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La trampa de Caputo que festeja Milei

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Apenas la mitad de los dólares comprados hasta fines de marzo fueron retenidos por el Banco Central. Si hubiese entregado todos los dólares para pagar importaciones, el saldo habría sido negativo. El destino inmediato del plan económico de Caputo está atado a la cantidad de dólares que venda el complejo agroexportador de la cosecha gruesa. El campo y el FMI presionan por otra devaluación.
Alfredo Zaiat

Por Alfredo Zaiat

La fantasía financiera más espectacular de estos meses de gobierno de Milei, publicitada con entusiasmo diario por economistas y analistas de medios oficialistas, tiene de protagonista las reservas del Banco Central.

Para exponer la trampa de Caputo que festeja Milei se requiere de un poco de esfuerzo para seguir el hilo de las siguientes cifras, obtenidas de informes del Banco Central:

  • El stock de reservas internacionales brutas del 7 de diciembre de 2023 (último día hábil del gobierno de Alberto Fernández) sumaba 21.208 millones de dólares.
  • El stock de reservas internacionales brutas del 27 de marzo de 2024 (el último dato correspondiente al miércoles pasado) fue de 27.146 millones de dólares.
  • La diferencia entre ambas cifras: +5938 millones de dólares.
  • Las compras brutas de reservas alcanzaron los 11.376 millones de dólares en este período.

Primera evaluación: el Banco Central de Milei sólo pudo retener el 52 por ciento de los dólares adquiridos en el mercado cambiario.

Acumulación de reservas mediocre pese a la megadevaluación

Este saldo fue obtenido en el comienzo de un gobierno ultraamigable con el mercado (en jerga de la city, market friendly), con las expectativas sociales y económicas más favorables, con un ministro de Economía proveniente del corazón de la city que desplegó una alfombra especulativa para favorecer la entrada de dólares, y con el efecto del sobreajuste cambiario de 118% en la rentabilidad de los exportadores para que aceleraran la liquidación de divisas.

Los oficialistas dirán «faltan los dólares de la cosecha gruesa», que comenzarán a liquidarse en abril hasta mediados de año, para tener un panorama completo, y especulan con que serán muchos más que en el ciclo anterior de fuerte sequía.

Se trata de un aspecto a considerar en la proyección anual, pero aquí aparece el interrogante acerca de cuál será finalmente el monto de las ventas, cuestión que no reúne consenso entre especialistas del sector. Es una variable clave para vislumbrar el cuadro económico general (evolución de la inflación, el dólar y la actividad económica) de los próximos meses, relevancia que exige un atento análisis.

No son tantos ni tan pocos los dólares sumados por el Banco Central

La propaganda difundida acerca de fabulosas compras de dólares del Banco Central se diluye cuando aparecen los datos duros.

No son tantos ni tan pocos, pero no ha habido un incremento sustancial de las reservas netas para alejar los fantasmas de inestabilidad cambiaria, diluir las presiones de devaluación del complejo agroexportador, contener la exigencia del levantamiento del cepo cambiario y para avanzar en la promesa libertaria de la dolarización.

Frente a las restricciones que surgen de esto último, Milei ha empezado a enfatizar la idea de la competencia de monedas, esquema cambiario que no modificará en mucho el actual funcionamiento de la economía, sino que formalizará transacciones que hoy ya se concretan en dólares.

La competencia de monedas no es dolarización, sino la profundización e institucionalización de un proceso existente en la economía bimonetaria. En concreto, es parecido al proyecto elaborado por el equipo de Carlos Melconian para la frustrada candidatura presidencial de Patricia Bullrich.

En una cuenta rigurosa, las reservas no aumentaron nada

La trampa de Caputo tiene todavía otro capítulo que la hace más grosera. Para administrar el comercio exterior por el lado de las importaciones, el Banco Central dispuso la entrega de dólares en cuatro cuotas iguales del 25 por ciento para el pago de las compras al exterior. Estas restricciones forman parte del cepo cambiario de Milei, que promete eliminar pero que no se anima a hacerlo porque no tiene los suficientes dólares.

Con estas limitaciones, se ha estado acumulando deuda comercial del sector privado porque el Banco Central de Milei no entregó los dólares correspondientes para cancelar en tiempo y forma las importaciones. Es lo que también estuvo pasando en la administración de Alberto Fernández.

Esto no sería un factor controvertido puesto que refleja las dificultades existentes en el sector externo, sin embargo a diferencia de esos años ahora no hay quejas empresariales ni comentarios destemplados de economistas sobre la entrega de dólares en cuentagotas por parte del Banco Central.

