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2 de abril: qué se conmemora el Día de Malvinas

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Este 2 de abril se recuerda la guerra que involucró a la Argentina y el Reino Unido por la soberanía de este archipiélago, así como las Islas Georgias y Sándwich del Sur

Este 2 de abril es el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas, que involucró a la Argentina y Gran Bretaña por la soberanía del archipiélago, así como también el de las Islas Georgias y Sándwich del Sur.

La conmemoración del conflicto, del cual se cumplen 42 años, fue establecida por la ley 25.370, sancionada por el Congreso nacional en noviembre del año 2000, durante la presidencia de Fernando de la Rúa. La jornada proclamada con el fin de recordar y rendir homenaje a todas las personas que participaron de este conflicto bélico, que ocurrió en 1982 y duró 74 días.

Cabe recordar que este conflicto, llevado adelante en el país por un gobierno de facto, buscó resolver a través de las armas un reclamo que la Argentina lleva adelante pacíficamente desde 1833, fecha en la cual una escuadra británica expulsó a las autoridades nacionales de Puerto Argentino, la capital de las Malvinas que los ocupantes rebautizaron Port Stanley, e instauró un territorio de ultramar a cargo de la Corona británica dentro de la plataforma continental argentina.

Desde entonces, “subsiste una disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”. La disputa fue reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución 2065 (XX), adoptada en 1965, que consagra el “llamado de la comunidad internacional a proceder sin demora a negociaciones bilaterales entre la Argentina y el Reino Unido que permitan encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas”.

Qué pasó en la guerra de Malvinas

El conflicto por las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur atraviesa la historia reciente de los argentinos y genera numerosas preguntas vitales para entender.

Qué ocurrió el 2 de abril de 1982

La fecha en la que se conmemora el feriado fue elegida, porque el 2 de abril de 1982 se produjo el comienzo de la Operación Rosario, el plan militar elaborado por la Junta del gobierno de facto autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) para tomar las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur a través de una serie de desembarcos.

El operativo había comenzado en la mañana del 28 de marzo de 1982, cuando tropas embarcadas del Ejército Argentino y de la Armada pusieron rumbo a las islas a órdenes del Comandante de la Operación, General Osvaldo García. Como recuerda el Ministerio de Defensa, es decir, sin bajas del lado enemigo, con la expectativa de que la toma de la residencia del gobernador y el cuartel de los Royal Marines en las islas sirviera como pie a una negociación bilateral con el Reino Unido que permitiera a la Argentina recuperar la soberanía de estos territorios.

Debido al mal tiempo en el Atlántico Sur, se decidió posponer la operación hasta el 2 de abril, y se agregó el objetivo de tomar la pista de aterrizaje para que sirviera a la llegada de tropas aerotransportadas. El desembarco empezó en pequeña escala a las 23.45 del 1 de abril, cuando comandos anfibios alcanzaron la costa desde el destructor ARA Santísima Trinidad. A esa misma hora, el submarino ARA Santa Fe aportó otros 10 buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación y ocupar el faro del Cabo San Felipe.

Pero el grueso del desembarco comenzó a las 6.15 hs del 2 de abril, cuando desembarcaron en la Isla Soledad los vehículos anfibios blindados con el Grupo de Tarea 40.1, integrado por fuerzas de Infantería de Marina y de la sección de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25. Mientras ponían norte a los objetivos designados, la Guerra de Malvinas había empezado.

Quién era presidente en la Guerra de Malvinas

Al momento de la Guerra de Malvinas, la Argentina se encontraba bajo la última dictadura militar instaurada en el país, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).

En diciembre de 1981, la Junta Militar había forzado la renuncia del General Roberto Viola, presidente de facto, luego de poco más de ocho meses en el cargo. En su lugar se impuso el General Leopoldo Fortunato Galtieri, quien sólo cuatro meses después de asumir la presidencia de facto, puso en marcha la denominada recuperación de las Islas Malvinas.

