Luis Omar Ortega - Autismo: “Contra la pedagogía del abandono”, el reclamo que se escuchó en Río Turbio

En el marco del 2 de abril, una reflexión surgida tras el paso por el Centro Cultural de Río Turbio pone el foco en el rol de las familias, cuestiona viejas teorías que las responsabilizaron por el autismo y reivindica el acompañamiento como parte fundamental del desarrollo y la autonomía.
Río Turbio05/04/2026Patagonia NexoPatagonia Nexo

En el marco del Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, el 2 de abril dejó en Río Turbio un mensaje que fue más allá de las consignas habituales. Bajo la premisa “Contra la pedagogía del abandono: las familias no vamos a retirarnos”, el Lic. Luis Omar Ortega planteó una mirada crítica hacia ciertos modelos históricos y actuales que, directa o indirectamente, han colocado a las familias en un lugar de sospecha dentro del acompañamiento de personas autistas.

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La reflexión apunta a prácticas y discursos que, durante décadas, promovieron la idea de que la presencia familiar podía obstaculizar la autonomía. Ese enfoque tiene uno de sus antecedentes más controvertidos en la teoría de la “madre nevera”, impulsada por Bruno Bettelheim, quien sostenía que el autismo surgía como una respuesta del niño frente a una madre emocionalmente distante. Aunque dicha teoría fue refutada científicamente, sus efectos culturales —según se plantea— todavía persisten en determinadas prácticas profesionales y miradas institucionales.

Desde esa perspectiva, el reclamo subraya que la autonomía no se construye en aislamiento, sino dentro de vínculos y redes de apoyo. Las familias, lejos de ser un obstáculo, cumplen un rol de mediación entre la persona autista y un entorno social que muchas veces resulta rígido o poco accesible. El acompañamiento parental, se sostiene, no implica dependencia sino cuidado, interpretación del contexto y apertura de oportunidades.

La reflexión también recupera la idea de las “líneas abismales” del sociólogo Boaventura de Sousa Santos, señalando que el conocimiento técnico e institucional suele imponerse sobre los saberes construidos desde la experiencia cotidiana. En ese sentido, se reivindica el conocimiento que nace del vínculo familiar, de la convivencia y de la observación diaria, como parte legítima del proceso de acompañamiento.

El mensaje central es claro: las familias no son el problema, sino parte de la solución. Se cuestiona el uso del concepto de autonomía cuando se traduce en retiro o abandono simbólico y se propone una visión donde la independencia se construye con apoyo, reconocimiento y relaciones que evolucionan a lo largo del tiempo.

El planteo concluye con una definición contundente: nadie debería atravesar el mundo completamente solo para demostrar autonomía. Acompañar, lejos de impedir el desarrollo, es —según Ortega— hacer posible la vida compartida y avanzar hacia una comunidad que comprenda el autismo como una forma diversa de habitar el mundo.

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