
Los intereses de Estados Unidos sobre el continente americano
Patagonia Nexo
Uno de los pilares históricos de esta política es la Doctrina Monroe (1823), sintetizada en la idea de “América para los americanos”, que en la práctica significó la exclusión de potencias extrahemisféricas y la consolidación de la influencia estadounidense sobre América Latina. Con el paso del tiempo, este principio se tradujo en intervenciones diplomáticas, económicas, políticas y militares en distintos países de la región.
En el plano económico, el continente representa una fuente clave de recursos estratégicos: petróleo, gas, litio, minerales críticos, agua dulce y biodiversidad. Países como Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia y México concentran riquezas naturales esenciales para la transición energética y la industria tecnológica global, lo que explica el interés permanente de Washington en incidir sobre sus decisiones políticas y modelos de desarrollo.
Desde el punto de vista geopolítico, Estados Unidos busca evitar la expansión de la influencia de China y Rusia en América Latina. La presencia de inversiones chinas, acuerdos energéticos, infraestructura y cooperación militar con gobiernos latinoamericanos es vista por Washington como una amenaza directa a su hegemonía regional. En ese marco, el discurso sobre “democracia”, “derechos humanos” o “países fallidos” suele funcionar como herramienta de presión política y diplomática.
La seguridad hemisférica es otro eje central. Bajo este argumento, Estados Unidos justifica su injerencia en nombre de la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, la migración irregular y el crimen organizado. Sin embargo, estas políticas han derivado en la militarización de territorios, acuerdos de cooperación asimétricos y una fuerte dependencia de las fuerzas locales respecto de la asistencia estadounidense.
En el caso de Venezuela, la presión se explica tanto por su peso energético como por su alineamiento político fuera de la órbita de Washington. Las sanciones, amenazas y operaciones de aislamiento forman parte de una estrategia más amplia orientada a condicionar gobiernos que no responden a los intereses estadounidenses.
En síntesis, los intereses de Estados Unidos sobre el continente americano no responden a episodios aislados, sino a una estrategia de largo plazo: asegurar recursos, mantener influencia política, bloquear a potencias rivales y sostener su rol dominante en el hemisferio occidental. Frente a este escenario, América Latina enfrenta el desafío de defender su soberanía, fortalecer la integración regional y construir márgenes reales de autonomía en un mundo cada vez más multipolar.


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