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El gobierno impulsa una ley que otorga beneficios a quienes se incorporen al monotributo

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La iniciativa reduce las cuotas mensuales con diferentes criterios según la categoría de inscripción

El Gobierno nacional presentó un proyecto de ley con una serie de incentivos para la formalización impositiva a través del monotributo, dirigido a sectores de la sociedad que por distintas razones están fuera del sistema.

La iniciativa lleva la firma del Ministro de Economía, Martín Guzmán, y fue girada al Congreso con fecha del 23 de diciembre bajo la denominación “Ley de creación del puente de inclusión fiscal al régimen simplificado para pequeños contribuyentes”.

La propuesta rebaja las cuotas para las diferentes categorías a través de la eliminación de algún componente de la cuota mensual o su reducción en porcentaje.

De esta forma se pretende un ingreso al sistema impositivo en forma gradual de allí la denominación de “sistema puente”.

El programa divide el menú de categorías: los segmentos “A”, “B” y “C” tendrán un tratamiento con rebajas directas y de la categoría “D” hacia arriba los descuentos serán en porcentajes.

Podrán adherir al nuevo sistema quienes inicien una nueva actividad o actualmente estén en la informalidad y los inscriptos en categorías A,B y C a partir del 20 de marzo de 2020. También podrán hacerlo los anotados en el monotributo social hasta categoría C e inscriptos en AFIP pero sin actividad en los últimos cinco años calendario.

De acuerdo a la norma girada al Parlamento, los monotributistas de las categorías A, B y C -desde enero facturan entre $466.202 y $970.203 anuales- dejarían de pagar el componente impositivo del monotributo, de manera permanente. En tanto, los primeros 24 meses no pagará el aporte previsional y del 25 al 48 abonará la mitad.

El pago del componente de salud será optativo.

Quienes se inscriban en la categoría D en adelante (ingresos a partir de $ 1.335.605​ anuales) no pagarán el componente impositivo los dos primeros años, abonarán 50% el tercer año y 75% el cuarto. A partir del quinto pagarán el valor pleno. El resto de los componente los pagarán en su totalidad.


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¿Quién pagará los platos rotos de Milei?

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Atilio A. Boron

Por Atilio A. Boron

Javier Milei acaba de insultar groseramente, una vez más, al presidente colombiano Gustavo Petro. Desencajado, el presidente argentino persiste en sus ataques a propios y ajenos. Días atrás calificó a los miembros del Congreso de la Argentina como un “nido de ratas” (elegidas por la ciudadanía, conste); o a uno de sus ex compinches, Ricardo López Murphy como “traidor y basura”; y a su actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien en la campaña electoral la fulminó por ser una “montonera asesina”. 

Los insultos al Papa Francisco fueron de una bajeza poquísimas veces vista en la historia, y así podríamos seguir elaborando una interminable compilación de las excrecencias verbales de un personaje alucinado, que habita una realidad paralela, que habla con su perro muerto (en cuyos consejos se inspira) y que no tiene la más pálida idea de la responsabilidad institucional que le cabe como presidente de la Argentina y que debería inhibirle de decir la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, teniendo en cuenta que sus palabras y sus gestos destemplados e irrespetuosos comprometen las relaciones internacionales de nuestro país.

Ahora en el marco de la conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Maryland -un show propio de Las Vegas montado para apuntalar las ambiciones electorales de Trump– acaba de decir que el presidente Petro “está hundiendo a los colombianos, y que es una plaga letal” para los habitantes de ese gran país. Antes había declarado que aquél era un “asesino colombiano que está hundiendo a Colombia.” Petro, un personaje íntegro y de una ejemplar coherencia, no tiene necesidad que nadie lo defienda de los vómitos verbales del impresentable presidente argentino. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que éste sí está hundiendo a este atribulado país en una crisis integral, la cual día a día alimenta una “tormenta perfecta” que probablemente -insisto en lo probabilístico del pronóstico- termine por arrojar al energúmeno de la Casa Rosada a los basurales de la historia. No está demás afirmar que si hubiera un debate entre ambos presidentes sobre cuestiones económicas, sociales o internacionales Milei no resistiría más allá del segundo round, si se me permite la metáfora boxística, al ataque de Petro. Sería una fenomenal paliza la que sufriría el argentino.

La absoluta irresponsabilidad de Milei en los asuntos internacionales lo impulsa a proferir insultos a diestra y siniestra contra los presidentes de Colombia, Brasil, Cuba y Venezuela, para quedarnos sólo en la región; o la que también se manifiesta en el rechazo al ingreso al BRICS, el grupo más dinámico y promisorio de la economía mundial, lo que revela la supina ignorancia del personaje y de su Canciller en estas materias. A éstas habría que añadir el veto a la construcción del Canal Magdalena que otorgaría un acceso soberano de los ríos argentinos al Atlántico, sin pasar por Montevideo, hasta la política de indigna capitulación en el tema Malvinas, que tantas vidas costó a la juventud argentina. 

Exabruptos verbales que se traducen en gravísimos yerros políticos que este país deberá pagar por largos años, producto de las sombrías fantasías de Milei en torno a ese inexistente capitalismo sin estado que proponen los burdos hechiceros de la Escuela Austríaca y al hecho, crucial desde mi modesto punto de vista, que para el presidente ni la soberanía ni la nación son cuestiones de importancia. Sobre todo para quien, como él, cree que la nación no existe y que no pasa de ser una molesta enteleqeuia urdida por los colectivistas con el objeto de dar basamento al Estado, el verdugo de los mercados.


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