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Bancarios llegaron por fin a un acuerdo y lograron compensación inédita por Ganancias

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Tras arduas negociaciones, se selló el incremento salarial. Cómo será.

La Asociación Bancaria (AB) y las cámaras empresariales que agrupan a las entidades financieras acordaron finalmente un aumento salarial de 32,5% por cinco meses con la novedad de convertirse en el primer acuerdo paritario que incluye el pago de una compensación especial por los descuentos derivados del impuesto a las Ganancias que llegará hasta $ 450.000.

El acuerdo, cerrado tras meses de negociaciones en la audiencia de este viernes que se extendió por más de 6 horas, fijó que el incremento salarial establecido para el período enero-mayo, se aplicará en forma acumulativa en cuatro tramos: 6% retroactivo a enero, que llegará al 13,1% en febrero, luego trepará al 24,1% en marzo para culminar en el 32,5% en mayo, mismo mes en que está prevista la revisión del aumento.

Además, y tras insistente pedido del gremio conducido por el dirigente K, Sergio Palazzo, el acuerdo incorporó por primera vez una compensación por los descuentos de Ganancias que variará según las categorías de la actividad.

Para la categoría más baja del convenio será de $ 50.000 y para la categoría más alta alcanzará a $ 450.000. Ese adicional, que quedará exento de tributar por el impuesto, se abonará como una suma no remunerativa en dos cuotas, los meses de mayo y septiembre.

El detalle del acuerdo fue el siguiente:

Para la paritaria correspondiente al 2022, un incremento salarial del 0,7%, para alcanzar la pauta salarial total de 94,8%, cumplimentando así la revisión del acuerdo de fecha 04/05/2022

Para la correspondiente al primer semestre del año, otorgar un incremento salarial del 32,5% en 4 tramos: 6 % para enero 2023, 7.1% para febrero 2023, 11 % para marzo 2023 y 8.4 % mayo 2023.

Asimismo, se convino el pago de reconocimiento de gastos correspondientes al período 2020/2022 una gratificación extraordinaria de pago único e irrepetible, de carácter no remunerativo (art 6 de la Ley No. 24.241), como reconocimiento especial por los esfuerzos realizados y los gastos extraordinarios incurridos durante el período 2020-2022 producto de la pandemia originada por el COVID-19


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¿Quién pagará los platos rotos de Milei?

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Atilio A. Boron

Por Atilio A. Boron

Javier Milei acaba de insultar groseramente, una vez más, al presidente colombiano Gustavo Petro. Desencajado, el presidente argentino persiste en sus ataques a propios y ajenos. Días atrás calificó a los miembros del Congreso de la Argentina como un “nido de ratas” (elegidas por la ciudadanía, conste); o a uno de sus ex compinches, Ricardo López Murphy como “traidor y basura”; y a su actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien en la campaña electoral la fulminó por ser una “montonera asesina”. 

Los insultos al Papa Francisco fueron de una bajeza poquísimas veces vista en la historia, y así podríamos seguir elaborando una interminable compilación de las excrecencias verbales de un personaje alucinado, que habita una realidad paralela, que habla con su perro muerto (en cuyos consejos se inspira) y que no tiene la más pálida idea de la responsabilidad institucional que le cabe como presidente de la Argentina y que debería inhibirle de decir la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, teniendo en cuenta que sus palabras y sus gestos destemplados e irrespetuosos comprometen las relaciones internacionales de nuestro país.

Ahora en el marco de la conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Maryland -un show propio de Las Vegas montado para apuntalar las ambiciones electorales de Trump– acaba de decir que el presidente Petro “está hundiendo a los colombianos, y que es una plaga letal” para los habitantes de ese gran país. Antes había declarado que aquél era un “asesino colombiano que está hundiendo a Colombia.” Petro, un personaje íntegro y de una ejemplar coherencia, no tiene necesidad que nadie lo defienda de los vómitos verbales del impresentable presidente argentino. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que éste sí está hundiendo a este atribulado país en una crisis integral, la cual día a día alimenta una “tormenta perfecta” que probablemente -insisto en lo probabilístico del pronóstico- termine por arrojar al energúmeno de la Casa Rosada a los basurales de la historia. No está demás afirmar que si hubiera un debate entre ambos presidentes sobre cuestiones económicas, sociales o internacionales Milei no resistiría más allá del segundo round, si se me permite la metáfora boxística, al ataque de Petro. Sería una fenomenal paliza la que sufriría el argentino.

La absoluta irresponsabilidad de Milei en los asuntos internacionales lo impulsa a proferir insultos a diestra y siniestra contra los presidentes de Colombia, Brasil, Cuba y Venezuela, para quedarnos sólo en la región; o la que también se manifiesta en el rechazo al ingreso al BRICS, el grupo más dinámico y promisorio de la economía mundial, lo que revela la supina ignorancia del personaje y de su Canciller en estas materias. A éstas habría que añadir el veto a la construcción del Canal Magdalena que otorgaría un acceso soberano de los ríos argentinos al Atlántico, sin pasar por Montevideo, hasta la política de indigna capitulación en el tema Malvinas, que tantas vidas costó a la juventud argentina. 

Exabruptos verbales que se traducen en gravísimos yerros políticos que este país deberá pagar por largos años, producto de las sombrías fantasías de Milei en torno a ese inexistente capitalismo sin estado que proponen los burdos hechiceros de la Escuela Austríaca y al hecho, crucial desde mi modesto punto de vista, que para el presidente ni la soberanía ni la nación son cuestiones de importancia. Sobre todo para quien, como él, cree que la nación no existe y que no pasa de ser una molesta enteleqeuia urdida por los colectivistas con el objeto de dar basamento al Estado, el verdugo de los mercados.


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