Jorge Jara recorrió su historia en Río Turbio: recuerdos de los barrios, la familia y una comunidad que cambió con el tiempo

El vecino de Río Turbio repasó en Patagonia Nexo Streaming distintas etapas de su vida, desde la llegada de sus padres a la localidad y su infancia en los barrios Don Bosco, Las Margaritas y Los Pinos, hasta sus recuerdos del cine, el gimnasio Hugo Alberto Jerez, las olimpiadas y las familias que formaron parte de aquella comunidad. También reflexionó sobre los cambios sociales, la empresa y las expectativas que todavía permanecen en torno al futuro de la localidad.
Río Turbio09/09/2026Patagonia NexoPatagonia Nexo

Jorge

La memoria de un pueblo no siempre queda registrada en documentos oficiales. Muchas veces permanece en las voces de quienes lo habitaron, en los nombres de las familias, en los barrios, en los espacios que ya no existen y en aquellas pequeñas escenas cotidianas que, con el paso de los años, adquieren un valor diferente.

En una extensa entrevista realizada en Patagonia Nexo Streaming, Jorge Jara recorrió buena parte de su historia personal y familiar en Río Turbio. Lo hizo desde un lugar profundamente ligado a la memoria, pero también desde una mirada crítica sobre los cambios que atravesó la comunidad a lo largo de las últimas décadas.

A lo largo de la conversación aparecieron nombres, lugares, anécdotas y recuerdos de distintas generaciones. Pero detrás de cada relato surgió una idea central: la necesidad de conservar la historia de quienes construyeron la identidad de Río Turbio.

Una historia que comenzó antes de su nacimiento

Jara comenzó el recorrido por su propia historia familiar recordando a su padre, Manuel Jara, quien llegó a Río Turbio el 29 de julio de 1955, procedente de Chos Malal.

Según el escrito familiar que fue mencionado durante la entrevista, Manuel Jara había nacido el 11 de agosto de 1934 en una familia humilde. Su padre era albañil y él había cursado estudios primarios y dos años en una escuela monotécnica. Antes de llegar a Río Turbio había trabajado en la mina de San Eduardo.

Jorge jara

Su llegada a la localidad marcó el comienzo de una historia familiar que continuaría durante décadas.

Jorge nació en 1958, como primer hijo de Manuel y su esposa, y desde entonces su vida quedó vinculada a Río Turbio.

"Ahí empieza la historia con este gran señor y con la otra gran mujer, mi mamá", recordó durante la entrevista.

Desde esa perspectiva, la historia personal de Jara también se convierte en un relato sobre una generación que creció junto al desarrollo de la localidad.

Una infancia con poco, pero con espacios para ser feliz

Al hablar de su niñez, Jara hizo una comparación entre aquella época y la actualidad.

Los recursos y las posibilidades de entretenimiento eran diferentes, pero eso no impedía que los niños encontraran espacios para compartir y jugar.

La pelota, las bolitas, las chapitas y los juegos en los espacios abiertos formaban parte de la vida cotidiana.

"Con lo poco que teníamos, porque en realidad teníamos poco a comparación de lo que hay ahora, éramos felices", sostuvo.

La frase resume buena parte de su mirada sobre aquella etapa. No se trata, explicó, de rechazar el progreso ni de desconocer los cambios propios del paso del tiempo, sino de reconocer que existía una forma de relacionarse con el entorno que dejó una huella profunda.

"Está bueno que haya progresado todo, pero si te digo la verdad, qué felices que éramos con esas pocas cosas", expresó.

Aquella infancia estuvo atravesada por los barrios y por una vida comunitaria en la que las familias tenían un papel central.

Don Bosco, Las Margaritas y Los Pinos

La familia Jara comenzó su recorrido habitacional en el barrio Don Bosco, donde Jorge pasó parte de sus primeros años.

Luego, con el crecimiento de la familia, se trasladaron hacia el sector de Las Margaritas, hasta llegar posteriormente al barrio Los Pinos, donde permanecieron junto a sus padres.

