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Milei no quiere «coalición» y ya tiene al ministro de Economía

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El presidente electo le dijo a su entorno que analiza qué darle a Macri pero que «el gobierno es de LLA». El líder del PRO presiona para ofrecer sus técnicos «outlet». 

Leandro Renou

Por Leandro Renou

Detrás del armado del equipo económico del presidente electo, Javier Milei, se juega una de las batallas madre de la nueva alianza conservadora en la Argentina: Mauricio Macri está convencido que tiene que poner en el gabinete puestos clave e importantes, con la idea de hacerle un contrapeso a los libertarios. Pero Milei está pensando en otra cosa: según confiaron a Página I12 fuentes de La Libertad Avanza (LLA), el electo les aclaró a los propios que «está la posibilidad de darle lugares a Macri, pero esto no es un gobierno de coalición, es un gobierno de LLA». 

El libertario entiende, con razón, que está sentado en una montaña de votos (es el presidente con mayor volúmen de los últimos tiempos) y que esos votos son de él. Macri, por si acaso, se reunió con Patricia Bullrich para apuntar nombres que serán sugeridos a Milei. 

En este contexto, Milei apura el armado del equipo económico porque su plan urgente tiene varios puntos polémicos: dólar flotante, devaluación, privatizaciones, recomposición de precios relativos y aumento de tarifas. En consonancia, está obligado a sentarse con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo con el que el país tiene vencimientos de más de 43 mil millones de dólares en el primer cuatrimestre del 2024. 

Por todo esto, Milei prefiere que la tarea sucia la haga Sergio Massa, que ya aclaró que la discusión en la elección presidencial fue por dos modelos diferentes: uno de producción e ingresos, que perdió el comicio, y uno de ajuste, que ganó y tendrá que hacer la tarea a solas. Como Macri también le advirtió al libertario que esos puntos no se pueden aplicar de manera urgente, el presidente electo está obligado a garantizarse el ajuste con su propio banco de titulares y suplentes. Un dato no menor: Milei ya está al tanto que este martes los proveedores de alimentos pasarán a los grandes supermercados listas de precios con aumentos de hasta el 50 por ciento, porque entienden que se viene una liberalización de los precios. Massa, hasta ahora, venía frenando la embestida, pero habrá que ver qué pasa luego del acceso de libertario al cuadro de presidente electo. 

El ministro «está»

Desde el entorno de Milei confirmaron a este diario que «él ya tiene en la cabeza el nombre del ministro de Economía», y «lo va a comunicar en breve. Dos de los que, confirman, en su entorno, están en el pelotón son el ex BCRA con Macri, Federico Sturzenegger; y el ex YPF y Hacienda, Guillermo Nielsen. «Javier destaca mucho a ambos», detallaron, y agregaron que «eso no quiere decir que estén seguro».

Nielsen hoy está trabajando fuera del país, pero tiene contactos permanentes con la plaza local. Lo de Sturzenegger es un doble plan: la relación pre existente con Milei y por ser además uno de los pocos de confianza que le quedó a Macri en la mochila. 

Lo cierto es que el macrismo, hoy plantado como un partido netamente de derecha, sin centro, tiene al ex presidente ofreciendo candidatos «outlet», los que ya fueron descartados por mala práxis económica y no parecen tener espaldas para soportar acciones críticas. En el paquete de Sturzenegger viene, además, Demian Reidel, su ex vice en el BCRA y antiguo banquero del JP Morgan. Y no descartan que Milei charle con Luis «Toto» Caputo, que para Macri fue el «Messi de las finanzas». 

En este orden de cosas, hay muchos que son cautelosos. Saben que, en general, los primeros funcionarios de Economía en gobiernos que planean ajuste, suelen ser fusibles consumidos por la coyuntura. Eso hace dudar a Macri de si conviene o no quemar hoy las naves. De todos modos, también planteó que ex Vialidad Nacional, Javier Iguacel, pueda ir a Energía o YPF.  

Los socios fundadores

En el gabinete habrá lugar para los fieles. Carolina Píparo, candidata a gobernadora de Buenos Aires, irá a la ANSES. Y Diana Mondino, economista, a la cancillería, pero no está claro si buscarán a otro y la pondrán en Economía. Hace unas horas, Mondino posó en una foto junto a Milei, el armador Nicolás Posse y su hijo Francisco Pendas en una reunión en la se mostraron «trabajando para achicar el Estado y eliminar los impuestos». 

Para los ex menemistas Carlos Rodríguez y Roque Fernández, quedará un lugar simbólico de patriarcas de economistas, por su ya avanzada edad. Lo mismo que para Domingo Felipe Cavallo, que habla con Milei seguido y hará todo lo posible por apoyarlo. 

