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title: "Después de 23 años de espera, la familia Narváez tendrá su casa propia en Río Gallegos"
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description: "Alcides y Mónica construyeron un hogar mucho antes de tener paredes propias. Junto a sus cuatro hijos atravesaron alquileres, humedad, frío y años de espera. El 5 de agosto, el número de la familia apareció entre los sorteados para una de las 20 viviendas del IDUV. Detrás de aquel número había una historia de 23 años de esfuerzo, esperanza y una familia que nunca dejó de caminar unida."
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date_published: "2026-08-09T22:37:00-03:00"
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# Después de 23 años de espera, la familia Narváez tendrá su casa propia en Río Gallegos

RÍO GALLEGOS.– Hay números que solamente ocupan un lugar en una lista y otros que cargan detrás buena parte de una vida. Para la familia Narváez, el que apareció en pantalla durante el sorteo de viviendas del IDUV representó **23 años de espera**.

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No fue solamente ganar la posibilidad de acceder a una casa. Fue mirar hacia atrás y recordar cada alquiler, cada invierno, la humedad, las cuentas ajustadas y todas aquellas veces en las que el sueño parecía alejarse.

Alcides y Mónica, junto a sus hijos Nicolás, Florencia, Nazarena e Ian, ya habían construido un hogar. Lo habían hecho sin ser propietarios de las paredes que los rodeaban.

Ahora, después de más de dos décadas, ese hogar finalmente podrá tener casa propia.

![IMG_8442](/download/multimedia.normal.82ed1f273febecaf.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

## Una espera que comenzó cuando Nicolás tenía cuatro años

La historia comenzó hace 23 años.

En aquel momento, Nicolás, el hijo mayor, tenía apenas cuatro años y atravesaba problemas respiratorios. La humedad de las viviendas que la familia podía alquilar representaba una preocupación permanente.

Eran las casas que podían pagar.

Fue entonces cuando Mónica inició el camino para acceder a una vivienda.

“Yo hace 23 años que estoy anotada. El más grande tenía cuatro años”, recuerda.

En aquel momento les hablaron de una espera que podía extenderse cuatro o cinco años. Mónica hizo sus propios cálculos: para cuando Nicolás tuviera ocho años, quizás finalmente tendrían su casa.

Pero los años pasaron.

Nicolás hoy tiene 27.

Y aquella vivienda que su familia comenzó a buscar cuando era apenas un niño recién ahora empieza a convertirse en realidad.

## Una familia acostumbrada a luchar junta

Los Narváez son una familia trabajadora de Río Gallegos.

Mónica trabaja en una cooperativa y Alcides se desempeña desde hace 17 años como playero en una estación de servicio. Actualmente alquilan en el barrio Jorge Newbery.

En una familia de seis integrantes, cada uno aporta de diferentes maneras y la economía cotidiana obliga a administrar cuidadosamente cada ingreso.

Durante todos esos años, la carpeta del IDUV, los trámites y la esperanza de conseguir una vivienda formaron parte de la vida familiar.

También hubo momentos en los que sintieron que todo podía terminar.

Según recuerda Nazarena, en determinado momento la carpeta familiar se extravió y quedaron afuera del proceso.

La esperanza comenzó a desvanecerse.

Pero volvieron a insistir.

“La lucharon, la lucharon y la lucharon”, recuerda la joven al hablar del esfuerzo de sus padres.

Y regresaron al proceso.

## El 5 de agosto que cambió todo

El miércoles 5 de agosto, el IDUV realizó el sorteo público de 20 viviendas en el Salón de Sorteos Antonio Salvatori de Lotería para Obras de Acción Social.

![20260805_LOAS_CLAUDIO_SEGUEL-23.JPG](/download/multimedia.normal.8b8f3e5a3ab3f473.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

La familia Narváez integraba el primer grupo, correspondiente a postulantes que habían alcanzado 50 puntos.

La noche anterior casi no se permitieron ilusionarse demasiado.

