INFO. GENERAL
Contrabandeaban cigarrillos, droga y cruzaron a venezolanos por estancia fronteriza con Argentina

La mega operación transnacional “Alianza Austral”, que en primera instancia dejó 25 personas detenidas, develó la forma en que venían operando hace mucho tiempo los integrantes de una banda criminal en Magallanes, Chile; y la Provincia de Santa Cruz, en Argentina.
Ayer, en la audiencia de formalización de cargos en contra de los imputados, que fue maratónica, extendiéndose por más de siete horas, se prohibió a los medios de prensa dar a conocer la identidad de los involucrados.
Los fiscales Manuel Soto y Fernando Dobson entregaron los antecedentes recabados hasta ahora por la PDI en nuestro país, más el trabajo de la Fiscalía al otro lado de la frontera, de una labor investigativa que se extendió por un año.
Muchas veces la gente se pregunta cómo ingresa tanto cigarrillo a Magallanes desde Argentina sin ser descubierto.
Las ferias y locales comerciales establecidos venden casi sin control estos productos. Mucha de esta mercadería ha quedado al descubierto por el trabajo de Aduanas.
“Tráfico de drogas, contrabando y receptación aduanera, junto con porte de arma de fuego y municiones”, fueron algunos de los delitos imputados.
En esta materia entra la internación de cigarrillos, armas de fuego a Chile, y contrabando de neumáticos hacia Argentina.
Tres de los detenidos aparecen como líderes de una banda dedicada a estos delitos. Para esto mantenían vínculos con una agrupación de ciudadanos argentinos, (hermanos) quienes realizaban el contrabando por pasos fronterizos no habilitados, principalmente por el sector de Villa Dorotea, en la Provincia de Ultima Esperanza.
Los imputados, cuya identidad no se puede develar, se encargaban de internar diversas especies, principalmente miles y miles de cajetillas de cigarrillos, armas de fuego y sustancias ilícitas como droga. Los destinos principales eran las ciudades de Puerto Natales y Punta Arenas, lugares a los que arribó marihuana en grandes cantidades.
También se hizo mención a que uno de los imputados, su hija y una tercera persona, “participaron activamente en el contrabando de cigarrillos”.
Uno de los sujetos, un conocido feriante de Punta Arenas, fue sindicado como contrabandista permanente de cigarrillos. Tenía contactos permanentes al otro lado de la frontera y de ahí la cantidad de mercadería y dinero que le incautaron en el domicilio.
En enero de este año junto a un argentino coordinaron un cargamento importante de cigarrillos, que internaron por un paso fronterizo no habilitado, hasta Punta Arenas.
Las escuchas telefónicas de la Policía de Investigaciones establecieron que las actividades ilícitas estas personas venían desarrollándolas de junio del año 2022. Participaron en permanentes ventas de cigarrillos de origen argentino. Los registros policiales hablan de al menos seis hechos entre agosto, septiembre y noviembre de 2002. Más enero y febrero de 2023.
Los diversos domicilios allanados en Punta Arenas y Puerto Natales vinculan a varios de los imputados con los delitos mencionados.
Contrabando de neumáticos:
La agrupación criminal también se dedicó a contrabandear neumáticos. Esto previa coordinación con socios que tenían en el país vecino, a donde iba a parar la mercadería comprada en Zona Franca.
“Enviaban una cantidad importante de neumáticos a territorio argentino, por pasos fronterizos no habilitados, a través de una estancia administrada por uno de los imputados, que colinda con la frontera con Argentina”, mencionó el fiscal Soto.
En uno de los envíos, en octubre de 2022, internaron más de 100 neumáticos, avaluados en más de 17 millones de pesos.
Al mes siguiente, en noviembre, compraron otros 34 neumáticos y los llevaron a Natales, donde nuevamente los pasaron a través de la misma estancia administrada por uno de los imputados.