Emilio Ocampo, uno de los dolarizadores, ya está confirmado para cerrar el Banco Central. Y Darío Epstein tendrá un cargo en el gabinete de Hacienda. Otro de los fieles es Juan Nápoli, dueño del Banco de Valores, que tendrá un cargo en Finanzas. En las últimas horas, Milei evaluó además dos lugares: Fernando Vilella, director del programa Bioeconomía de la UBA, será su secretario de Agricultura; mientras que Federico Ovejero, ex General Motors que ya militaba con Milei y lo acompañó en el debate, será parte del gabinete industrial. También estará Gustavo Morón, en Trabajo, que será secretaría, ex ladero de Jorge Triaca en el gobierno de Mauricio Macri. Y Guillermo Dietrich en Infraestructura. 

Según supo este diario, como tampoco completa con los propios todos los casilleros, Milei no descarta que alguno de los empresarios que lo militó en campaña estén dentro de los equipos. El número puesto es el de Eduardo Bastitta, dueño de la empresa Plaza Logística, socio de Marcos Galperín, de Mercado Libre, y quien fue clave en la tarea de fiscalización de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. 


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Pettovello, la punta de un iceberg

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Eduardo Aliverti

Por Eduardo Aliverti

La crisis de Gabinete, el escándalo por los alimentos retenidos, las cifras devastadoras de casi todos los índices económicos y un Presidente que siguió a puro divague en su séptimo viaje internacional, sin haber llegado a seis meses de gobierno, ratifican un presente y panorama demasiado complejos.

De todo ese combo, desde ya más amplio aún, es muy probable que a la gran mayoría de la población sólo le interese sobremanera el curso de su bolsillo.

Es una figura que parece exigua frente al drama de la escena.

Cada día más gente que come salteado, que vive en la calle, que pierde el trabajo o la changa. Indicadores como los de Industria y Construcción confirmaron haberse desplomado a niveles de la pandemia. Y de hecho, hasta las encuestas de consultoras simpatizantes con el oficialismo muestran que desciende la inquietud inflacionaria y, en relación inversamente proporcional, crecen los nervios por el desempleo y la falta de expectativas laborales.

Menemismo pero peor, sin muchas más vueltas, con los agregados periódicos de las pérdidas de memoria colectiva. Y de que esta vez no hay ni comando político ni respaldo partidario. Sí el vacío de grandes referentes opositores, excepto por la cierta resistencia parlamentaria.

Esta semana fue la peor del Gobierno, incluso por encima de cuando lo perforó la marcha en defensa de la Universidad pública.

Su única buena noticia consistió en el arreglo por ahora efectivo de la situación en Misiones. Hubo un acuerdo con fuerzas policiales que, al cabo de varias jornadas de conflicto escalado, cerraron un aumento con ítems no remunerativos para incorporar al básico en la liquidación de junio. Queda el reclamo de los docentes y personal sanitario, pero -siempre por ahora- la provincia salió del radar nacional en términos de incendios que pudieran expandirse.

Por lo demás, y para empezar, la falta de GNC pudo resolverse a último momento en sus efectos de expendio vehicular. Y resultó tapado el elefante de que por no invertir en la finalización del gasoducto Néstor Kirchner –más los retrasos en la importación de combustible- toda la infraestructura está atada con alambre.

No hay magia, aunque no sea el motivo excluyente. Es el parate de la obra pública que derrumba al país, y como uno de los factores que le sirve a Caputo Toto para dibujar superávit fiscal junto con, entre otros, el yeite de traspasar los pasivos del Banco Central al Tesoro. Es decir, la misma y única caja pero con diferente nombre. Si se quiere un ejemplo de lo que se llama argumento para la gilada, es arduo encontrar uno mejor.

El caso del gas sirvió también para comprobar nuevamente el servilismo inútil de la canciller Diana Mondino. En esta oportunidad no se trató de que los chinos son todos iguales, sino de la negligencia por no convenir con Brasil el pago de su Gas Natural Licuado. Esa es la explicación técnica. En la política, es trabajoso no interpretar que se sumó la elegancia de haber designado a Lula como un comunista corrupto.

El gas volverá como tema de alcances domésticos siendo que ya llegan a los hogares facturas con aumentos del 400 por ciento, pero el Gobierno debe decidir si el mes que viene retoma la motosierra con quita de subsidios.

La cuestión se dirime entre “los costos del sinceramiento”, como apuntó Manuel Adorno, y que la inflación no vuelva a dispararse porque, ahí sí, será conveniente que Milei permanezca en el exterior para sacarse selfies con unicornios mundiales. Y hacer discursos sobre anarcocapitalismo entre adefesios de ultraderecha, menos extravagantes que él.

