INFO. GENERAL
Sin tener los votos asegurados, el Gobierno inició el debate en Diputados para rematar Aerolíneas Argentinas

Con el supuesto déficit como argumento y el ataque a los gremios como excusa, el oficialismo puso primera en la Cámara baja en su intento por vender la empresa. Pero se topó con las dudas del pichettismo y los legisladores del interior que temen dejar a sus provincias sin conectividad. El bloque de Unión por la Patria recordó el desastre de la privatización de los 90s.
El gobierno libertario dio comienzo a su nueva cruzada ordenadora: la privatización de Aerolíneas Argentinas. Con presencia del vice jefe de Gabinete, José Rolandi, y el secretario de Transporte, Franco Mogetta, La Libertad Avanza arrancó el debate en comisión en la Cámara de Diputados para rematar la aerolínea de bandera. De la mano del PRO, el oficialismo apostó a reeditar la grieta kirchnerismo/antikirchnerismo, apuntando contra las gestiones peronistas, cuestionando la estatización y criminalizando a los sindicatos que, por esas horas, movilizaban afuera del Congreso. «Son delincuentes, no trabajadores», sostuvo, en un momento, Mogetta, abonando a la estrategia polarizadora del oficialismo que pretende alinear a sus aliados contra Unión por la Patria y sumar, así, los votos para cumplir con la fantasía que Mauricio Macri nunca pudo llevar a cabo. Los votos, sin embargo, aún no están: en el interior no quieren saber nada con quedarse sin vuelos y manifiestan una resistencia a prueba de presiones que podría dejar al oficialismo con una nueva derrota.
El plenario de comisiones de Transporte y Presupuesto se extendió durante más de seis horas. Los más entusiastas en el oficialismo pretendían emitir dictamen el mismo día, pero terminaron dándose de frente con la realidad que, de momento, las firmas no estaban. Faltaba negociar para consolidar la mayoría privatizadora. Las firmas del PRO y la Coalición Cívica, que son los bloques que impulsan los dos proyectos de ley que declaran «sujeta a privatización» a Aerolíneas Argentinas, estaban firmes. Pero el pichettismo de Encuentro Federal y una parte del radicalismo estaban incómodos: la mayoría respaldaba la privatización y coincidía con el discurso oficial del «despilfarro» deficitario de la empresa, pero la experiencia del desguace de los 90′ pesaba y nadie quería ser responsable de dejar a su ciudad sin conectividad. «Muchos tienen miedo de no poder volver a viajar en Aerolíneas», mascullaba, por lo bajo, una espada libertaria que viene negociando con los radicales.
El mismo planteo surgía de las fuerzas provinciales, devotas aliadas del gobierno libertario que no tomaron la palabra pero, por lo bajo, cuestionaban la decisión de LLA. «Si privatizan, nos matan. Nosotros, cuando se estatizó, pasamos de tener 12 vuelos por semana a tener 44», reconoció un dirigente misionero cuyo voto el gobierno necesita. No tanto por el resultado en la Cámara de Diputados, en donde LLA aspira a alcanzar una mayoría, sino por el panorama en el Senado: allí los gobiernos provinciales son clave, así como los radicales que le voltearon la privatización de Aerolíneas durante el debate en la Ley Bases, y el escenario se presenta particularmente reactivo para sancionar la privatización.
Los gremios como excusa
Si bien no logró hacerse del número para dictaminar, el oficialismo aprovechó el primer round en el plenario de comisiones para gatillar contra los sindicatos aeronáuticos. «Los sindicalistas que dicen defender Aerolíneas Argentinas son los que más la perjudican. Van nueve medidas de paro, por cada medida de fuerza Aerolíneas Argentinas pierde aproximadamente un millón y medio de dólares», arrancó el secretario de Transporte, Franco Mogetta, quien protagonizaría varios cruces con los legisladores de la oposición – particularmente los peronistas y las del FIT – durante toda la jornada. Fue una reunión tensa en la que, por momentos, Mogetta llegaría a gritarle a Vanina Biasi (FIT): «¡No tienen idea lo que es un trabajador!»
Mogetta, incluso, acusó a los sindicatos de haber hecho renunciar al jefe de operaciones y adelantó que, si no conseguían un reemplazo, «no va a quedar opción que cerrar la compañía». «Nuestro posicionamiento es firme frente a los abusos de los dirigentes gremiales. Un dirigente gremial que lanza una huelga y se va de vacaciones a España con su familia flaco favor le hace al sector. Un sindicato que defiende trabajadores que abren valijas y se roban la pertenencia de los pasajeros poco favor le hace al sector. Son delincuentes no son trabajadores», sostuvo el secretario, despertando una oleada de gritos en las filas de Unión por la Patria y la izquierda. «Caradura, mentiroso», le gritaban las y los diputados.