Para eludir la doble vara analítica es necesario hacer otro esfuerzo con el siguiente hilo de números:

  • Las importaciones contabilizadas por el Indec del período diciembre-febrero sumaron 12.961 millones de dólares.
  • Los pagos efectuados con dólares girados por el Banco Central fueron 3480 millones de dólares.
  • La diferencia entre ambas cifras es 9481 millones de dólares, lo que implica que apenas el 26,8% de las importaciones fue cancelada a través del mercado oficial de cambio en estos tres meses. El resto es acumulación de deuda comercial privada.
  • El porcentaje de importaciones pagadas con reservas fue 18% en diciembre, 22% en enero y 36% en febrero.

Segunda evaluación: en los meses iniciales del gobierno de Milei se acumuló «nueva» deuda comercial del sector privado por el problema estructural de la economía argentina, que gran parte de la ortodoxia minimiza o directamente descarta, referida a la escasez relativa de dólares, que se conoce como restricción externa. Es un monto superior al que se consolidó de la «vieja» deuda con la escandalosa emisión de títulos en dólares del Banco Central vía Bopreal (Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre) por unos 7500 millones de dólares.

No subieron, sino que hubieran bajado 

Después de hacer el seguimiento de las dos tandas de cifras, con un criterio extremo, como el que les gusta aplicar a los economistas de la city cuando los gobiernos no son neoliberales (liberal libertarios, en el actual estadio superior de las políticas de ajuste regresivas), las reservas internacionales brutas del Banco Central hubieran terminado marzo con saldo negativo respecto al stock recibido de la gestión anterior.

  • El stock de reservas brutas subió 5938 millones de dólares en cuatro meses (diciembre-marzo).
  • Las importaciones no pagadas con dólares del Banco Central sumaron 9481 millones de dólares.
  • La diferencia: -3543 millones de dólares en tres meses (diciembre-febrero), monto que será superior cuando se difunda el 26 de abril próximo el informe Balance Cambiario del BCRA de marzo.

Tercera evaluación: pese a las compras de dólares en el mercado de cambio, la situación de las reservas internacionales sigue siendo crítica porque no hay acumulación de dólares del sector externo, no ingresan dólares en cantidad de inversiones extranjeras directas ni de fondos de inversión especulativos. Y, por ahora, no aparece voluntad de la tecnoburocracia del Fondo Monetario Internacional de ofrecer más dólares a su principal deudor, como es la aspiración del gobierno de Milei.

Caputo prende velas a la cosecha de soja, maíz, sorgo y girasol

La clave entonces se encuentra en el ingreso de dólares de las ventas al exterior de la cosecha gruesa. Se sabe que será superior al del año pasado, ciclo afectado por la peor sequía de la historia moderna del agro argentino, pero el interrogante se refiere a cuántos de esos dólares serán liquidados para ser comprados por el Banco Central.

Las estimaciones de producción más que duplican la del año anterior. La Bolsa de Comercio de Rosario difunde las proyecciones de las cosechas de maíz en 54 millones de toneladas, de soja en 50 millones, de girasol en 3,6 millones y de sorgo en 3,5 millones de toneladas. Estas cifras equivalen en conjunto a una cosecha y media más en comparación a la registrada el año pasado.

Pese a ello, productores y el complejo agroexportador están afinando el cálculo de rentabilidad y, según las últimas estimaciones, dicen que no será tan elevado como esperaban. Esto es así por la suba (en dólares) de los costos de producción y del retroceso de los precios internacionales de cada uno de estos cultivos.

Del mismo modo que el rasgo bimonetario de la economía se ha agudizado en varios sectores, en la actividad agraria también se ha profundizado. Por caso, la estructura de costos de una hectárea de soja está 49% dolarizada, mientras que la de maíz se eleva al 53% y al 60% incluyendo el costo de la tierra.

La dolarización del negocio agrario deriva en un efecto aún más perjudicial para la estabilidad general de la economía. La demanda de un tipo de cambio real elevado no es suficiente para el cálculo de rentabilidad sectorial, pedido que igual seguirá estando presente, y entonces la presión para la eliminación de las retenciones será cada vez más intensa. 

Así se pone bajo presión máxima las cuentas fiscales y más aún cuando existe la obsesión fiscalista de conseguir el equilibrio y hasta el superávit de las cuentas públicas en forma inmediata sin importar la magnitud de los recortes del gasto público hasta el nivel de paralizar o eliminar áreas estatales enteras.

Costos en dólares en alza…

El sitio web especializado Agrofy news informó que los cambios en los precios relativos, derivados del aumento en el tipo de cambio, del alza en el gasoil, de los impuestos de importación sumado a un reacomodamiento de los fletes agrícolas, tarifas de labores, incremento en impuestos provinciales y municipales, llevan a que «no sea sencillo determinar a simple vista si el agro está mejor o peor», evalúan en este portal.

