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La imagen de Milei también sufre ajuste y licuadora

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Sólo conserva diferencial positivo en 3 de 24 distritos: Tigre, San Isidro y Vicente López. La contracara son los intendentes, con gestiones aprobadas.  

La imagen del presidente Javier Milei sufrió en febrero una fuerte caída en los 24 distritos del conurbano, respecto de la medición anterior de la misma serie, en el mes de enero. Las caídas van de los 5 a los 8 puntos según en distrito y Milei sólo conserva diferencial positivo en tres partidos.

El dato se desprende de un reciente estudio elaborado por la firma CB Consultores, que pertenece al politólogo Cristian Buttie. Desde el año pasado, CB realiza una serie, es decir una medición periódica de la imagen de distintos dirigentes, que le permite observar tendencias, movimientos y evoluciones.

Habitualmente aplica esta metodología para medir a gobernadores y a intendentes del conurbano. En esta ocasión, y por segunda vez, mide en esos mismos distritos la imagen presidencial, lo que permite establecer la primera comparación. El sondeo se realizó entre los días 13 y 17 de febrero pasados, sobre una base de 15 mil casos, a partir de un cuestionario on line.

El presidente, a 70 días de iniciado su mandato sólo conserva diferencial positivo en Tigre, San Isidro y Vicente López, tres distritos del cordón norte, que concentran una importante cantidad de población de alto poder adquisitivo. Pero también acá registró caídas: en Tigre su aprobación cayó de 57 a 52, en San Isidro de 58,6 a 51,8 y en Vicente López de 50,7 a 44,5.

Los distritos donde le va peor son Almirante Brown, Avellaneda y Malvinas Argentinas. En el partido gobernado por Mariano Cascallares, Milei tiene 61,2 de imagen negativa y 33 de positiva, casi la mitad. En los pagos de Jorge Ferraresi, 60 y 34 respectivamente y en los de Leonardo Nardini, 59 y 36. Sin embargo, la caída más abrupta se registró en Moreno. Allí, en la medición anterior, registraba 45 puntos, que cayeron en un mes a 37.

La pérdida de apoyo es el correlato del acelerado deterioro de las condiciones de vida en el conurbano más importante del país, que se extiende desde el Riachuelo y la General Paz, en forma semicircular, hasta la ruta 6.

Pero, a la vez, es el aspecto más visible de un fenómeno que se extiende al resto de los grandes conglomerados, como los que rodean a las ciudades de Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán y Mar del Plata, entre otras.

La conclusión contrasta con otra que surge del mismo estudio. En esos mismos distritos, los intendentes tienen diferenciales positivos, que van de los 2 puntos a los 37, a pesar de que muchos de ellos llevan sobre sus espaldas el desgaste de una o más gestiones.

Los intendentes de todo el país y de todas las fuerzas políticas, a través de la organización que los nuclea, la Federación Argentina de Municipios, que preside el matancero Fernando Espinoza, presentaron la semana pasada un pedido de reunión con el presidente, que todavía no obtuvo respuesta. El silencio oficial incrementa el malestar.

Los números coinciden con lo detectado a principios de febrero por un estudio de Proyección, la consultora de Manuel Zunino y Santiago Giorgeta. Ya entonces, más de la mitad de los bonaerenses encuestados, el 52,4, tenía una imagen negativa de la gestión del actual gobierno.

Cuando se preguntaba, más específicamente sobre el rumbo económico, los apoyos al presidente liberal libertario caían drásticamente al 25,9 por ciento. 

Postales de la crisis

En los últimos días, se volvió cada vez más frecuente ver a los pasajeros, en horario pico, saltar los molinetes para tomar el tren, ante la resignada pasividad de los guardias de seguridad. Algunos analistas recuerdan que esa imagen fue la que dio inicio a las revueltas contra el gobierno de Sebastián Piñera en Chile, en 2019.

Sin embargo, este miércoles los pasajeros no pudieron ni siquiera saltar el molinete para ir a trabajar. No hubo servicio de ferrocarril por una medida de fuerza de La Fraternidad, en reclamo de mejoras salariales, que tuvo un acatamiento casi total.