El vicejefe de Gabinete, José Rolandi, mientras tanto, apuntaría contra el déficit que generaba sostener la aerolínea de bandera. «Desde el momento de su estatización los argentinos le pagamos a Aerolíneas más de 8 mil millones de dólares», cuestionó el funcionario que, ante las preguntas de los legisladores sobre qué pasaría con las rutas menos rentables, sugirió una curiosa solución: que sean los municipios los que financien las rutas comerciales que daban pérdidas.
«Cuando bajamos la frecuencia en temporada baja para dejar de perder tanta plata, Aerolíneas firmó un acuerdo con la ciudad (de Río Cuarto) para que, en caso de que la ocupación no superase el costo que la hace rentable, fuera el Estado local el que cubriese el costo. Eso es federalismo», reflexionó, con una lógica no muy diferente a cuando Diana Mondino sugirió, antes de ser designada como canciller, que «la gente se junte» para financiar la construcción de una cloaca.
Quien no se animó a dar el presente fue el presidente de la compañía estatal, Fabián Lombardo, a quien varios dirigentes de la oposición le dedicarían, luego, varias críticas. «Es uno de los tantos Sciolis de la vida, traidores. Lombardo fue funcionario de 2001 a 2015 y Macri lo echó. Era parte fundamental de la aerolínea que tanto critican, no entiendo por qué no lo echan», arremetió, en un momento, la camporista Florencia Carignano.
La defensa de Aerolíneas
Frente a las embestidas del oficialismo y sus aliados, el peronismo, la izquierda e, incluso, Encuentro Federal (EF) salieron a cuestionar la voracidad privatizadora del gobierno. «Aerolíneas vuela a 22 destinos donde nadie más vuela y a 39 destinos sin pasar por Buenos Aires, esto no es importante para los que están abrazados al Obelisco, pero si para los que vivimos en la Argentina federal», cuestionó el ex ministro de Transporte, Diego Giuliano, que recordó: «Aerolíneas ya se privatizó, y se vendieron 22 aviones en tres semanas, se liquidaron los activos de la compañía y terminó con el actor que lo llevó adelante preso en España».
Unos minutos antes, uno de los autores de los proyectos de privatización, el lilito Juan Manuel López, había declarado: «Ya en el mundo no quedan aerolíneas de bandera, salvo en los países árabes, en Rusia, en China y en algún lugar de Europa. Pero después, los países de la región ya no tienen aerolínea de bandera. Esos son puros mitos». Le respondió el socialista Esteban Paulón, con quien había integrado, hace solo unos meses, el mismo bloque (Hacemos Coalición Federal): «Actualmente, Air India, Egypt Air, El al, Turkish Airlines son estatales. Más de 100 de 300 aerolíneas tienen participación estatal. No estamos inventando la rueda».
Nicolás Massot se encargó de asentar la postura de EF en la negociación, adelantando que estaba de acuerdo con «la discusión» pero que había que resolver, antes, algunos detalles: «Tienen que explicar qué formato de privatización, qué metodología, qué controles y qué beneficios al comprador le van a dar», demandó, y cruzó al oficialismo por no haber convocado, aún, la Bicameral de Privatizaciones. «Son los únicos que no presentaron los nombres», lo chicaneó José Luis Espert, presidente de la comisión de Presupuesto. «No hubo pedido formal porque, como todo en este gobierno, es blue, informal y con asado en Olivos», le retrucó Massot.
Una de las pocas voces libertarias fue la de Lilia Lemoine. «No podemos sostener una empresa que da pérdidas. Eso es gasto estatal, es deudas», argumentó y, en lo que pareció una provocación, agregó: «¿No preferirían tener el dinero para redistribuir entre los jubilados?». La mesa donde estaban sentados las y los diputados de UxP estallaron en risas, incrédulos. «¡Ahora se acuerdan!», le respondieron.
Algunas diputadas del opo oficialismo, como Silvana Giudici (PRO), aprovecharon para polarizar con el peronismo. «Vi manifestantes con un escudito en el pecho, el escudito del partido que privatizó la empresa en los 90′. Una privatización ruinosa que después terminó en una estatización ruinosa», provocó. No sería la única, sino que la estrategia se repetiría a lo largo de la jornada. «Este es un debate ordenador, salga o no salga la ley. Nosotros, el PRO, la CC, de un lado. Del otro el peronismo. Y los que quedan en el medio estarán confundidos, incómodos. A ver qué hacen», provocó una espada libertaria.