Después de tantos años, también habían aprendido que contener las expectativas era una manera de protegerse frente a una nueva decepción.

Pero Florencia estaba ansiosa.

Desde temprano comenzó a despertar a su familia.

Ian estaba en la escuela y Mónica trabajando. Alcides, Florencia y Nicolás siguieron el sorteo desde la casa.

Los números comenzaron a aparecer.

El suyo no salía.

Nicolás observaba la transmisión desde su habitación a través del teléfono celular. Por una diferencia de algunos segundos, vio el resultado antes que el resto.

Entonces llegó el grito:

**“¡Ganamos, ganamos!”**

Salió corriendo de la habitación.

Segundos después, el apellido Narváez apareció también en la pantalla que estaban mirando su padre y su hermana.

Después de 23 años, había sucedido.

## El abrazo y las lágrimas de un padre

Florencia conserva especialmente una imagen de aquel momento.

Durante prácticamente toda su vida recuerda haber visto pocas veces llorar a su padre.

Ese día fue diferente.

Cuando comprendieron que finalmente habían sido sorteados, padre e hijos terminaron abrazados y llorando.

Después llegaron los llamados, las felicitaciones y la necesidad de avisarle a Mónica que aquello que había comenzado cuando su hijo mayor tenía cuatro años finalmente se estaba concretando.

Era difícil asimilarlo.

Durante años habían hablado de la casa como algo lejano.

“Siempre nos sentábamos a comer y ese sueño de decir: ‘¿Te imaginás cuando estemos ya en la casa, con nuestras cositas?’ Un sueño lejano”, recordó Florencia.

Esta vez ya no era una conversación alrededor de la mesa.

## Un sorteo público después de años de espera

Para la familia también resultó significativo el mecanismo mediante el cual llegó la oportunidad.

Los postulantes fueron agrupados según los puntajes obtenidos y posteriormente participaron del sorteo público correspondiente.

Los Narváez tenían 50 puntos.

“Para mí esta vez fue más transparente porque justamente en un sorteo nos toca. Es algo de no creer porque nosotros siempre sentíamos que nunca nos llegaban las cosas y, justamente, entre 20 casas salimos nosotros”, expresó Florencia.

El resultado puso fin a más de dos décadas de incertidumbre.

Pero la historia de los Narváez también expone una realidad que atraviesa a numerosas familias santacruceñas: trabajadores que durante años pagan alquileres y sostienen sus hogares, pero encuentran enormes dificultades para acceder a una vivienda propia.

## Una historia que encontró eco en miles de personas

La alegría familiar rápidamente dejó de ser privada.

Florencia decidió compartir en redes sociales lo que había sucedido y la publicación comenzó a multiplicarse.

Llegaron comentarios, felicitaciones y mensajes de personas que se sintieron identificadas con la historia.

Tal vez porque detrás del apellido Narváez aparecen muchas otras familias.

Familias que trabajan, alquilan, crían a sus hijos y esperan durante años la posibilidad de tener un techo propio.

## La casa llega; el hogar ya estaba

Para Alcides, Mónica, Nicolás, Florencia, Nazarena e Ian comienza ahora otra etapa.

Habrá nuevas paredes, habitaciones para acomodar, muebles que encontrarán finalmente un lugar definitivo y proyectos que durante años estuvieron condicionados por la incertidumbre de vivir en una propiedad alquilada.

Pero hay algo que no necesitarán construir desde cero.

El hogar.

Ese existe desde hace mucho tiempo.

Se construyó durante los inviernos difíciles, en las cuentas compartidas, en los problemas que enfrentaron juntos y en cada ocasión en que uno necesitó del otro.

“Siempre vamos todos juntos. Así somos los Narváez y la gente nos conoce así”, resume Florencia.

Después de **23 años de espera**, la familia Narváez finalmente tendrá su casa propia.

Y quizás allí esté la verdadera historia detrás del número que apareció en aquella pantalla: **la vivienda recién llega, pero el hogar lleva más de dos décadas construido.**

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