Droga
En materia de tráfico ilícito de drogas, salió a relucir el nombre de una de las mujeres imputadas y su conviviente. Ambos mantenían contacto permanente con ciudadanos argentinos con quienes coordinaban envíos de droga, en diferentes fechas. Incluso aparece mencionado un sujeto que está cumpliendo cárcel por tráfico de droga.
En 2022 tres de los imputados coordinaron envíos de importantes remesas de droga desde territorio argentino a Puerto Natales, donde la acopiaban y luego distribuían.
Por eso en diciembre de 2022 la PDI detuvo a un sujeto que tenía en su poder 10 kilos de marihuana, vinculado a estas bandas.
En enero de este año se repite el nombre del feriante. Las escuchas telefónicas lo vinculan a la coordinación y traída de importante cantidad de droga desde Argentina a Natales, y luego a Punta Arenas, ocupando a otro sujeto para estos menesteres.
Compra y venta de dinero
Igualmente, indicó la Fiscalía, los imputados se dedicaban al ejercicio informal del cambio de dinero, internando pesos argentinos comprados en las localidades trasandinas de Río Turbio y 28 de Noviembre.
El dinero lo ingresaban oculto por pasos fronterizos clandestinos, en el sector Dos Lagunas Ultima Esperanza que colinda con Río Turbio.
En un quinto hecho, el Ministerio Público hizo mención a la internación y tenencia ilegal de armas.
Uno de los imputados, aprovechándose de la estancia que administraba, se dedicó a la internación ilegal de armas desde Santa Cruz, Argentina,
El pasado 23 de agosto le encontraron en el domicilio de Puerto Natales unos 254 cartuchos calibre 22, otros 13 cartuchos calibre 32, más otros de distinta medida y un rifle.
Prisión preventiva
La Fiscalía está pidiendo la prisión preventiva para siete de los detenidos. Los restantes recuperaron ayer mismo la libertad y quedaron con diferentes medidas cautelares, como arresto domicilio nocturno.
El fiscal Soto presentó los argumentos que a su juicio justificarían que los detenidos esperen en prisión el término de la investigación.
La jueza Chacur determinó anoche hacer un receso, hasta hoy, a partir de las 9 de la mañana, cuando las defensas comiencen a exponer sus argumentos oponiéndose a la prisión.
De ahí se fijará el plazo para el cierre de la investigación. (La Prensa Austral)
INFO. GENERAL
Francisco, el papa latinoamericano para el mundo

Murió a los 88 años. Se proyectó como estadista y líder mundial. Nunca perdió su sencillez, predicó a favor de los pobres y descartados, promovió el diálogo y criticó el modelo económico depredador y excluyente. Los cambios que hizo en la Iglesia y lo que dejó pendiente.
Francisco, el papa latinoamericano que “los cardenales fueron a buscar al fin del mundo” como él mismo lo afirmó, entra en la historia de la Iglesia Católica y de la humanidad como aquella persona que, ejerciendo un liderazgo firme, dentro y fuera de las fronteras institucionales, supo entender los desafíos de la sociedad, desde su lugar ensayó las respuestas a su alcance y, sobre todo, tuvo la capacidad de interpelar a propios y extraños con su mensaje profundamente humano.
De esta manera Jorge Bergoglio logró dejar huella en la vida de muchas personas, también en gran parte de quienes no lo reconocieron como su líder espiritual o religioso. En el escenario de un mundo contemporáneo atravesado por los conflictos y las guerras y, al mismo tiempo, carente de voces y de referentes que iluminen los senderos de la fraternidad entre las personas y los pueblos, Francisco marcó presencia.
Como componente esencial de su misión el Papa predicó y puso en práctica lo que él mismo denominó “la cultura del encuentro”. Porque, como lo escribió en su autobiografía recientemente publicada bajo el título “Esperanza”, “solo quien levanta puentes sabrá avanzar; el que levanta muros acabará apresado por los muros que él mismo ha construido. Ante todo quedará atrapado su corazón”.