La otra preocupación que afecta hoy a las familias, en el conurbano y en casi todo el país, es la incertidumbre respecto del inicio de clases, que habitualmente se da a principios de marzo. 

El gobierno dijo cosas contradictorias respecto a la paritaria docente. Aunque en principio se negaba, finalmente la convocó. 

Sin embargo, el antecedente fallido del reciente Consejo del Salario, en el que los representantes gubernamentales no hicieron ningún esfuerzo por alcanzar un acuerdo de partes y terminó dando un aumento del 35 por ciento en lugar del 85 pedido por los dirigentes sindicales, y su constante prédica antigremial, hacen que las agrupaciones docentes concurran con escasas expectativas.

A la vez, algunas provincias judicializan su reclamo por el Fondo de Incentivo Docente (FONID), con el que el gobierno nacional complementaba el ingreso de los trabajadores de la educación. El diputado nacional bonaerense Máximo Kirchner, de acuerdo con el gobernador Axel Kicillof, presentó un proyecto para garantizar el flujo de fondos por ley. 

El titular de la Asociación de Supermercados, Juan Vasco, declaró que “hay que remontarse al 2001 para ver una caída tan abrupta, pero con la particularidad de que hoy no se perdieron clientes: con la misma cantidad de tickets no se compra la misma cantidad de productos”. 

A este escenario, ya dramático, se le sumarán en breve los anunciados aumentos en las tarifas de servicios públicos, primero de electricidad y luego de gas.

La contracara de esta licuación de capital político y, en buena medida, la explicación de la buena performance de los intendentes, hay que buscarla por el lado de las multisectoriales.

Estos armados amplios, impulsadas por la CGT y las CTA en sintonía con los jefes de gobierno locales, reúnen y contienen a los agredidos por la motosierra y la licuadora presidencial, de trabajadores y jubilados a pymes, comercios y asociaciones de niñez y discapacidad. 

La explicación de por qué responsabilizan de la catástrofe al Presidente y no a los intendentes o al gobernador, es la rápida reacción política de estos últimos .

La CGT evalúa convocar a un nuevo paro general, a menos de un mes de la medida del pasado 24 de enero, contra la fallida ley ómnibus y el DNU 70/2023, cuya validez el legislativo todavía debe tratar a la brevedad.


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Israel, Irán y la dinámica de lo imprevisible

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Daniel Kersffeld

Por Daniel Kersffeld

Después del ataque terrorista de Hamas el pasado 7 de octubre y de la posterior ofensiva bélica en el territorio de Gaza, la actual confrontación entre Israel e Irán amenaza con convertirse en un hito decisivo en la historia de Medio Oriente, con preocupantes ramificaciones a nivel global.  

Aunque una gran parte de los países europeos y americanos respaldaron a Israel de la reciente agresión con drones y misiles por parte del régimen chiita, eso no oculta ni encubre el aislamiento cada vez mayor en el que se encuentra el gobierno de Benjamin Netanyahu.

Si para las naciones tradicionalmente aliadas, Estados Unidos y Reino Unido, la avanzada israelí en contra de la población palestina resultaba difícil de admitir, la reciente muerte de siete trabajadores humanitarios de la ONG World Central Kitchen por misiles israelíes se convirtió en un llamado de atención directo respecto a los límites que el gobierno de Netanyahu estaba cruzando en medio del fragor de la guerra.

En las actuales circunstancias, el firme respaldo a Israel se convierte en un factor decisivo para los intereses de las principales potencias occidentales.

Pero son cada vez más evidentes las críticas, tanto internas como externas, contra un gobierno que por medio de su accionar bélico demuestra más capacidad para regular los tiempos y administrar su permanencia en el poder que efectividad en el rescate de los más de cien secuestrados que todavía están en manos de Hamas.

En Estados Unidos, demócratas y republicanos lamentan que este conflicto se presente en medio de una campaña electoral extremadamente compleja y, sobre todo, impredecible. Ambos partidos han tratado de capitalizar la crisis en Medio Oriente con suerte dispar pero temiendo una escalada de consecuencias desconocidas.

