
Se rebelan los senadores y la reforma laboral queda en suspenso: “Basta de latigazos”

La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional sufrió un freno inesperado —pero contundente— en el Senado. Esta vez, no fue la oposición quien puso el límite, sino los propios senadores aliados, que se rebelaron ante la presión del Ejecutivo y dejaron en claro un mensaje político directo: sin Presupuesto, no hay reforma laboral.
La ministra Patricia Bullrich había convocado este jueves a una reunión con senadores, luego de la cumbre en Casa Rosada, con la intención de acelerar el dictamen y llevar la iniciativa al recinto de manera inmediata. El objetivo era claro: aprobar la reforma antes de fin de año, incluso en los días posteriores a Navidad.
Sin embargo, la estrategia chocó contra una pared. Legisladores de la UCR, el PRO y bloques provinciales aliados se plantaron y rechazaron avanzar en la reforma laboral sin antes debatir y aprobar el Presupuesto Nacional. “Sin presupuesto no sale la reforma laboral”, fue la frase que se repitió en los pasillos del Senado y que sintetizó el malestar creciente dentro del propio esquema de gobernabilidad libertario.
Bullrich intentó convencerlos asegurando que el Ejecutivo tenía garantizados los fondos para el funcionamiento del Senado, utilizando esa promesa como incentivo para avanzar con la reforma. Pero la maniobra no alcanzó. El desgaste político, sumado al rechazo por el método y el contenido de la iniciativa, terminó de quebrar el respaldo.
La situación se agravó tras la sesión de la madrugada del viernes, cuando el tratamiento del Presupuesto ya había dejado expuesta otra derrota para el Gobierno, que ahora corre el riesgo concreto de cerrar el año sin Presupuesto aprobado.
Ante el escenario adverso, Bullrich no tuvo más opción que retroceder. Anunció públicamente que el debate de la reforma laboral se postergará para febrero, intentando mostrar control de la agenda. “Habemus dictamen de reforma laboral”, escribió en redes sociales, en un mensaje que fue leído más como un intento de control comunicacional que como un triunfo político real.
En los hechos, la postergación confirma lo que ya se percibe en el Congreso: los aliados están cansados de las imposiciones, los aprietes y el ajuste sin red. “Basta de latigazos”, deslizó un senador, reflejando el hartazgo frente a un gobierno que exige disciplina sin ofrecer consensos ni previsibilidad.
La reforma laboral, una de las banderas centrales del oficialismo, quedó así atrapada en su propia fragilidad política. Sin Presupuesto, sin mayorías firmes y con aliados en rebeldía, el Gobierno vuelve a chocar con los límites del Congreso y paga el costo de una estrategia basada más en la presión que en la construcción política.
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