Francisco: el hombre común
Se proyectó como estadista y líder mundial, sin perder la sencillez característica de la historia personal de este porteño (“dentro de mi alma me considero un hombre de ciudad”), el mayor de cinco hermanos nacidos todos en el barrio de Floresta en Buenos Aires, y que aún en el Vaticano siguió reconociéndose como “cuervo” por su afición a San Lorenzo. Sin embargo, cuando le anunciaron que en su regreso a la avenida La Plata el nuevo estadio podría llamarse “Papa Francisco” dijo claramente que “la idea no me entusiasma”.
La elección como Papa le cambió la vida a Jorge Bergoglio. Pero una vez convertido en Francisco hizo lo posible por mantener los rasgos de humanidad y de hombre común que hacían que en Buenos Aires, y ya siendo cardenal, siguiera viajando en subte para ir a su despacho en la curia porteña. “Me gusta caminar por la ciudad, en la calle aprendo” decía. Su nueva condición lo obligó a muchas restricciones, pero en lugar de habitar un palacio vaticano eligió vivir en la residencia Santa Marta, una especie de hotel religioso que recibe a obispos y sacerdotes que viajan a Roma por motivos eclesiásticos. Allí trasladó incluso muchas de sus audiencias, sobre todo cuando se encontraba con la gente más cercana por motivos personales o pastorales. Santa Marta fue su casa. Hasta allí le alcanzaron los zapatos “gomicuer” que pidió a sus amigos que le llevaran desde Buenos Aires tras descartar el calzado rojo que usaba su antecesor Benedicto XVI. También desde allí, o desde cualquier lugar del mundo donde estuviera de visita, cada domingo por la noche Francisco cumplía en llamar por teléfono a Buenos Aires a su hermana María Elena, la única sobreviviente de su familia. Ha dicho que no ver a su hermana es de los desprendimientos que más le costó.
Se reconocía como amante de la música y del tango. “La melancolía ha sido compañera una compañera de vida, aunque de manera no constante (…) ha formado parte de mi alma y es un sentimiento que me ha acompañado y que he aprendido a reconocer”.
Desde 1990, a raíz de una promesa religiosa, no volvió a mirar televisión y se mantenía informado por otros medios.
“Plan de gobierno”
La elección de Bergoglio como papa Francisco, que cambió la vida de la Iglesia Católica, también modificó profundamente la manera de relacionarse del catolicismo con la sociedad, en el mundo y en cada país y región.
Ni siquiera los más cercanos, aquellas y aquellos que conocían sus pensamientos y que habían seguido su trayectoria, habrían podido imaginar aquel 13 de marzo de 2013 el «plan de gobierno» que Jorge Bergoglio tenía en su mente cuando fue ungido como máxima autoridad de la Iglesia Católica. Quizás tampoco había pasado por su cabeza esa posibilidad a pesar de la experiencia acumulada en sus años como superior provincial de los jesuitas en Argentina (1973-1979), en plena dictadura militar, o en su tarea como obispo auxiliar (1992-1998) y luego como arzobispo de Buenos Aires (1998-2013).
No pocos sostienen que la vida de Bergoglio tuvo un vuelco fundamental por su participación en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Aparecida, Brasil, 2007) en la que el entonces arzobispo porteño recibió un baño de ”latinoamericaneidad” en su contacto con sus colegas obispos de la región y, en particular, con los de Brasil. Esto es lo que lo llevó a escribir en sus memorias que “mis raíces son también italianas, pero soy argentino y latinoamericano. En el gran cuerpo de la iglesia universal, donde todos los carismas ‘son una maravillosa riqueza de gracia’, esa iglesia continental tiene unas características de vivacidad especiales, unas notas, colores, matices que también constituyen una riqueza y que los documentos de las grandes asambleas de los episcopados latinoamericanos han manifestado”.
Hasta entonces el “porteño” Bergoglio, como buena parte de los argentinos, se había mantenido distante de América Latina. También en términos eclesiásticos por su cercanía a la “teología de la cultura” que aprendió de su maestro Juan Carlos Scanonne y más alejado de los teólogos de liberación como el peruano Gustavo Gutiérrez o el brasileño Leonardo Boff. Con ambos se encontró y se abrazó después una vez que estuvo en el Vaticano. Bergoglio se hizo latinoamericano en Aparecida. Y con ese bagaje llegó al consistorio que lo eligió Papa.