INFO. GENERAL
Francisco, el papa latinoamericano para el mundo

Murió a los 88 años. Se proyectó como estadista y líder mundial. Nunca perdió su sencillez, predicó a favor de los pobres y descartados, promovió el diálogo y criticó el modelo económico depredador y excluyente. Los cambios que hizo en la Iglesia y lo que dejó pendiente.
Francisco, el papa latinoamericano que “los cardenales fueron a buscar al fin del mundo” como él mismo lo afirmó, entra en la historia de la Iglesia Católica y de la humanidad como aquella persona que, ejerciendo un liderazgo firme, dentro y fuera de las fronteras institucionales, supo entender los desafíos de la sociedad, desde su lugar ensayó las respuestas a su alcance y, sobre todo, tuvo la capacidad de interpelar a propios y extraños con su mensaje profundamente humano.
De esta manera Jorge Bergoglio logró dejar huella en la vida de muchas personas, también en gran parte de quienes no lo reconocieron como su líder espiritual o religioso. En el escenario de un mundo contemporáneo atravesado por los conflictos y las guerras y, al mismo tiempo, carente de voces y de referentes que iluminen los senderos de la fraternidad entre las personas y los pueblos, Francisco marcó presencia.
Como componente esencial de su misión el Papa predicó y puso en práctica lo que él mismo denominó “la cultura del encuentro”. Porque, como lo escribió en su autobiografía recientemente publicada bajo el título “Esperanza”, “solo quien levanta puentes sabrá avanzar; el que levanta muros acabará apresado por los muros que él mismo ha construido. Ante todo quedará atrapado su corazón”.
Francisco: el hombre común
Se proyectó como estadista y líder mundial, sin perder la sencillez característica de la historia personal de este porteño (“dentro de mi alma me considero un hombre de ciudad”), el mayor de cinco hermanos nacidos todos en el barrio de Floresta en Buenos Aires, y que aún en el Vaticano siguió reconociéndose como “cuervo” por su afición a San Lorenzo. Sin embargo, cuando le anunciaron que en su regreso a la avenida La Plata el nuevo estadio podría llamarse “Papa Francisco” dijo claramente que “la idea no me entusiasma”.
La elección como Papa le cambió la vida a Jorge Bergoglio. Pero una vez convertido en Francisco hizo lo posible por mantener los rasgos de humanidad y de hombre común que hacían que en Buenos Aires, y ya siendo cardenal, siguiera viajando en subte para ir a su despacho en la curia porteña. “Me gusta caminar por la ciudad, en la calle aprendo” decía. Su nueva condición lo obligó a muchas restricciones, pero en lugar de habitar un palacio vaticano eligió vivir en la residencia Santa Marta, una especie de hotel religioso que recibe a obispos y sacerdotes que viajan a Roma por motivos eclesiásticos. Allí trasladó incluso muchas de sus audiencias, sobre todo cuando se encontraba con la gente más cercana por motivos personales o pastorales. Santa Marta fue su casa. Hasta allí le alcanzaron los zapatos “gomicuer” que pidió a sus amigos que le llevaran desde Buenos Aires tras descartar el calzado rojo que usaba su antecesor Benedicto XVI. También desde allí, o desde cualquier lugar del mundo donde estuviera de visita, cada domingo por la noche Francisco cumplía en llamar por teléfono a Buenos Aires a su hermana María Elena, la única sobreviviente de su familia. Ha dicho que no ver a su hermana es de los desprendimientos que más le costó.
Se reconocía como amante de la música y del tango. “La melancolía ha sido compañera una compañera de vida, aunque de manera no constante (…) ha formado parte de mi alma y es un sentimiento que me ha acompañado y que he aprendido a reconocer”.
Desde 1990, a raíz de una promesa religiosa, no volvió a mirar televisión y se mantenía informado por otros medios.
“Plan de gobierno”
La elección de Bergoglio como papa Francisco, que cambió la vida de la Iglesia Católica, también modificó profundamente la manera de relacionarse del catolicismo con la sociedad, en el mundo y en cada país y región.
Ni siquiera los más cercanos, aquellas y aquellos que conocían sus pensamientos y que habían seguido su trayectoria, habrían podido imaginar aquel 13 de marzo de 2013 el «plan de gobierno» que Jorge Bergoglio tenía en su mente cuando fue ungido como máxima autoridad de la Iglesia Católica. Quizás tampoco había pasado por su cabeza esa posibilidad a pesar de la experiencia acumulada en sus años como superior provincial de los jesuitas en Argentina (1973-1979), en plena dictadura militar, o en su tarea como obispo auxiliar (1992-1998) y luego como arzobispo de Buenos Aires (1998-2013).