La casa B2 de Los Pinos ocupa un lugar especial en su relato. Allí vivieron sus padres y actualmente permanece como un punto de encuentro familiar.

Jara destacó especialmente el papel de su hermana Graciela, quien quedó vinculada al cuidado de esa vivienda.

"En la casa B2 siempre nos reunimos", explicó, marcando cómo un espacio físico puede convertirse también en un punto de referencia para varias generaciones.

En su relato aparecieron numerosos apellidos y familias que fueron parte de aquellos barrios: Aravena, Becerra, Gómez, Villagrán, Cobaló, Morillo, Tolosa, Carrizo, Flores, Peralta, Lucero, Rivadaneira, González, Fernández, Ávila, Molina, Pérez, Rodríguez, Ricatti y Suárez, entre otros.

Más allá de la exactitud de cada recuerdo, el valor del testimonio está en mostrar la cantidad de vínculos que se construían alrededor de esos sectores de la localidad.

La tía Lucy y una memoria que todavía permanece

Entre los recuerdos que generaron mayor emoción durante la entrevista apareció el de doña Lucy, una mujer que para aquella generación terminó siendo conocida simplemente como "la tía Lucy".

Jara recordó las visitas de los niños a su casa y la manera en que ella los recibía.

Preparaba tortas, compartía alimentos y organizaba encuentros familiares. Para los chicos del barrio, aquella casa se transformaba en un lugar de encuentro.

"Tenía un amor impresionante", recordó Jara.

La conversación también permitió recuperar mensajes de personas que se encontraban fuera de Río Turbio y que seguían el programa desde Neuquén, Jujuy, El Calafate y Río Gallegos.

Entre esos mensajes aparecieron saludos de vecinos y antiguos compañeros que reconocieron los nombres mencionados durante la entrevista.

Ese intercambio mostró que la memoria de un barrio puede trascender ampliamente sus límites geográficos.

Personas que hoy viven a cientos de kilómetros continúan reconociéndose en los mismos nombres, las mismas calles y las mismas historias.

Los Pinos: casas, familias y recuerdos

El traslado al barrio Los Pinos significó otra etapa para la familia Jara.

Jorge recordó que la vivienda que le habían asignado a su padre todavía estaba incompleta y que fue él mismo quien decidió terminarla para poder instalar allí a su familia.

El entorno también era diferente al actual.

La zona cercana a la caldera del barrio Las Lengas estaba cubierta de ceniza. Según recordó, su padre comenzó a retirarla progresivamente utilizando máquinas, palas y carretillas.

Pero no se quedó solamente con la limpieza del terreno.

También plantó árboles.

Con el paso del tiempo, aquellos árboles se convirtieron en parte del paisaje del barrio y en otro elemento de la memoria familiar.

Jara destacó además que muchas de las viviendas de aquella época fueron construidas con características particulares y que varias de ellas todavía permanecen.

El relato permite observar cómo la construcción de una casa podía ser también la construcción de un proyecto familiar y de un lugar para permanecer durante décadas.

La calle como espacio de encuentro

En aquella época, los niños tenían diferentes lugares para encontrarse y jugar.

No necesariamente se necesitaban grandes instalaciones.

Un baldío, una cancha improvisada o un espacio libre eran suficientes para organizar un partido de fútbol.

Jara recordó especialmente los sectores donde actualmente se encuentran distintos barrios e instituciones y mencionó la cancha de Santa Flavia y otros espacios donde los chicos podían jugar.

"Encontrábamos un baldío ahí, ahí íbamos a jugar a la pelota", recordó.

En Los Pinos también surgieron iniciativas propias de los vecinos. Entre ellas, la formación de un equipo infantil de fútbol impulsado por Tito.

La camiseta elegida era la de Chacarita, un detalle que Jara recordó con especial entusiasmo.

Aquello demuestra que el deporte no era solamente una actividad recreativa: era una herramienta para generar vínculos, pertenencia y amistad entre los chicos del barrio.

El cine y los lugares que desaparecieron

Uno de los momentos más nostálgicos de la conversación estuvo relacionado con el antiguo cine de Río Turbio.