Pocos días antes de su muerte, la teóloga argentina Emilce Cuda, a quien el Papa llevó a Roma como una de sus más estrechas colaboradoras, fue enfática al señalar que la teología de Franscisco ha sido “la teología” a secas, rescatando las raíces del pensamiento cristiano a lo largo de la historia para ponerla a dialogar con los desafíos de la actualidad de la Iglesia y del mundo.
Referente mundial
El tiempo y sobre todo los gestos de Francisco fueron dejando en claro la propuesta y las huellas que el primer papa latinoamericano deseaba establecer como impronta a su gestión. Fue así que su primer viaje político-pastoral lo llevó hasta Lampedusa, para encontrarse con los inmigrantes ilegales expulsados de su territorio que huyen desesperados en busca de la vida. A ellos y al mundo les reafirmó con un gesto de cercanía y solidaridad su prédica en favor de los pobres, los descartados y de sus derechos.
Desde allí, sin abandonar su impronta religiosa, el Papa comenzó a construir su condición de referente mundial más allá de las fronteras de la Iglesia Católica convirtiéndose en interlocutor de jefes de estado, de dirigentes sociales, políticos y culturales. En un mundo con liderazgos en crisis y enfrentando los desafíos de la realidad Francisco eligió el camino del diálogo y del encuentro con los diferentes, desde la realidad de los pobres y reclamando por sus derechos.
Sus ideas quedaron plasmadas en muchos de sus documentos y alocuciones públicas pero sobre todo en las encíclicas Laudato Si (2015), sobre “la casa común”, el cambio climático y el cuidado de los recursos naturales, y Fratelli Tutti (2020) acerca de la amistad y la fraternidad social.
Pero Francisco fue, de muchas maneras, un líder incómodo, para los gobernantes y los poderosos del mundo. En particular por sus llamadas a atender los problemas de sobre explotación de los recursos naturales en desmedro del cuidado de la naturaleza, las críticas de un modelo económico depredador y excluyente y las advertencias sobre el “descarte” que se evidencia en las migraciones masivas, las guerras y la pobreza creciente.
Los pobres y la guerra
En su transitar Francisco se convirtió en vocero de los descartados y los pobres, pero también en aliado de quienes salieron en defensa de los derechos de estas personas y comunidades. Puede decirse que el discurso pronunciado el 9 de julio de 2015 por el Papa ante el auditorio plural de los movimientos sociales reunidos en Cochabamba (Bolivia), cuyo eje fue su proclama de «las tres T» (tierra, techo, trabajo), constituye una suerte de síntesis doctrinal que, en otro tono y con distinto despliegue, Francisco había expresado de manera sistemática y con base teológica en Laudato Sí. Una gran suma que, a contracorriente de las fuerzas del capitalismo mundial, se alzó en favor de los pobres y sus organizaciones, criticó a los poderes hegemónicos y lanzó un llamado a la paz. Una militancia pacifista que Bergoglio apoyó con sus acciones y las del Vaticano en cada lugar de conflicto en cualquier rincón de la tierra. En esta tarea los movimientos sociales fueron elegidos permanentemente como aliados e interlocutores, convocados y sentados a la mesa de las conversaciones con el Papa.
A través de sus acciones Francisco también consolidó su idea de que a las grandes religiones monoteístas del mundo y a sus dirigentes le cabe la responsabilidad de encontrar salidas a la guerra mundial traducida en multitud de conflictos acotados o guerras regionales por disputas territoriales, cuestiones de soberanía, enfrentamientos políticos, étnicos o raciales. “No existe la guerra inteligente; la guerra solo sabe causar miseria; las armas, únicamente muerte” afirmó.
