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Nueva baja en el Gobierno: renunció una funcionaria del Ministerio de las Mujeres que había denunciado a Manzur en 2019

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Cecilia Merchán, junto a la propia ministra de Mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta, había denunciado en 2019 al entonces gobernador de Tucumán por obstaculizar la interrupción del embarazo de una niña que había sido violada.

La secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Cecilia Merchán, renunció hoy a su cargo como funcionaria nacional.

Merchán, junto a la propia ministra de Mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta, había denunciado en 2019 al entonces gobernador de Tucumán por obstaculizar la interrupción del embarazo de una niña que había sido violada.

«Comparto el texto de mi renuncia al cargo de Secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad», publicó la ex funcionaria en su cuenta de la red social Twitter.

No obstante, aclaró que seguirá «aportando con amor y responsabilidad al proyecto nacional, feminista y popular», y amplió: «Donde me encuentre, solo estaré atada a los sueños y desafíos colectivos».

«Se inicia un nuevo tiempo, con nuevos desafíos que requieren de una renovación de fuerzas e impulso generador de transformaciones», enfatizó Merchán en su carta de renuncia.

En ese marco, la ex funcionaria puntualizó: «El movimiento de mujeres y LGBTI+ tiene sobrada energía y capacidad para consolidar los objetivos logrados y los muchos que aún quedan pendientes».

«Por mi parte, habiendo aportado lo mejor de mi experiencia personal y colectiva, concluyo una etapa de la que me siento orgullosa y agradecida», puntualizó Merchán.

Por último, calificó como una «inédita emergencia» el periodo que se debió atravesar durante la pandemia de coronavirus fue «muy complejo», y concluyó: «Intentamos estar a la altura de las circunstancias, creando acciones y planes concretos que dejarán establecidos los pilares hacia adelante».


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¿Quién pagará los platos rotos de Milei?

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Atilio A. Boron

Por Atilio A. Boron

Javier Milei acaba de insultar groseramente, una vez más, al presidente colombiano Gustavo Petro. Desencajado, el presidente argentino persiste en sus ataques a propios y ajenos. Días atrás calificó a los miembros del Congreso de la Argentina como un “nido de ratas” (elegidas por la ciudadanía, conste); o a uno de sus ex compinches, Ricardo López Murphy como “traidor y basura”; y a su actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien en la campaña electoral la fulminó por ser una “montonera asesina”. 

Los insultos al Papa Francisco fueron de una bajeza poquísimas veces vista en la historia, y así podríamos seguir elaborando una interminable compilación de las excrecencias verbales de un personaje alucinado, que habita una realidad paralela, que habla con su perro muerto (en cuyos consejos se inspira) y que no tiene la más pálida idea de la responsabilidad institucional que le cabe como presidente de la Argentina y que debería inhibirle de decir la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, teniendo en cuenta que sus palabras y sus gestos destemplados e irrespetuosos comprometen las relaciones internacionales de nuestro país.

Ahora en el marco de la conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Maryland -un show propio de Las Vegas montado para apuntalar las ambiciones electorales de Trump– acaba de decir que el presidente Petro “está hundiendo a los colombianos, y que es una plaga letal” para los habitantes de ese gran país. Antes había declarado que aquél era un “asesino colombiano que está hundiendo a Colombia.” Petro, un personaje íntegro y de una ejemplar coherencia, no tiene necesidad que nadie lo defienda de los vómitos verbales del impresentable presidente argentino. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que éste sí está hundiendo a este atribulado país en una crisis integral, la cual día a día alimenta una “tormenta perfecta” que probablemente -insisto en lo probabilístico del pronóstico- termine por arrojar al energúmeno de la Casa Rosada a los basurales de la historia. No está demás afirmar que si hubiera un debate entre ambos presidentes sobre cuestiones económicas, sociales o internacionales Milei no resistiría más allá del segundo round, si se me permite la metáfora boxística, al ataque de Petro. Sería una fenomenal paliza la que sufriría el argentino.

La absoluta irresponsabilidad de Milei en los asuntos internacionales lo impulsa a proferir insultos a diestra y siniestra contra los presidentes de Colombia, Brasil, Cuba y Venezuela, para quedarnos sólo en la región; o la que también se manifiesta en el rechazo al ingreso al BRICS, el grupo más dinámico y promisorio de la economía mundial, lo que revela la supina ignorancia del personaje y de su Canciller en estas materias. A éstas habría que añadir el veto a la construcción del Canal Magdalena que otorgaría un acceso soberano de los ríos argentinos al Atlántico, sin pasar por Montevideo, hasta la política de indigna capitulación en el tema Malvinas, que tantas vidas costó a la juventud argentina. 

Exabruptos verbales que se traducen en gravísimos yerros políticos que este país deberá pagar por largos años, producto de las sombrías fantasías de Milei en torno a ese inexistente capitalismo sin estado que proponen los burdos hechiceros de la Escuela Austríaca y al hecho, crucial desde mi modesto punto de vista, que para el presidente ni la soberanía ni la nación son cuestiones de importancia. Sobre todo para quien, como él, cree que la nación no existe y que no pasa de ser una molesta enteleqeuia urdida por los colectivistas con el objeto de dar basamento al Estado, el verdugo de los mercados.


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