
Marcelo Cortez: una vida dedicada a la música, la enseñanza y el crecimiento cultural de Río Turbio
Patagonia Nexo
Hablar de Marcelo Cortez es recorrer buena parte de la historia musical reciente de Río Turbio. Baterista, docente, director y uno de los impulsores de distintos proyectos de formación artística en la Cuenca Carbonífera, construyó una trayectoria que trascendió las fronteras de Santa Cruz sin perder nunca el vínculo con el lugar que eligió para desarrollar su vida.
Durante una extensa entrevista, Cortez repasó recuerdos, anécdotas y decisiones que fueron marcando su camino. Lo hizo con la misma sencillez con la que habla de la música: entendiendo que el verdadero logro no pasa únicamente por los escenarios recorridos, sino por la posibilidad de abrirles el camino a quienes vienen detrás.
"Siempre traté de mejorar musicalmente y de dejarles algo a los demás. Esa fue mi idea desde el principio."
Un niño que encontró su vocación detrás de una batería
Aunque pasó parte de su infancia en Mendoza, Marcelo asegura que Río Turbio es su lugar en el mundo. De muy pequeño dejó la localidad junto a su familia y regresó siendo adolescente, llevando consigo una pasión que había descubierto a los nueve años.
Fue en una iglesia bautista donde vio tocar por primera vez a un baterista que despertó su curiosidad. Desde ese momento comenzó a estudiar, primero con profesores locales y luego de manera constante durante toda su vida.
"Hasta el día de hoy sigo estudiando. Nunca dejé de prepararme porque siento que siempre hay algo nuevo para aprender."
Cuando finalmente tuvo su primera batería, entendió que aquello iba mucho más allá de un pasatiempo.
"Ahí cambió todo. Tener el instrumento en casa me permitió practicar todos los días y empezar a construir mi propio camino."
Volver a Río Turbio y descubrir un nuevo desafío
El regreso a la Cuenca Carbonífera significó un cambio profundo. Marcelo recuerda que pasó de vivir en una ciudad como Mendoza a encontrarse con una localidad mucho más pequeña y alejada de los grandes centros culturales.
Con el paso de los años comprendió que esa aparente desventaja podía transformarse en una oportunidad.
"Cuando era joven pensaba que desde acá era muy difícil crecer. Hoy me doy cuenta de que desde un lugar donde parecía que no había nada también se pueden hacer cosas muy importantes."
Esa reflexión terminaría definiendo gran parte de su carrera.
El reconocimiento que abrió las puertas del mundo
Después de años de estudio llegó una oportunidad que cambiaría su vida. Participó de un concurso nacional de bateristas enviando un video grabado en formato VHS, casi sin imaginar las consecuencias que tendría aquella decisión.
Fue distinguido como baterista revelación, reconocimiento que lo llevó a participar de clínicas musicales y, posteriormente, a integrar una gira por Europa junto al músico Guillermo Terrazas.
Durante ese recorrido visitó Italia, Austria y Suiza, compartiendo escenarios y conociendo una realidad muy diferente respecto del lugar que ocupa la música dentro de la sociedad.
"Allá al músico se lo respeta como cualquier otro profesional. Eso me hizo entender la importancia que tiene el arte cuando una sociedad realmente lo valora."
Sin embargo, lejos de quedarse en el exterior o concentrarse exclusivamente en su crecimiento profesional, eligió regresar.
La decisión que cambió su carrera
Quizás el momento más importante de su historia no fue una gira ni un reconocimiento, sino una elección.
Cuando comenzaron a gestarse los proyectos de educación musical en Río Turbio, Marcelo decidió relegar parte de su carrera artística para trabajar en la formación de nuevos músicos.
"Por ese proyecto dejé muchas cosas personales. Podría haber seguido viajando o grabando discos, pero preferí quedarme para construir una escuela."
Aquella decisión dio origen a un proceso que con el tiempo permitió el crecimiento de espacios de enseñanza musical en la Cuenca Carbonífera.
Junto a otros docentes y músicos impulsó proyectos que derivaron en escuelas, orquestas y ensambles donde hoy se forman niños, adolescentes y adultos.