Si se analizan los costos estimados para febrero de 2023 y se lo compara con febrero de 2024 se observan alteraciones al observar los costos en quintales por hectárea.

Las cuentas comparativas realizadas por el ingeniero agrónomo Martín Principiano de la Consultora General de Cultivos Lares, que toman como referencia la región norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, concluyen que para el trigo el rendimiento de indiferencia tuvo un alza de casi 10 quintales/hectárea en el costo, para el maíz tuvo un incremento de 7 quintales/hectárea, y para la soja el rendimiento de indiferencia en campo propio subió 20 quintales/hectárea y sube a 35 en campo alquilado.

… y precios internacionales en baja

La suba de los costos viene acompañada del retroceso de los precios internacionales del agro. En los años 2020-2023, el mercado mundial de los granos estuvo impulsado por la política monetaria restrictiva de Estados Unidos y Europa (suba de la tasa de interés para desacelerar la tasa de inflación) y por la guerra entre Rusia y Ucrania.

Ambos factores ya no influyen en la definición de los precios internacionales porque las perspectivas son de una reducción de la tasa de interés internacional y porque el comercio internacional se ha adaptado a las transformaciones derivadas de este conflicto bélico.

Con respecto a marzo del año pasado, el precio de la soja cayó 21% y el del maíz, 33%. Esto significa una reducción de casi 9000 millones de dólares de la estimación inicial de la cosecha gruesa.

Otros factores influyen para el descenso de los precios: aumento de la producción global para este año, mayor acumulación de stock mundiales y menor demanda de China.

¿Alcanzarán los dólares de la cosecha gruesa?

Como se explicó en detalle, el saldo de dólares acumulados en el Banco Central sumó 5938 millones de dólares en lo que va del gobierno de Milei hasta fines de marzo. Con criterio extremo, contabilizando los dólares no entregados a los importadores hasta fines de febrero, el resultado es negativo en 3543 millones.

A esta cuenta se debe agregar los desembolsos para hacer frente a vencimientos de intereses y capital de títulos públicos en dólares por 2755 millones de dólares hasta fin de año. Se estima además que gran parte de los correspondientes con el Fondo Monetario Internacional serán cubiertos con giros que hará el propio organismo. Por caso, en abril los vencimientos con el FMI y otros organismos multilaterales y bilaterales suman 2238 millones de dólares.

El actual cronograma de pagos con el Fondo arroja un saldo final negativo de unos 2700 millones de dólares en 2024. Aquí aparece la desesperación de Caputo para alcanzar un nuevo acuerdo de refinanciación y aporte de más dólares del FMI, pretensión que por ahora tiene débil recepción en Washington.

El gobierno de Milei está subido al tren cambiario de cuasicongelar el dólar oficial para frenar el desborde inflacionario, autoprovocado con la megadevaluación del 13 de diciembre pasado, y de este modo corre el riesgo de colisionar con la muralla conocida: la presión por otra fuerte devaluación del complejo agroexportador para vender en cantidad los dólares de la cosecha, que es la misma exigencia histórica del FMI para definir un nuevo acuerdo.

El sendero que están transitando las reservas internacionales del Banco Central no entrega atajos sólidos para eludir esta pared.


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Israel, Irán y la dinámica de lo imprevisible

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Daniel Kersffeld

Por Daniel Kersffeld

Después del ataque terrorista de Hamas el pasado 7 de octubre y de la posterior ofensiva bélica en el territorio de Gaza, la actual confrontación entre Israel e Irán amenaza con convertirse en un hito decisivo en la historia de Medio Oriente, con preocupantes ramificaciones a nivel global.  

Aunque una gran parte de los países europeos y americanos respaldaron a Israel de la reciente agresión con drones y misiles por parte del régimen chiita, eso no oculta ni encubre el aislamiento cada vez mayor en el que se encuentra el gobierno de Benjamin Netanyahu.

Si para las naciones tradicionalmente aliadas, Estados Unidos y Reino Unido, la avanzada israelí en contra de la población palestina resultaba difícil de admitir, la reciente muerte de siete trabajadores humanitarios de la ONG World Central Kitchen por misiles israelíes se convirtió en un llamado de atención directo respecto a los límites que el gobierno de Netanyahu estaba cruzando en medio del fragor de la guerra.

En las actuales circunstancias, el firme respaldo a Israel se convierte en un factor decisivo para los intereses de las principales potencias occidentales.

Pero son cada vez más evidentes las críticas, tanto internas como externas, contra un gobierno que por medio de su accionar bélico demuestra más capacidad para regular los tiempos y administrar su permanencia en el poder que efectividad en el rescate de los más de cien secuestrados que todavía están en manos de Hamas.