Para Jara, ese espacio fue mucho más que una sala donde se proyectaban películas.

Era un punto de encuentro para distintas generaciones.

Los fines de semana, especialmente durante la adolescencia, el cine formaba parte de una rutina que también incluía otros espacios sociales.

La jornada podía comenzar allí y continuar luego en lugares de reunión y baile.

"Ahí era el punto de encuentro que teníamos todos. Era parte del contexto social que había en ese momento", explicó.

También recordó distintos nombres vinculados al lugar y al entorno, así como el kiosco y los comercios que formaban parte de aquel paisaje.

Con el paso del tiempo, muchos de esos espacios dejaron de existir.

Y esa desaparición es uno de los aspectos que más tristeza le genera.

"¿Cómo puede ser que se haya perdido todas esas cosas?", planteó.

La reflexión no está relacionada solamente con edificios o instalaciones. Lo que se perdió, según su mirada, fueron también espacios de encuentro que formaban parte de la identidad colectiva.

El gimnasio Hugo Alberto Gerez y el deporte

Otro de los puntos centrales del recuerdo fue el gimnasio Hugo Alberto Gerez y todo lo que significó para aquella generación.

Jara recordó haber visto el proceso de construcción del complejo, incluyendo la pileta y distintas etapas de la obra.

Con el tiempo, ese lugar se convirtió en escenario de actividades deportivas y encuentros de la comunidad.

Allí aparecieron recuerdos vinculados al boxeo, el básquet, el fútbol y distintas disciplinas.

También recordó a profesores y referentes deportivos de aquella época, entre ellos César Zeta y Gerardo Mena.

"Grande, profe", expresó al recordar a quienes acompañaron su formación.

La conversación derivó luego hacia las tradicionales olimpiadas organizadas en el ámbito de la empresa, donde participaban distintos sectores.

Jara recordó particularmente las de 1978, cuando integraba un equipo de fútbol de salón en categoría cadetes.

El equipo de Mina B logró consagrarse campeón.

Aquellas competencias reunían a trabajadores y familias y tenían actividades deportivas y sociales.

Según el recuerdo de Jara, se trataba de acontecimientos que involucraban a buena parte de la comunidad.

Una comunidad organizada alrededor de la empresa

La entrevista también avanzó hacia una cuestión más profunda: el vínculo histórico entre Río Turbio y la empresa carbonífera.

Para Jara, esa relación continúa siendo determinante.

"El eje nuestro es la empresa", sostuvo.

En ese marco, recordó cómo los cambios producidos durante la década de 1990 modificaron profundamente la estructura social de la localidad.

El retiro voluntario significó, según su interpretación, la salida de numerosas familias, pero también de personas que tenían una participación activa en organizaciones sociales, gremiales y comunitarias.

A su entender, aquello produjo un cambio que trascendió lo laboral.

"En los 90 fue un antes y un después", afirmó.

La participación masiva que caracterizaba determinadas movilizaciones quedó, desde su perspectiva, modificada por ese proceso.

Jara consideró que el cambio del contexto social también produjo transformaciones en la forma de participación de los vecinos.

El carbón, la usina y las expectativas pendientes

La conversación ingresó entonces en uno de los temas más sensibles para Río Turbio: el futuro de la actividad carbonífera y las expectativas generadas alrededor de la usina termoeléctrica.

Jara recordó las expectativas que existieron en torno a la posibilidad de que Río Turbio pudiera generar y vender energía a otras localidades y provincias.

Sin embargo, expresó su decepción por lo que considera una falta de certezas respecto del presente y del futuro de ese proyecto.

"Me siento decepcionado, engañado", manifestó.

Su planteo no estuvo limitado a una cuestión política partidaria. Por el contrario, insistió en que su mirada parte de su condición de vecino y de la preocupación por las próximas generaciones.

Uno de los ejemplos que utilizó fue el de su sobrino nieto, un niño pequeño sobre cuyo futuro se preguntó.

"¿Qué futuro le espera a ese niño?", planteó.

La pregunta resume una preocupación que, en su relato, excede a una familia y alcanza a toda la comunidad.

