La comunidad de la Cuenca Carbonífera despide con profundo respeto y emoción a Graciela Ruiz, una mujer noble y luchadora cuya vida estuvo profundamente ligada a la solidaridad, la familia y el compromiso con su comunidad. Falleció en la ciudad de Neuquén capital, dejando un legado humano que perdurará en la memoria de quienes la conocieron.
Madre de Graciela Edhit Uribe, Eduardo Guajardo, Héctor “Chucu” Rodríguez, Jorge Uribe y Ricardo “Richi” Rodríguez, todos músicos que con su arte se convirtieron en verdaderos embajadores culturales de la Cuenca Carbonífera y de la provincia de Santa Cruz, Graciela fue también una figura silenciosa pero fundamental detrás de esos caminos artísticos y comunitarios.

Había llegado desde su Chile natal buscando nuevos horizontes, como tantas familias que encontraron en la Patagonia un lugar para construir futuro. Con el paso de los años se querenció profundamente con la localidad de 28 de Noviembre para despues llegar a Rio Turbio, donde dejó huellas imborrables a través de su trabajo solidario y su permanente compromiso con los vecinos.
Quienes compartieron momentos con ella recuerdan especialmente su espíritu persistente y generoso, siempre dispuesta a colaborar en tiempos difíciles que atravesó la región. En muchos momentos complejos para Río Turbio y la Cuenca, Graciela fue parte de esas mujeres que sostuvieron a la comunidad desde la contención, acompañando a niños y jóvenes que encontraban en su figura una guía y una presencia cercana.
El deporte y el barrio Santa Cruz fueron también espacios donde dejó su marca. Con orgullo supo defender y acompañar las iniciativas que fortalecían la vida comunitaria, siempre llevando con orgullo la camiseta del barrio y promoviendo valores de compañerismo, esfuerzo y solidaridad.
Su historia representa la de muchas mujeres patagónicas que, con humildad y trabajo silencioso, ayudaron a construir comunidad. Hoy la Cuenca Carbonífera la despide reconociendo en su figura la nobleza, la fortaleza y el amor por su gente, valores que continúan vivos en su familia y en quienes heredaron su ejemplo.
Graciela Ruiz deja una huella profunda en la memoria colectiva de la región, donde su nombre quedará ligado para siempre a la solidaridad, la cultura y el compromiso con los demás. Su legado seguirá latiendo en la música de sus hijos y en el recuerdo de una comunidad que la consideró siempre una de las suyas.












