El enfriamiento del turismo de compras argentino: una señal de alerta para Magallanes y el sur chileno

El sur de Chile, y en particular la Región de Magallanes, está sintiendo un cambio que muchos preferían no ver: el enfriamiento del turismo de compras argentino, ese motor que durante años sostuvo buena parte del comercio local y que, en los momentos más difíciles, funcionó como un verdadero salvavidas económico.

Río Turbio22/11/2025Patagonia NexoPatagonia Nexo
dos

Las alertas llegaron desde arriba. Falabella reconoció ante analistas que la contribución del visitante argentino cayó uno o dos puntos porcentuales en sus ventas totales. Lo mismo indicaron los gremios del sector, que observan indicadores cada vez más débiles, especialmente en las zonas fronterizas que dependen del flujo constante de consumidores provenientes de Río Gallegos, Río Grande, Ushuaia y El Calafate.

Magallanes, en el centro del impacto


Si hay un territorio donde este fenómeno golpea con fuerza, es Magallanes, región históricamente vinculada a la economía transfronteriza. No es exagerado decir que miles de comercios —desde supermercados hasta outlets, pasando por estaciones de servicio, casas de tecnología y los locales de Zona Franca— dependen de un argentino que cruza la frontera para llenar el carrito, abastecerse o aprovechar la diferencia de precios.

Ese comportamiento hoy está cambiando. La brecha cambiaria más estrecha, la pérdida de poder adquisitivo en Argentina y la necesidad de priorizar gastos hacen que el turista de compras ya no llegue con la misma intensidad. La Cámara Nacional de Comercio (CNC) advierte un menor dinamismo en las ventas presenciales y proyecta que esto podría dejar huellas claras en el desempeño del cuarto trimestre.

Un fenómeno que no es derrumbe, pero sí un síntoma


Desde la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) aportan un matiz: no se trataría de un desplome, sino de una desaceleración luego de un 2024 excepcionalmente alto. Sin embargo, aun con esa mirada más optimista, las señales no dejan de ser preocupantes.

El comercio mira con cautela. En Magallanes saben que las cifras del último trimestre serán decisivas para evaluar la magnitud del impacto, especialmente en sectores sensibles como tecnología, vestuario, combustibles y Zona Franca.

A eso se suman factores coyunturales que agravan la foto:

días de ventas perdidas por cierres obligados durante las jornadas electorales;
una comparación estadística difícil contra un año anterior “inflado”;
y un turismo argentino que ya no aparece con la fuerza habitual.
¿Qué futuro se anticipa?


Este enfriamiento abre un debate incómodo pero necesario: ¿hasta qué punto la Región de Magallanes puede seguir dependiendo del gasto argentino como motor estructural?


La experiencia reciente demuestra que la economía local se volvió demasiado sensible a los ciclos económicos del país vecino. Lo que ocurre hoy podría anticipar el pulso del verano 2026, una temporada que tradicionalmente depende del turismo de compras y del consumo transfronterizo.

Quizás el desafío para Magallanes —y para el comercio chileno en general— ya no sea aprovechar la “ola argentina”, sino planificar cómo sostenerse cuando la marea baje. Porque si algo demuestra esta desaceleración, es que construir un modelo dependiente de un solo visitante puede hipotecar la estabilidad futura.

Te puede interesar
Lo más visto