En un primer momento el anuncio de la toma de Puerto Argentino contó con un amplio respaldo social y político, y le regaló a Galtieri una Plaza de Mayo rebosante de personas que apoyaron el acto bélico. Pero el rápido colapso de la posición argentina en las islas y la derrota final tuvieron el efecto contrario. El 18 de junio de 1982, cuatro días después de la rendición nacional, Galtieri renunció, y en octubre de 1983 se llevaron adelante elecciones libres y democráticas en el país.

Quién declaró la Guerra de Malvinas

La declaración de guerra al Reino Unido por las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur fue realizada en nombre de la Argentina por la Junta Militar, encabezada por Leopoldo Galtieri en su calidad de presidente de facto.

El 2 de abril de 1982, “La Junta Militar como órgano supremo del estado comunica al pueblo de la nación argentina que hoy la república, por intermedio de las fuerzas armadas mediante la concreción exitosa de una operación conjunta, ha recuperado las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur para el patrimonio nacional. Se ha asegurado de esta manera el ejercicio de la soberanía argentina sobre todo el territorio de las mencionadas islas y los espacios marítimo y aéreos correspondientes. Quiera el país todo comprender el profundo e inequívoco sentido nacional de esta decisión para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivo acompañen a esta empresa y permitan, con la ayuda de Dios, convertir en realidad un legítimo derecho del pueblo argentino postergado prudente y pacientemente casi 150 años”.

Cuándo empezó y terminó la guerra de las Malvinas

Aunque la operación anfibia que debía desembarcar en las Islas Malvinas había salido de la Argentina el 28 de marzo, no fue hasta el 2 de abril que empezó formalmente el conflicto, con la toma de los edificios oficiales y la rendición de las autoridades inglesas en las Islas Malvinas. Al día siguiente se produjo el desembarco en las Islas Georgias del Sur, que culminó con la toma de las localidades de Grytviken Puerto Leith, lo que determinó temporalmente la soberanía argentina sobre este archipiélago, que también incluye las Islas Sándwich del Sur.

Luego de dos meses y 12 días de guerra, el 14 de junio la Argentina firmó su rendición y puso fin a la Guerra de Malvinas.

Qué día se desembarcó en Malvinas

Aunque el desembarco anfibio sobre la Isla Soledad empezó en pequeña escala a las 23.45 del 1 de abril, no fue hasta la madrugada del 2 de abril cuando el grueso de la primera fuerza de choque argentina arribó a Port Stanley (devuelta entonces a su nombre original de Puerto Argentino) para ocupar los edificios oficiales, forzar la rendición de las unidades militares británicas presentes en dicha ciudad e izar la bandera argentina en las Islas luego de casi 150 años de ocupación británica.

El 2 de abril se produjo el desembarco argentino en las Islas Malvinas y la rendición de las fuerzas británicas presentes en el archipiélago (Foto de Rafael WOLLMANN / Gamma-Rapho a través de Getty Images)
El 2 de abril se produjo el desembarco argentino en las Islas Malvinas y la rendición de las fuerzas británicas presentes en el archipiélago (Foto de Rafael WOLLMANN / Gamma-Rapho a través de Getty Images)Rafael WOLLMANN – Getty Images

Qué países participaron en la guerra de Malvinas

La Guerra de Malvinas fue un conflicto bélico entre dos estados, la Argentina (gobernada por un gobierno de facto) y el Reino Unido, que al momento de la invasión estaba bajo el mando de la dirigente conservadora Margaret Thatcher como primera ministra. En este sentido, solo se involucraron tropas argentinas y británicas en el conflicto.

Cuánto tiempo duró la guerra de las Malvinas

Una vez producido el desembarco argentino en las Islas Malvinas, las tropas británicas presentes en el archipiélago se rindieron incondicionalmente, favoreciendo la breve soberanía nacional de estos territorios. Sin embargo, la reacción del gobierno con sede en Londres fue escalar el conflicto al contestar a la operación militar con otra.

Los combates por las islas tuvieron varias facetas. En el mes de abril, las tropas argentinas realizaron la preparación de las posiciones de defensa en el difícil territorio isleño. A principios de mayo se dieron distintos combates aeronáuticos, entre los que estuvo el del destructor británico HMS Sheffield, dos días después.