En octubre de 2022 organizó en Roma un gran encuentro de líderes religiosos mundiales por la paz. Pero antes y después se reunió en Irak, con el Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani, líder de la comunidad chií del país, en Ulaanbaatar con once líderes de diferentes confesiones y, más recientemente, en Indonesia junto al iman Nasaruddin Umar visitó el ‘túnel de la Amistad’ que conecta la mezquita Istiqlal con la catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
En la propia Iglesia
Hacia el interior de la misma Iglesia Católica el papa Francisco impulsó muchas líneas que conectan directamente con iniciativas inauguradas en el Concilio Vaticano II (1962-1965), impulsadas por el papa Juan XXIII (1958-1963 ) y continuadas por Paulo VI (1963-1978), pero que tuvieron frenos y retrocesos con Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI ( 2005-2013).
De esta manera Bergoglio insistió en la idea de “una iglesia de puertas abiertas” con capacidad de acogida para todas y todos, sin ningún tipo de restricciones, en diálogo con la sociedad y enfrentando los problemas comunes. Esto implicó también reformas profundas en las estructuras eclesiásticas, con más espacios para los laicos y en particular para las mujeres, pero también desde una perspectiva eclesiológica que buscó protagonizar el “sacerdocio común de los fieles” incluso antes que el sacerdocio ministerial.
Con esa intención Francisco propició, a través de los sínodos (universal y regionales) una Iglesia más participativa que puso en crisis el modelo estrictamente jerárquico, piramidal y romano céntrico. Ello trajo aparejado también la decisión de enfrentar los problemas de abusos, la pederastia y la corrupción dentro de la estructura eclesiástica.
Bergoglio acompañó este proceso con reformas de la curia vaticana, recambio de los responsables y nuevos nombramientos para rodearse de figuras de su confianza. También hubo cambios mediante la designación de obispos más jóvenes y cercanos a la perspectiva eclesiológica de Francisco.
Nada de esto ocurrió sin resistencias y enfrentamientos. En el mundo, pero también en la Argentina donde paradójicamente los sectores católicos más conservadores, empresarios y representantes del poder que vieron en Francisco la continuidad de un cardenal Bergoglio, que en su momento y sin considerarlo como del propio palo, nunca les resultó incómodo. Rápidamente se sintieron defraudados por las iniciativas y las propuestas del Papa que acentuó los rasgos más latinoamericanistas del entonces cardenal de Buenos Aires y radicalizó su perspectiva en favor de los pobres, de los excluidos y de sus derechos.
El poder se disgustó con Francisco y no lo disimuló. También los sectores conservadores de Iglesia incluidos algunos obispos se sintieron molestos con Bergoglio, aunque estos últimos se mantuvieron dentro de los márgenes de discreción que impone la propia Iglesia.
A nivel mundial también las intrigas y las conspiraciones fueron en aumento. Integrantes del colegio cardenalicio que habían ido a buscar a un papa latinoamericano y seleccionaron a un argentino porque siendo tal era el «más parecido» a los europeos se sintieron frustrados en sus expectativas.
En más de una oportunidad los sectores más conservadores se rasgaron las vestiduras ante lo que consideraron excesivas concesiones de Bergoglio, tanto en sus mensajes como en su estilo pastoral. Francisco no se inquietó demasiado por ello. Siguió tomando decisiones con conciencia de los problemas que enfrentaba e incluso utilizó la energía y el respaldo que le llegaba desde afuera para dar batallas en el seno de la propia Iglesia.
Siempre apareció convencido de la tarea que debía enfrentar: avanzar y profundizar la reforma de la Iglesia hacia una forma de gobierno y de participación más sinodal, más horizontal y plural que renueve la vida del catolicismo.
Si bien se dieron pasos sustanciales en ese sentido, quizás sea esta la tarea inconclusa que deja Francisco y que quedará en manos quien lo suceda en el pontificado. Una designación que dependerá de una elección incierta y sin candidatos a la vista, aun teniendo en cuenta la profunda renovación que Bergoglio hizo en el colegio cardenalicio que escogerá al nuevo papa.
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