Los Drumfest y el sueño de acercar la música a la Patagonia
Uno de esos proyectos fueron los Drumfest, encuentros que reunieron en Río Turbio a destacados bateristas del país.
Aquellas jornadas permitieron que muchos jóvenes pudieran compartir experiencias con músicos reconocidos sin necesidad de viajar a grandes ciudades.
"Queríamos achicar las distancias. Que los chicos pudieran tener frente a frente a músicos que normalmente sólo podían ver en Buenos Aires."
Durante esos encuentros participaron artistas de gran trayectoria y referentes nacionales, convirtiendo a Río Turbio en un punto de encuentro para bateristas de distintos lugares del país.
La enseñanza como verdadera vocación
Aunque continúa perfeccionándose como músico, Marcelo reconoce que hoy su mayor satisfacción está en la docencia.
Asegura que su objetivo siempre fue generar oportunidades que su propia generación no tuvo.
"Yo tuve que irme del pueblo para estudiar. Hoy los chicos pueden hacerlo acá y eso para mí vale muchísimo."
Actualmente participa en proyectos educativos vinculados a la música académica, las orquestas y las Big Band de jazz, una propuesta poco habitual incluso en ciudades de mayor tamaño.
"Hay cosas que hacemos acá que en otros lugares no existen. Hoy un chico puede decir 'quiero tocar jazz' y tiene un espacio para aprender."
La tecnología como aliada
Lejos de ver a las nuevas tecnologías como una amenaza, considera que representan una herramienta que facilita el acceso al conocimiento.
Tutoriales, clases virtuales y plataformas digitales permiten hoy que cualquier estudiante complemente su formación.
"Estoy a favor de la tecnología. Todo depende del uso que le demos. Hoy un chico puede aprender muchísimo desde su casa si tiene ganas de estudiar."
Sin embargo, remarca que ninguna herramienta reemplaza el estudio constante.
"Uno puede hacer la música que quiera, pero primero tiene que ser un buen músico. Después elegirá el estilo que más le guste."
Una ciudad con oportunidades musicales
Uno de los aspectos que más orgullo le genera es observar la transformación que vivió Río Turbio desde aquellos años en los que prácticamente no existían espacios de formación artística.
Hoy la localidad cuenta con orquestas, coros, ensambles, propuestas de música popular, latinoamericana y jazz, además de una amplia oferta instrumental.
"Hoy en Río Turbio podés aprender violín, saxofón, trompeta, charango, percusión o integrar una orquesta. Eso antes parecía imposible."
Para Cortez, ese crecimiento no pertenece a una sola persona, sino al esfuerzo colectivo de docentes, instituciones, familias y alumnos.
El papel de las familias y el desafío de sostener los proyectos
El músico también destacó el acompañamiento permanente de los padres, a quienes considera fundamentales para que cualquier proyecto educativo tenga continuidad.
"Los padres son una parte esencial. Ningún proyecto puede sostenerse solamente desde una institución."
Aunque reconoce que las dificultades económicas muchas veces condicionan el desarrollo cultural, sostiene que el verdadero desafío aparece una vez que los proyectos ya fueron creados.
"Lo difícil no es generar un proyecto, sino sostenerlo en el tiempo. Ahí está el verdadero trabajo."
La música como espacio para todas las edades
Actualmente también desarrolla actividades destinadas a adultos mayores, quienes encuentran en la música una nueva forma de aprendizaje y socialización.
Con humor, cuenta que uno de esos grupos incluso eligió llamarse "Los Crocantes", demostrando que nunca es tarde para comenzar a tocar un instrumento.
Un legado que mira hacia el futuro
A lo largo de la entrevista, Marcelo Cortez dejó en claro que nunca buscó únicamente crecer como músico. Su mayor objetivo fue construir oportunidades para otros.
Hoy, después de décadas de estudio, escenarios, giras y proyectos educativos, entiende que el verdadero éxito no está solamente en el reconocimiento personal, sino en ver a nuevos jóvenes desarrollarse sin tener que abandonar Río Turbio para perseguir sus sueños.
"Si hoy un chico puede estudiar música acá, tocar en una orquesta o aprender el instrumento que le gusta sin irse del pueblo, siento que todo el esfuerzo valió la pena."


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