No pocos sostienen que la vida de Bergoglio tuvo un vuelco fundamental por su participación en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Aparecida, Brasil, 2007) en la que el entonces arzobispo porteño recibió un baño de ”latinoamericaneidad” en su contacto con sus colegas obispos de la región y, en particular, con los de Brasil. Esto es lo que lo llevó a escribir en sus memorias que “mis raíces son también italianas, pero soy argentino y latinoamericano. En el gran cuerpo de la iglesia universal, donde todos los carismas ‘son una maravillosa riqueza de gracia’, esa iglesia continental tiene unas características de vivacidad especiales, unas notas, colores, matices que también constituyen una riqueza y que los documentos de las grandes asambleas de los episcopados latinoamericanos han manifestado”.
Hasta entonces el “porteño” Bergoglio, como buena parte de los argentinos, se había mantenido distante de América Latina. También en términos eclesiásticos por su cercanía a la “teología de la cultura” que aprendió de su maestro Juan Carlos Scanonne y más alejado de los teólogos de liberación como el peruano Gustavo Gutiérrez o el brasileño Leonardo Boff. Con ambos se encontró y se abrazó después una vez que estuvo en el Vaticano. Bergoglio se hizo latinoamericano en Aparecida. Y con ese bagaje llegó al consistorio que lo eligió Papa.
Pocos días antes de su muerte, la teóloga argentina Emilce Cuda, a quien el Papa llevó a Roma como una de sus más estrechas colaboradoras, fue enfática al señalar que la teología de Franscisco ha sido “la teología” a secas, rescatando las raíces del pensamiento cristiano a lo largo de la historia para ponerla a dialogar con los desafíos de la actualidad de la Iglesia y del mundo.
Referente mundial
El tiempo y sobre todo los gestos de Francisco fueron dejando en claro la propuesta y las huellas que el primer papa latinoamericano deseaba establecer como impronta a su gestión. Fue así que su primer viaje político-pastoral lo llevó hasta Lampedusa, para encontrarse con los inmigrantes ilegales expulsados de su territorio que huyen desesperados en busca de la vida. A ellos y al mundo les reafirmó con un gesto de cercanía y solidaridad su prédica en favor de los pobres, los descartados y de sus derechos.
Desde allí, sin abandonar su impronta religiosa, el Papa comenzó a construir su condición de referente mundial más allá de las fronteras de la Iglesia Católica convirtiéndose en interlocutor de jefes de estado, de dirigentes sociales, políticos y culturales. En un mundo con liderazgos en crisis y enfrentando los desafíos de la realidad Francisco eligió el camino del diálogo y del encuentro con los diferentes, desde la realidad de los pobres y reclamando por sus derechos.
Sus ideas quedaron plasmadas en muchos de sus documentos y alocuciones públicas pero sobre todo en las encíclicas Laudato Si (2015), sobre “la casa común”, el cambio climático y el cuidado de los recursos naturales, y Fratelli Tutti (2020) acerca de la amistad y la fraternidad social.
Pero Francisco fue, de muchas maneras, un líder incómodo, para los gobernantes y los poderosos del mundo. En particular por sus llamadas a atender los problemas de sobre explotación de los recursos naturales en desmedro del cuidado de la naturaleza, las críticas de un modelo económico depredador y excluyente y las advertencias sobre el “descarte” que se evidencia en las migraciones masivas, las guerras y la pobreza creciente.
Los pobres y la guerra
En su transitar Francisco se convirtió en vocero de los descartados y los pobres, pero también en aliado de quienes salieron en defensa de los derechos de estas personas y comunidades. Puede decirse que el discurso pronunciado el 9 de julio de 2015 por el Papa ante el auditorio plural de los movimientos sociales reunidos en Cochabamba (Bolivia), cuyo eje fue su proclama de «las tres T» (tierra, techo, trabajo), constituye una suerte de síntesis doctrinal que, en otro tono y con distinto despliegue, Francisco había expresado de manera sistemática y con base teológica en Laudato Sí. Una gran suma que, a contracorriente de las fuerzas del capitalismo mundial, se alzó en favor de los pobres y sus organizaciones, criticó a los poderes hegemónicos y lanzó un llamado a la paz. Una militancia pacifista que Bergoglio apoyó con sus acciones y las del Vaticano en cada lugar de conflicto en cualquier rincón de la tierra. En esta tarea los movimientos sociales fueron elegidos permanentemente como aliados e interlocutores, convocados y sentados a la mesa de las conversaciones con el Papa.
