El Mundo en la Cuenca: una celebración de las raíces y la historia de Río Turbio

La XXIII edición se realizará el viernes 9 y sábado 10 de octubre en el Centro Cultural Municipal «Renato Nestiero Maré», con entrada libre y gratuita. Dos jornadas de gastronomía, música y tradiciones darán continuidad a un encuentro cuyos antecedentes se remontan a 1963 y que representa la diversidad cultural de la Cuenca Carbonífera.
Río Turbio06/10/2026Patagonia NexoPatagonia Nexo

Río Turbio se prepara para volver a compartir una celebración ligada a su identidad. Los próximos 9 y 10 de octubre, el Centro Cultural Municipal «Renato Nestiero Maré» recibirá la XXIII edición de El Mundo en la Cuenca, una propuesta que reunirá sabores, bailes y expresiones culturales de distintos países.

El Mundo en la cuenca

Con entrada libre y gratuita, el encuentro invita a vecinos y visitantes a disfrutar de dos jornadas que también ofrecen una oportunidad para mirar hacia atrás: recordar a las familias que llegaron a la región, reconocer sus aportes y descubrir cómo aquellas costumbres continúan presentes en la vida cotidiana.

El nombre de la celebración expresa una característica de la Cuenca Carbonífera. En este territorio confluyeron personas con diferentes procedencias, idiomas y tradiciones. Sus historias se fueron vinculando hasta formar una comunidad en la que conviven distintas herencias culturales.

Esa diversidad encuentra en El Mundo en la Cuenca un espacio para mostrarse y transmitirse. Cada comida, cada música y cada presentación pueden acercar al público a una historia familiar y a una manera particular de conservar los vínculos con el lugar de origen.

Primera edición

Los antecedentes del encuentro se remontan a 1963, cuando se realizó en Río Turbio la Feria de las Colectividades, una experiencia que reunió a los grupos de inmigrantes que integraban la población y permitió compartir las costumbres de los países representados.

Aquella iniciativa dio visibilidad a una realidad que ya formaba parte de la comunidad. Las familias conservaban recetas, canciones y formas de celebrar que habían viajado con ellas. Al compartirlas públicamente, esas tradiciones comenzaron a ocupar un lugar común, abierto al intercambio entre vecinos.

La conformación de puestos representativos permitió acercarse a las culturas que habían tenido incidencia en el desarrollo de Río Turbio y 28 de Noviembre. La celebración ofrecía así una forma de conocerse a través de aquello que cada grupo podía aportar.

Entre las comunidades vinculadas a esos antecedentes aparecen bolivianos, rusos, italianos, turcos, franceses, croatas, alemanes, chilenos, eslovenos, españoles, paraguayos, ucranianos y sirio-libaneses, junto con argentinos y otras procedencias que contribuyeron a la diversidad regional.

Detrás de esa variedad hubo personas y familias. Hubo costumbres que se mantuvieron dentro de los hogares y otras que se compartieron con vecinos, compañeros y amigos. Con el paso del tiempo, muchos de esos saberes se incorporaron a la vida local.

Por eso, la historia de las colectividades también puede encontrarse en situaciones sencillas: una receta preparada para una reunión, una palabra heredada de los abuelos, una canción conocida desde la infancia o un relato sobre el viaje que trajo a una familia hasta la Patagonia.

En 2001, la propuesta recuperó el espíritu de aquella experiencia y comenzó una etapa de mayor desarrollo. El encuentro volvió a reunir las expresiones de las colectividades y fortaleció su lugar dentro de la actividad cultural de la región.

Ese recorrido permite distinguir el antecedente de 1963 de la numeración de las ediciones actuales. La XXIII edición anunciada para este año forma parte de una celebración que reconoce raíces anteriores y que fue retomada con nuevas propuestas y participantes.

Su continuidad tiene un valor particular para la transmisión de la memoria. Los encuentros culturales ofrecen un espacio donde quienes conocen una tradición pueden compartirla y donde las nuevas generaciones encuentran la posibilidad de aprender, preguntar y participar.

Para algunas familias, la fiesta representa una ocasión para reencontrarse con sus raíces. Para otras, permite conocer costumbres de sus propios vecinos. En ambos casos, el intercambio ayuda a comprender cómo se fue construyendo la identidad de la Cuenca.

La gastronomía tendrá un lugar destacado en esta edición. La convocatoria anuncia locro, choripán, empanadas, paella, sopa paraguaya, tacos mexicanos, feijoada, bratwurst y sushi, entre otras propuestas.

La variedad permitirá disfrutar de preparaciones conocidas y descubrir nuevos sabores. Cada plato ofrecerá una manera de acercarse a distintos ingredientes, formas de cocinar y hábitos que forman parte de la cultura de cada país.

Las recetas también conservan memoria. Muchas se aprenden acompañando a alguien en la cocina, observando cómo prepara los ingredientes o escuchando indicaciones que se repiten de generación en generación. Compartirlas permite que ese conocimiento encuentre nuevos destinatarios.

En una fiesta de colectividades, la comida puede iniciar una conversación. Preguntar por una preparación abre la posibilidad de conocer su origen, las ocasiones en que se sirve y los recuerdos que despierta en quienes la elaboran.

Ese intercambio le da profundidad al encuentro. Los sabores permiten disfrutar, pero también conocer a las personas que los comparten y acercarse a una parte de su historia.

La música y las expresiones artísticas completarán la propuesta. Se anunciaron chacarera argentina, cueca chilena, expresiones vinculadas al arpa paraguaya, flamenco español, polka alemana, mariachis mexicanos, J-Pop japonés, caporales bolivianos, samba brasileña y cumbia colombiana.

La programación reunirá manifestaciones tradicionales y contemporáneas. Esa combinación permite mostrar que las culturas conservan herencias y, al mismo tiempo, incorporan nuevas formas de expresión.

Para el público, cada presentación podrá ser una oportunidad de descubrimiento o de reconocimiento. Habrá músicas capaces de despertar recuerdos y otras que invitarán a conocer ritmos diferentes.

Para niños y jóvenes, el encuentro también puede despertar interés por una historia familiar. Ver una danza, escuchar una canción o probar una comida puede convertirse en el comienzo de una conversación con padres y abuelos sobre sus orígenes.

La transmisión cultural necesita esos momentos. Las tradiciones perduran cuando alguien las enseña, cuando existen espacios para practicarlas y cuando nuevas generaciones encuentran razones para hacerlas propias.

El Mundo en la Cuenca ofrece un ámbito para ese vínculo. La participación de la comunidad permite que la memoria circule y que los saberes conservados en las familias puedan compartirse con un público más amplio.

La celebración también invita a valorar el respeto entre vecinos de diferentes procedencias. Conocer otras costumbres ayuda a comprender experiencias distintas y a reconocer los puntos de encuentro que existen dentro de una misma comunidad.

Su historia aporta una perspectiva sobre Río Turbio y la Cuenca Carbonífera: junto con los acontecimientos que marcaron el desarrollo regional, están las experiencias de las familias, sus vínculos y las formas de convivencia que fueron construyendo.

Los próximos viernes 9 y sábado 10 de octubre, esa diversidad volverá a reunirse en el Centro Cultural Municipal «Renato Nestiero Maré». La invitación es a acercarse, disfrutar de las propuestas y participar de una celebración que une la historia local con las expresiones del presente.

Más de seis décadas después de aquella Feria de las Colectividades de 1963, El Mundo en la Cuenca vuelve a abrir un espacio para compartir las raíces de la región y acercarlas a quienes continuarán su historia.

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