La invasión terrestre de la fuerza británica se produjo el 21 de mayo en la localidad de Puerto San Carlos a 100 kilómetros de la capital isleña de Puerto Argentino. Luego de una serie de combates intensos, entre los que se cuentan las batallas de Monte Longdon, Monte Tumbledown, Sapper Hill y Pony’s Pass, la rendición incondicional argentina fue firmada el 14 de junio, por lo que puede decirse que la Guerra de Malvinas duró dos meses y 12 días.

La rendición argentina se produjo el 14 de junio de 1982, dos meses y 12 días después del comienzo de la Guerra de Malvinas (foto: National Army Museum, UK)
La rendición argentina se produjo el 14 de junio de 1982, dos meses y 12 días después del comienzo de la Guerra de Malvinas (foto: National Army Museum, UK)

Cuántos soldados argentinos y británicos murieron en la Guerra de Malvinas

En la guerra de Malvinas fueron movilizados por el lado argentino más de 23.000combatientes, de los cuales 1357 efectivos (con un 70 % de la fuerza efectiva compuesta por conscriptos) participaron del operativo terrestre de defensa de las Islas, como recuerda el Ministerio de Defensa. Del total de las fuerzas, 10.300 pertenecían al Ejército, 10.600 a la Armada, 2.300 a la Fuerza Aérea, y unos 200 entre Gendarmería y Prefectura.

649 soldados argentinos fallecieron durante la guerra y 1063 resultaron heridos. Del total de muertos, 323 fallecieron el 2 de mayo de 1982, en el hundimiento del crucero ARA General Belgrano por parte de un submarino británico. Además, hay que considerar a los excombatientes que se suicidaron luego del conflicto, una cifra no oficializada, pero que los veteranos cifran entre 350 y 450.

Un veterano de Malvinas ondea la bandera argentina en el cementerio de Darwin, donde yacen más de 200 soldados, en 2012
Un veterano de Malvinas ondea la bandera argentina en el cementerio de Darwin, donde yacen más de 200 soldados, en 2012FELIPE TRUEBA – EFE

Del lado británico murieron 255 soldados británicos, así como tres habitantes kelpers, como son llamados por los ingleses los habitantes de las Islas Malvinas. Dos fragatas, dos destructores, un buque de desembarco y un buque de carga fueron hundidos por la aviación argentina.


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Israel, Irán y la dinámica de lo imprevisible

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Daniel Kersffeld

Por Daniel Kersffeld

Después del ataque terrorista de Hamas el pasado 7 de octubre y de la posterior ofensiva bélica en el territorio de Gaza, la actual confrontación entre Israel e Irán amenaza con convertirse en un hito decisivo en la historia de Medio Oriente, con preocupantes ramificaciones a nivel global.  

Aunque una gran parte de los países europeos y americanos respaldaron a Israel de la reciente agresión con drones y misiles por parte del régimen chiita, eso no oculta ni encubre el aislamiento cada vez mayor en el que se encuentra el gobierno de Benjamin Netanyahu.

Si para las naciones tradicionalmente aliadas, Estados Unidos y Reino Unido, la avanzada israelí en contra de la población palestina resultaba difícil de admitir, la reciente muerte de siete trabajadores humanitarios de la ONG World Central Kitchen por misiles israelíes se convirtió en un llamado de atención directo respecto a los límites que el gobierno de Netanyahu estaba cruzando en medio del fragor de la guerra.

En las actuales circunstancias, el firme respaldo a Israel se convierte en un factor decisivo para los intereses de las principales potencias occidentales.

Pero son cada vez más evidentes las críticas, tanto internas como externas, contra un gobierno que por medio de su accionar bélico demuestra más capacidad para regular los tiempos y administrar su permanencia en el poder que efectividad en el rescate de los más de cien secuestrados que todavía están en manos de Hamas.

En Estados Unidos, demócratas y republicanos lamentan que este conflicto se presente en medio de una campaña electoral extremadamente compleja y, sobre todo, impredecible. Ambos partidos han tratado de capitalizar la crisis en Medio Oriente con suerte dispar pero temiendo una escalada de consecuencias desconocidas.

