Empresas y provincias protagonizan un boom de financiamiento en dólares: ¿puede Santa Cruz quedarse afuera?

Mientras compañías como Mastellone, YPF, Arcor y Telecom recurren al financiamiento en dólares para expandirse, sectores de la oposición santacruceña continúan rechazando una herramienta que hoy utilizan empresas y gobiernos de todo el país para invertir y desarrollarse.
Provinciales21/06/2026Patagonia NexoPatagonia Nexo

La reciente decisión de Mastellone Hermanos de avanzar en la búsqueda de financiamiento en dólares volvió a poner sobre la mesa una realidad que atraviesa a gran parte de la economía argentina: el crédito se convirtió nuevamente en una herramienta central para financiar inversiones, ampliar capacidad productiva y sostener planes de crecimiento.

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La empresa láctea se suma a una larga lista de compañías que durante los últimos meses recurrieron al mercado de capitales para obtener recursos destinados a inversiones estratégicas. YPF, Arcor, Pampa Energía, Telecom y numerosas firmas líderes utilizan habitualmente el financiamiento como parte de sus planes de expansión.

La explicación es sencilla. Mientras las tasas de financiamiento en pesos rondan actualmente el 45% anual, el crédito en dólares puede conseguirse cerca del 6,5%. Para cualquier empresa que busca desarrollar proyectos de mediano y largo plazo, la diferencia es determinante.

Pero el fenómeno no se limita al sector privado.

Durante los últimos meses, provincias de distintos signos políticos avanzaron en emisiones de deuda y esquemas de financiamiento para sostener obras de infraestructura, mejorar servicios públicos y ejecutar proyectos estratégicos para sus comunidades.

En otras palabras, mientras gran parte del país utiliza el financiamiento como una herramienta para crecer, en Santa Cruz algunos sectores políticos siguen discutiendo si esa herramienta debería siquiera existir.

La situación resulta llamativa porque buena parte de la oposición provincial mantiene una postura crítica frente a cualquier esquema de financiamiento externo, aun cuando la realidad económica actual muestra que se trata de una práctica habitual tanto en el sector público como en el privado.

Las principales empresas argentinas toman financiamiento en dólares. Las provincias buscan financiamiento para ejecutar obras. Incluso gobiernos de distintos signos políticos recurren al crédito cuando las condiciones financieras son favorables y los recursos se destinan a proyectos concretos de desarrollo.

La pregunta entonces surge naturalmente: ¿por qué una herramienta que resulta válida para empresas privadas, provincias y gobiernos de todo el país parece convertirse en un problema únicamente cuando se discute en Santa Cruz?

Más aún cuando los propios antecedentes de la provincia muestran una realidad distinta a la que hoy pretende instalar parte de la oposición.

Durante gestiones anteriores, Santa Cruz también aprobó mecanismos de financiamiento y endeudamiento para afrontar necesidades de inversión y funcionamiento del Estado. Sin embargo, quienes hoy cuestionan cualquier posibilidad de acceso al crédito parecen olvidar esos antecedentes cuando se trata de debatir las necesidades actuales de la provincia.

El punto central es que el financiamiento, por sí mismo, no es bueno ni malo.

Lo que determina su conveniencia es el destino de los recursos, la capacidad de repago y el impacto que generan las inversiones realizadas.

Nadie cuestiona que una empresa tome un crédito para ampliar una planta industrial. Tampoco resulta extraño que una provincia busque financiamiento para construir hospitales, escuelas, rutas o infraestructura energética.

Por eso, el debate que hoy atraviesa Santa Cruz parece tener más componentes políticos que económicos.

Mientras el resto del país aprovecha condiciones financieras más favorables para invertir y crecer, algunos sectores continúan aferrados a posiciones que desconocen cómo funcionan actualmente los procesos de financiamiento para el desarrollo.

La experiencia internacional demuestra que los procesos de crecimiento suelen estar acompañados por inversión, crédito y financiamiento. Renunciar de antemano a esas herramientas implica limitar las posibilidades de desarrollo y retrasar obras e infraestructura que la sociedad demanda.

Por eso la discusión de fondo no debería centrarse en si existe o no financiamiento.

La verdadera pregunta es otra.

Si las principales empresas argentinas utilizan crédito en dólares para expandirse, si las provincias recurren al financiamiento para ejecutar obras y si el acceso al capital es una práctica habitual en todo el mundo, ¿por qué la oposición insiste en negar para Santa Cruz la misma herramienta que otros utilizan para generar desarrollo?

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