En Estados Unidos, demócratas y republicanos lamentan que este conflicto se presente en medio de una campaña electoral extremadamente compleja y, sobre todo, impredecible. Ambos partidos han tratado de capitalizar la crisis en Medio Oriente con suerte dispar pero temiendo una escalada de consecuencias desconocidas.

Joe Biden ha debido hacer malabares, no siempre de manera exitosa, para sostener su postura en contra de Netanyahu y del sesgo adquirido por la ofensiva militar en Gaza. Con una campaña cuesta arriba, intenta hacer equilibrio tratando de no provocar el alejamiento de buena parte de su electorado judío y progresista que, si bien todavía se mantiene leal al Partido Demócrata, suele reaccionar vivamente cuando las críticas apuntan a la política defensiva encarada por Israel.

Por otra parte, y si bien en un principio se podrían señalar las afinidades y coincidencias ideológicas entre Netanyahu y Donald Trump, lo cierto es que su relación está construida en base a resquemores y a la desconfianza mutua. Para el candidato republicano, Netanyahu es un factor de perturbación en Medio Oriente, a quien seguramente preferiría fuera del gobierno si es que vuelve a asumir la primera magistratura en Estados Unidos en enero del 2025.

Más allá del impacto político que la crisis podría provocar en los Estados Unidos, tampoco parecería beneficiar a Rusia. Si desde Washington pudieron mantener una tibia satisfacción al notar los esfuerzos que Moscú deberá llevar adelante para pacificar su tradicional área de influencia, la acción en solitario de Teherán podría en cambio descolocar toda labor posterior para encausar el conflicto en carriles más previsibles.

Es cierto que el conflicto con Ucrania ha sido útil para que Rusia e Irán reforzaran una añeja alianza militar, pero la inevitable respuesta israelí podría desequilibrar a Siria, una de las principales bases despliegue del gobierno de Vladimir Putin en Oriente Medio.

Con todo, desde Occidente esperan no sin cierta expectativa la labor diplomática que pueda ser encarada desde Moscú, ya que Rusia es tal vez el único país con un nivel de influencia apreciable capaz de entablar un diálogo convincente con el régimen chiita pero también con la administración israelí, dadas la histórica relación establecida entre Putin y Netanyahu a partir de determinadas miradas y diagnósticos coincidentes en torno a la política internacional y a la geopolítica regional.

La otra nación sobre la que existe cierto optimismo por las negociaciones que pueda llevar adelante es China, cuyo gobierno mantiene una influencia importante sobre Irán, especialmente, desde que el año pasado favoreció el establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado persa y Arabia Saudita, los principales rivales en el espacio de religioso y político del islam.

En las últimas horas, varios gobiernos occidentales (incluso los de Estados Unidos y Reino Unido) se comunicaron con Beijing, aprovechando la dependencia del petróleo y el gas proveniente de Irán, y el hecho de que el régimen de los ayatolas ha devenido una pieza fundamental en la expansión económica y comercial de China hacia los mercados europeos.

Pese al aislamiento en que se encuentra y a las presiones de los gobiernos occidentales, Netanyahu todavía se mantiene en el poder gracias a su indudable capacidad para mantener unida a su coalición de gobierno.

Sostenido por 64 de los 120 escaños de la Knesset, el gobierno está construido a partir de una alianza centralizada en el Likud y que además incluye a partidos ultraortodoxos y las vertientes ultranacionalistas lideradas por el ministro de seguridad nacional Itamar Ben-Gvir y por el ministro de finanzas Bezalel Smotrich.

Lo fundamental hoy para Netanyahu es que la coalición se mantenga unida hasta que su mandato oficialmente concluya en 2026. Si la prioridad es la atención económica a los judíos ortodoxos, su principal base electoral, también es consciente de que cualquier concesión a los palestinos podría detonar el alejamiento de la extrema derecha y la pérdida de la mayoría parlamentaria que lo sustenta en el poder.

Más allá de la fortaleza exhibida hasta ahora, Netanyahu sabe que podría ser destituido sin elecciones, mediante un voto de censura en la Knesset. Pero para eso requeriría que al menos cinco legisladores dentro de su coalición votaran en su contra, y que junto al resto de los parlamentarios de la oposición se pusieran de acuerdo sobre un candidato para asumir el cargo de Primer Ministro.

Se trata de una eventualidad que, al menos hasta la actual crisis con Irán, era observada como una posibilidad remota en Israel. En todo caso, habrá que ver si el desencadenamiento de los hechos y la imprevisibilidad de un conflicto que mantiene en vilo a todo el mundo finalmente no acelera los tiempos en contra de la permanencia en el poder de Netanyahu.


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