A su turno, en la agenda publicada, el trance gasífero fue oscurecido por el papelón repugnante de las toneladas de alimentos inmovilizados. Se adosó la leche a punto de vencer. Sandra Pettovello, a quien sin la más mínima experiencia le endosaron un Ministerio irracional que poco menos es la suma de las funciones básicas del Estado, echó al funcionario encargado de la distribución. Un mero fusible, Pablo de la Torre, al que acusan de corrupto en voz alta.

Adorno y Compañía habían respondido que lo guardado era para circunstancias de emergencia. Terminaron con el anuncio de enviar al Ejército para repartir la comida. Numerosas infidencias palaciegas citan a un Milei rogando por la protección de Pettovello, del modo que fuese. Si cayera su ministra preferida, nadie pone las manos en el fuego respecto del equilibrio emocional del Presidente. Se descarta que le pida la renuncia. Pero no que Pettovello sea incapaz de afrontar la presión, cuando pueden añadírsele serias encerronas judiciales.

Es un espectáculo desopilante ver y escuchar, en proceso de fuga o prevención, a los periodistas que adscriben al mileísmo. Hacen fila para admitir que Juan Grabois tuvo razón cuando originó el destape de los víveres encanutados. Algunas fuentes infieren que un Mauricio Macri resentido bajó línea para percudir al Gobierno.

Quizás es algo más profundo. Quizás ya sucede que unas secciones corporativas -medios de comunicación tradicionales, gente de negocios y negociados del macrismo, franjas industriales ligadas al mercado interno- comienzan a advertir que el experimento puede colisionar.

Todavía, al igual que la oposición, no están seguros de que eso vaya a ocurrir irremediablemente. Le tienen pánico a la popularidad de Milei y, a la par recesiva, hay ciertos síntomas de la economía que les dan ¿esperanzas? Retorno paulatino del crédito en diversas formas, tibia recuperación del sector automotor y, va de suyo, baja inflacionaria. Atienden a clase media-media y media-alta, que es la que les importa en exclusividad.

El Pettovellogate empalmó con la salida de Nicolás Posse y su reemplazo por Guillermo Francos, quien debió encargarse cara a cara -y cuanto más imaginan mentes seguramente pérfidas- de que se produjera dictamen favorable para el ya Fitito de la ley Ómnibus.

Un colega de derechas, quien no es ni de lejos el único de ese palo pensando lo mismo, citó lo mejor que podría pasar: Milei a cargo de delirar en X y en sus periplos místicos, como líder mundial autoproclamado de la lucha contra el comunismo, y Francos a cargo del Gobierno. Un político bien de casta, en medio del Gabinete catastrófico, para muñequear siquiera temporalmente la salvación del Gobierno.

Empero, señalado por otros observadores con parecidas dosis de lógica, habrá que ver cuánto el exótico y su Hermana en Jefe son capaces de fumarse un protagonismo excesivo de Francos.

Si habláramos de una administración apenas normalita, podría deducirse que dos más dos es cuatro y que los hermanos presidenciales, aunados con el Caputo Santiago que comanda la guerrilla de trolls, deben rendirse ante la evidencia. Necesitan gestión. Así, a secas.

Pero, justamente, no hay gestión porque éste no es un gobierno normalito. Es una comparsa, mala, encabezada por alguien que en ninguna hipótesis tiene capacidad de liderazgo (salvo el conceptual que se adjudica como sucesor de Moisés).

Por eso se incrementan no ya los trascendidos sino las acciones, incipientes, rumbo a aquello que en el mundillo del Poder se define como la probabilidad de una salida de “extremo centro”. O llámenle según sus preferencias, tanto en la coyuntura como acerca de alguna instancia en que esta (no) gestión no diera para más.

Hay signos de ese horizonte, para quien desee mirarlos o asumirlos. La cosa cambia si, en lugar de lo que pasa, se escoge analizar lo que se quiere que pase.

Los gobernadores ven con buenos ojos al nuevo jefe de Gabinete, que en la urgencia se encarga de distribuir promesas. Y ya hay contactos con el propio gobierno bonaerense para destrabar, por ejemplo, la parálisis de la obra pública.

Axel Kicillof, a quien casi todos registran como la opción opositora de futuro, requiere primero que no se le incinere la provincia. Y articula con lo que puede, que con seguridad no es todo lo que quisiera porque también debe afrontar algún fuego amigo que a veces es cierto y a veces se exagera.

Ajeno o no tanto a este galimatías, vaya en el cierre nuestro homenaje emocionado a la figura que encarnó lucha y coherencia de una forma tal vez incomparable.

Es enseñanza pura, sin una sola mancha en su conducta. Nadie debiera dudar jamás de pertenecer al lado Norita de la vida. 


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