno de sus ex compinches, Ricardo López Murphy como “traidor y basura”; y a su actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien en la campaña electoral la fulminó por ser una “montonera asesina”. 

Los insultos al Papa Francisco fueron de una bajeza poquísimas veces vista en la historia, y así podríamos seguir elaborando una interminable compilación de las excrecencias verbales de un personaje alucinado, que habita una realidad paralela, que habla con su perro muerto (en cuyos consejos se inspira) y que no tiene la más pálida idea de la responsabilidad institucional que le cabe como presidente de la Argentina y que debería inhibirle de decir la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, teniendo en cuenta que sus palabras y sus gestos destemplados e irrespetuosos comprometen las relaciones internacionales de nuestro país.

Ahora en el marco de la conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Maryland -un show propio de Las Vegas montado para apuntalar las ambiciones electorales de Trump– acaba de decir que el presidente Petro “está hundiendo a los colombianos, y que es una plaga letal” para los habitantes de ese gran país. Antes había declarado que aquél era un “asesino colombiano que está hundiendo a Colombia.” Petro, un personaje íntegro y de una ejemplar coherencia, no tiene necesidad que nadie lo defienda de los vómitos verbales del impresentable presidente argentino. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que éste sí está hundiendo a este atribulado país en una crisis integral, la cual día a día alimenta una “tormenta perfecta” que probablemente -insisto en lo probabilístico del pronóstico- termine por arrojar al energúmeno de la Casa Rosada a los basurales de la historia. No está demás afirmar que si hubiera un debate entre ambos presidentes sobre cuestiones económicas, sociales o internacionales Milei no resistiría más allá del segundo round, si se me permite la metáfora boxística, al ataque de Petro. Sería una fenomenal paliza la que sufriría el argentino.

La absoluta irresponsabilidad de Milei en los asuntos internacionales lo impulsa a proferir insultos a diestra y siniestra contra los presidentes de Colombia, Brasil, Cuba y Venezuela, para quedarnos sólo en la región; o la que también se manifiesta en el rechazo al ingreso al BRICS, el grupo más dinámico y promisorio de la economía mundial, lo que revela la supina ignorancia del personaje y de su Canciller en estas materias. A éstas habría que añadir el veto a la construcción del Canal Magdalena que otorgaría un acceso soberano de los ríos argentinos al Atlántico, sin pasar por Montevideo, hasta la política de indigna capitulación en el tema Malvinas, que tantas vidas costó a la juventud argentina. 

Exabruptos verbales que se traducen en gravísimos yerros políticos que este país deberá pagar por largos años, producto de las sombrías fantasías de Milei en torno a ese inexistente capitalismo sin estado que proponen los burdos hechiceros de la Escuela Austríaca y al hecho, crucial desde mi modesto punto de vista, que para el presidente ni la soberanía ni la nación son cuestiones de importancia. Sobre todo para quien, como él, cree que la nación no existe y que no pasa de ser una molesta enteleqeuia urdida por los colectivistas con el objeto de dar basamento al Estado, el verdugo de los mercados.


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