A través de sus acciones Francisco también consolidó su idea de que a las grandes religiones monoteístas del mundo y a sus dirigentes le cabe la responsabilidad de encontrar salidas a la guerra mundial traducida en multitud de conflictos acotados o guerras regionales por disputas territoriales, cuestiones de soberanía, enfrentamientos políticos, étnicos o raciales. “No existe la guerra inteligente; la guerra solo sabe causar miseria; las armas, únicamente muerte” afirmó.
En octubre de 2022 organizó en Roma un gran encuentro de líderes religiosos mundiales por la paz. Pero antes y después se reunió en Irak, con el Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani, líder de la comunidad chií del país, en Ulaanbaatar con once líderes de diferentes confesiones y, más recientemente, en Indonesia junto al iman Nasaruddin Umar visitó el ‘túnel de la Amistad’ que conecta la mezquita Istiqlal con la catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
En la propia Iglesia
Hacia el interior de la misma Iglesia Católica el papa Francisco impulsó muchas líneas que conectan directamente con iniciativas inauguradas en el Concilio Vaticano II (1962-1965), impulsadas por el papa Juan XXIII (1958-1963 ) y continuadas por Paulo VI (1963-1978), pero que tuvieron frenos y retrocesos con Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI ( 2005-2013).
De esta manera Bergoglio insistió en la idea de “una iglesia de puertas abiertas” con capacidad de acogida para todas y todos, sin ningún tipo de restricciones, en diálogo con la sociedad y enfrentando los problemas comunes. Esto implicó también reformas profundas en las estructuras eclesiásticas, con más espacios para los laicos y en particular para las mujeres, pero también desde una perspectiva eclesiológica que buscó protagonizar el “sacerdocio común de los fieles” incluso antes que el sacerdocio ministerial.
Con esa intención Francisco propició, a través de los sínodos (universal y regionales) una Iglesia más participativa que puso en crisis el modelo estrictamente jerárquico, piramidal y romano céntrico. Ello trajo aparejado también la decisión de enfrentar los problemas de abusos, la pederastia y la corrupción dentro de la estructura eclesiástica.
Bergoglio acompañó este proceso con reformas de la curia vaticana, recambio de los responsables y nuevos nombramientos para rodearse de figuras de su confianza. También hubo cambios mediante la designación de obispos más jóvenes y cercanos a la perspectiva eclesiológica de Francisco.
Nada de esto ocurrió sin resistencias y enfrentamientos. En el mundo, pero también en la Argentina donde paradójicamente los sectores católicos más conservadores, empresarios y representantes del poder que vieron en Francisco la continuidad de un cardenal Bergoglio, que en su momento y sin considerarlo como del propio palo, nunca les resultó incómodo. Rápidamente se sintieron defraudados por las iniciativas y las propuestas del Papa que acentuó los rasgos más latinoamericanistas del entonces cardenal de Buenos Aires y radicalizó su perspectiva en favor de los pobres, de los excluidos y de sus derechos.
El poder se disgustó con Francisco y no lo disimuló. También los sectores conservadores de Iglesia incluidos algunos obispos se sintieron molestos con Bergoglio, aunque estos últimos se mantuvieron dentro de los márgenes de discreción que impone la propia Iglesia.
A nivel mundial también las intrigas y las conspiraciones fueron en aumento. Integrantes del colegio cardenalicio que habían ido a buscar a un papa latinoamericano y seleccionaron a un argentino porque siendo tal era el «más parecido» a los europeos se sintieron frustrados en sus expectativas.
En más de una oportunidad los sectores más conservadores se rasgaron las vestiduras ante lo que consideraron excesivas concesiones de Bergoglio, tanto en sus mensajes como en su estilo pastoral. Francisco no se inquietó demasiado por ello. Siguió tomando decisiones con conciencia de los problemas que enfrentaba e incluso utilizó la energía y el respaldo que le llegaba desde afuera para dar batallas en el seno de la propia Iglesia.
Siempre apareció convencido de la tarea que debía enfrentar: avanzar y profundizar la reforma de la Iglesia hacia una forma de gobierno y de participación más sinodal, más horizontal y plural que renueve la vida del catolicismo.
Si bien se dieron pasos sustanciales en ese sentido, quizás sea esta la tarea inconclusa que deja Francisco y que quedará en manos quien lo suceda en el pontificado. Una designación que dependerá de una elección incierta y sin candidatos a la vista, aun teniendo en cuenta la profunda renovación que Bergoglio hizo en el colegio cardenalicio que escogerá al nuevo papa.
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