Joe Biden ha debido hacer malabares, no siempre de manera exitosa, para sostener su postura en contra de Netanyahu y del sesgo adquirido por la ofensiva militar en Gaza. Con una campaña cuesta arriba, intenta hacer equilibrio tratando de no provocar el alejamiento de buena parte de su electorado judío y progresista que, si bien todavía se mantiene leal al Partido Demócrata, suele reaccionar vivamente cuando las críticas apuntan a la política defensiva encarada por Israel.

Por otra parte, y si bien en un principio se podrían señalar las afinidades y coincidencias ideológicas entre Netanyahu y Donald Trump, lo cierto es que su relación está construida en base a resquemores y a la desconfianza mutua. Para el candidato republicano, Netanyahu es un factor de perturbación en Medio Oriente, a quien seguramente preferiría fuera del gobierno si es que vuelve a asumir la primera magistratura en Estados Unidos en enero del 2025.

Más allá del impacto político que la crisis podría provocar en los Estados Unidos, tampoco parecería beneficiar a Rusia. Si desde Washington pudieron mantener una tibia satisfacción al notar los esfuerzos que Moscú deberá llevar adelante para pacificar su tradicional área de influencia, la acción en solitario de Teherán podría en cambio descolocar toda labor posterior para encausar el conflicto en carriles más previsibles.

Es cierto que el conflicto con Ucrania ha sido útil para que Rusia e Irán reforzaran una añeja alianza militar, pero la inevitable respuesta israelí podría desequilibrar a Siria, una de las principales bases despliegue del gobierno de Vladimir Putin en Oriente Medio.

Con todo, desde Occidente esperan no sin cierta expectativa la labor diplomática que pueda ser encarada desde Moscú, ya que Rusia es tal vez el único país con un nivel de influencia apreciable capaz de entablar un diálogo convincente con el régimen chiita pero también con la administración israelí, dadas la histórica relación establecida entre Putin y Netanyahu a partir de determinadas miradas y diagnósticos coincidentes en torno a la política internacional y a la geopolítica regional.

La otra nación sobre la que existe cierto optimismo por las negociaciones que pueda llevar adelante es China, cuyo gobierno mantiene una influencia importante sobre Irán, especialmente, desde que el año pasado favoreció el establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado persa y Arabia Saudita, los principales rivales en el espacio de religioso y político del islam.

En las últimas horas, varios gobiernos occidentales (incluso los de Estados Unidos y Reino Unido) se comunicaron con Beijing, aprovechando la dependencia del petróleo y el gas proveniente de Irán, y el hecho de que el régimen de los ayatolas ha devenido una pieza fundamental en la expansión económica y comercial de China hacia los mercados europeos.

Pese al aislamiento en que se encuentra y a las presiones de los gobiernos occidentales, Netanyahu todavía se mantiene en el poder gracias a su indudable capacidad para mantener unida a su coalición de gobierno.

Sostenido por 64 de los 120 escaños de la Knesset, el gobierno está construido a partir de una alianza centralizada en el Likud y que además incluye a partidos ultraortodoxos y las vertientes ultranacionalistas lideradas por el ministro de seguridad nacional Itamar Ben-Gvir y por el ministro de finanzas Bezalel Smotrich.

Lo fundamental hoy para Netanyahu es que la coalición se mantenga unida hasta que su mandato oficialmente concluya en 2026. Si la prioridad es la atención económica a los judíos ortodoxos, su principal base electoral, también es consciente de que cualquier concesión a los palestinos podría detonar el alejamiento de la extrema derecha y la pérdida de la mayoría parlamentaria que lo sustenta en el poder.

Más allá de la fortaleza exhibida hasta ahora, Netanyahu sabe que podría ser destituido sin elecciones, mediante un voto de censura en la Knesset. Pero para eso requeriría que al menos cinco legisladores dentro de su coalición votaran en su contra, y que junto al resto de los parlamentarios de la oposición se pusieran de acuerdo sobre un candidato para asumir el cargo de Primer Ministro.

Se trata de una eventualidad que, al menos hasta la actual crisis con Irán, era observada como una posibilidad remota en Israel. En todo caso, habrá que ver si el desencadenamiento de los hechos y la imprevisibilidad de un conflicto que mantiene en vilo a todo el mundo finalmente no acelera los tiempos en contra de la permanencia en el poder de Netanyahu.


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