Joe Biden ha debido hacer malabares, no siempre de manera exitosa, para sostener su postura en contra de Netanyahu y del sesgo adquirido por la ofensiva militar en Gaza. Con una campaña cuesta arriba, intenta hacer equilibrio tratando de no provocar el alejamiento de buena parte de su electorado judío y progresista que, si bien todavía se mantiene leal al Partido Demócrata, suele reaccionar vivamente cuando las críticas apuntan a la política defensiva encarada por Israel.

Por otra parte, y si bien en un principio se podrían señalar las afinidades y coincidencias ideológicas entre Netanyahu y Donald Trump, lo cierto es que su relación está construida en base a resquemores y a la desconfianza mutua. Para el candidato republicano, Netanyahu es un factor de perturbación en Medio Oriente, a quien seguramente preferiría fuera del gobierno si es que vuelve a asumir la primera magistratura en Estados Unidos en enero del 2025.

Más allá del impacto político que la crisis podría provocar en los Estados Unidos, tampoco parecería beneficiar a Rusia. Si desde Washington pudieron mantener una tibia satisfacción al notar los esfuerzos que Moscú deberá llevar adelante para pacificar su tradicional área de influencia, la acción en solitario de Teherán podría en cambio descolocar toda labor posterior para encausar el conflicto en carriles más previsibles.

Es cierto que el conflicto con Ucrania ha sido útil para que Rusia e Irán reforzaran una añeja alianza militar, pero la inevitable respuesta israelí podría desequilibrar a Siria, una de las principales bases despliegue del gobierno de Vladimir Putin en Oriente Medio.

Con todo, desde Occidente esperan no sin cierta expectativa la labor diplomática que pueda ser encarada desde Moscú, ya que Rusia es tal vez el único país con un nivel de influencia apreciable capaz de entablar un diálogo convincente con el régimen chiita pero también con la administración israelí, dadas la histórica relación establecida entre Putin y Netanyahu a partir de determinadas miradas y diagnósticos coincidentes en torno a la política internacional y a la geopolítica regional.

La otra nación sobre la que existe cierto optimismo por las negociaciones que pueda llevar adelante es China, cuyo gobierno mantiene una influencia importante sobre Irán, especialmente, desde que el año pasado favoreció el establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado persa y Arabia Saudita, los principales rivales en el espacio de religioso y político del islam.

En las últimas horas, varios gobiernos occidentales (incluso los de Estados Unidos y Reino Unido) se comunicaron con Beijing, aprovechando la dependencia del petróleo y el gas proveniente de Irán, y el hecho de que el régimen de los ayatolas ha devenido una pieza fundamental en la expansión económica y comercial de China hacia los mercados europeos.

Pese al aislamiento en que se encuentra y a las presiones de los gobiernos occidentales, Netanyahu todavía se mantiene en el poder gracias a su indudable capacidad para mantener unida a su coalición de gobierno.

Sostenido por 64 de los 120 escaños de la Knesset, el gobierno está construido a partir de una alianza centralizada en el Likud y que además incluye a partidos ultraortodoxos y las vertientes ultranacionalistas lideradas por el ministro de seguridad nacional Itamar Ben-Gvir y por el ministro de finanzas Bezalel Smotrich.

Lo fundamental hoy para Netanyahu es que la coalición se mantenga unida hasta que su mandato oficialmente concluya en 2026. Si la prioridad es la atención económica a los judíos ortodoxos, su principal base electoral, también es consciente de que cualquier concesión a los palestinos podría detonar el alejamiento de la extrema derecha y la pérdida de la mayoría parlamentaria que lo sustenta en el poder.

Más allá de la fortaleza exhibida hasta ahora, Netanyahu sabe que podría ser destituido sin elecciones, mediante un voto de censura en la Knesset. Pero para eso requeriría que al menos cinco legisladores dentro de su coalición votaran en su contra, y que junto al resto de los parlamentarios de la oposición se pusieran de acuerdo sobre un candidato para asumir el cargo de Primer Ministro.

Se trata de una eventualidad que, al menos hasta la actual crisis con Irán, era observada como una posibilidad remota en Israel. En todo caso, habrá que ver si el desencadenamiento de los hechos y la imprevisibilidad de un conflicto que mantiene en vilo a todo el mundo finalmente no acelera los tiempos en contra de la permanencia en el poder de Netanyahu.


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