"Falta más compromiso"

Jara también reflexionó sobre lo que considera una transformación en los valores y en los niveles de participación comunitaria.

En ese punto habló de identidad, compromiso y sentido de pertenencia.

Su mirada fue crítica, aunque aclaró que no pretendía ingresar directamente en una discusión política o gremial.

"Creo que falta mucho más amor propio, más identidad", señaló.

También sostuvo que existen cuestiones técnicas y productivas que deberían resolverse desde los ámbitos correspondientes y no quedar atravesadas exclusivamente por decisiones políticas.

Su preocupación alcanzó incluso a cuestiones concretas como el transporte del carbón, sobre el que manifestó su malestar ante la falta de certezas.

Para Jara, las discusiones vinculadas a la empresa no son un tema más para Río Turbio.

Forman parte de una cuestión estructural, porque buena parte de la historia económica y social de la localidad se construyó alrededor de esa actividad.

Recordar también es reconocer

Hacia el cierre de la entrevista, el tono volvió a ser personal.

Jara recordó a personas que fueron importantes en distintas etapas de su vida, entre ellas Sabina Paredes, Tati Moscoso y el Negro Oliveira.

Habló de amistades, compañeros y vecinos que dejaron una marca en su trayectoria.

En particular, recordó a Tati Moscoso, a quien definió como "mi gran amigo".

También expresó su reconocimiento hacia quienes lo acompañaron durante su vida y destacó especialmente a su esposa y a su familia.

"Soy un agradecido", repitió en distintos momentos de la conversación.

Ese agradecimiento apareció ligado a la familia, pero también a la posibilidad de llegar a una etapa de la vida en la que puede detenerse a mirar hacia atrás.

Un testimonio para las próximas generaciones

El cierre de la entrevista dejó una idea que atravesó prácticamente toda la conversación: la importancia de dejar registro de las historias personales para que puedan ser conocidas por quienes vienen después.

Jara consideró que los testimonios como el suyo pueden adquirir un valor diferente con el paso de los años.

Lo que hoy parece una simple anécdota puede convertirse mañana en una referencia para hijos, nietos y bisnietos que quieran conocer cómo era Río Turbio en otras épocas.

"Cuando los nietos o los bisnietos te mencionen, 'ah, mirá lo que dijo', eso dice algo bueno quedó", reflexionó.

En ese sentido, la entrevista funcionó como algo más que una conversación.

Fue un ejercicio de memoria.

Los barrios, las familias, los juegos, las escuelas, el cine, el deporte, las olimpiadas, la empresa, los amigos que ya no están y aquellos que viven lejos aparecieron como piezas de una misma historia.

Una historia que no está terminada y que continúa siendo construida por las nuevas generaciones.

La memoria como patrimonio comunitario

El valor de este tipo de testimonios está precisamente en esa posibilidad: recuperar la historia desde quienes la vivieron.

Jorge Jara no se presentó como historiador ni como investigador. Su aporte fue el de un vecino que atravesó distintas etapas de Río Turbio y que conserva en su memoria nombres, lugares y situaciones que forman parte de la identidad de la localidad.

Durante la entrevista, además, los mensajes enviados desde diferentes puntos del país demostraron que esa memoria no quedó limitada a quienes permanecieron en Río Turbio.

Quienes alguna vez compartieron un barrio, una escuela, un equipo de fútbol o una jornada familiar también se reconocieron en esas palabras.

Y allí aparece quizás uno de los aspectos más significativos del encuentro: recordar no solamente permite mirar hacia atrás, sino también comprender cómo una comunidad llegó hasta el presente.

Jara lo resumió desde un lugar personal, pero con una mirada que puede extenderse a toda una generación: tiene 68 años y, más allá de las dificultades atravesadas, valora la posibilidad de seguir contando lo vivido.

"¿Qué más puedo pedir? Que me dé salud para seguir para adelante hasta que Dios diga", expresó.

La entrevista cerró así, entre recuerdos, saludos y agradecimientos, pero también con una certeza: cada historia individual puede convertirse en una pieza de la memoria colectiva de Río Turbio.

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